Benedita Da Silva quiere triunfar en Río

La alcaldesa negra del PT

«Benedita, la alcaldesa del pueblo» es el eslogan de campaña, escogido por esta osada abuela alta y fortachona de 58 años, cuya vida es una suerte de telenovela con final feliz que ella misma se ha encargado de contar en una biografía y de la que siempre presume con orgullo.

Después de haber sido líder comunitaria, concejal, diputada, senadora y vicegobernadora de Río, cargo este último que ostenta en la actualidad, Da Silva quiere conquistar por fin el Ayuntamiento de Río después de haber fracasado en 1992 contra Cesar Maia (derecha).

Su carta de presentación de entonces no podía ser más contundente: «Mujer, negra y de la favela», con la que ganó el primer turno. Perdió, sin embargo en el segundo, presionada por las denuncias de que su hija fue contratada para la Cámara de Concejales presentando un diploma falso.

Ahora, vuelve a luchar codo con codo con Maia –ambos están empatados con un 18%– para lograr pasar al segundo turno en la primera vuelta del domingo, que el actual alcalde Luiz Paulo Conde (derecha), ya tiene asegurada, según las encuestas con un 35%.

Sabedora de que en estas elecciones se vota a las personas y no a los partidos, el «cuerpo a cuerpo» con el electorado está siendo su principal arma en esta recta final.

Visita incansablemente barrios, centros y escuelas para explicar sus propuestas, destinadas a «acabar con la exclusión social, crear empleo y mejorar la calidad de vida» de todos los cariocas sin hacer distinción entre la gente del «morro y del asfalto».

«Soy el ejemplo vivo del éxito de la política de autoestima que quiero aplicar en Río. La gente tiene que gobernar con un poco de esa experiencia y no sólo con teoría», explica cuando se le pregunta por qué quiere gobernar el destino de la «ciudad maravillosa».

Experiencia desde luego no le falta. Criada en la favela de Chapeu Mangueira, en Copacabana, su infancia fue un poco más privilegiada que la del resto: pudo ir al colegio, actividad que combinó desde los siete años con trabajitos de todo tipo. Su jornada comenzaba a las cinco de la mañana y se prolongaba hasta bien entrada la noche.

Se casó a los 17 años con un «niño de la calle», Mansinho, con el que tuvo cuatro hijos, de los que sólo dos sobrevieron, Nilcea y Leleco. Los otros dos fallecieron por falta de dinero para llegar a tiempo al hospital.

Un año decisivo en su vida fue 1982: se inscribió en la Universidad con 40 años para estudiar Servicio Social, y además se presentó a concejal, puesto que logró siendo la candidata más votada del PT.

Ahí comenzó una carrera ascendente que la llevaría, cuatro años más tarde, a ser la primera mujer negra en ocupar un escaño en la Cámara de Diputados. Allí coincidió con Marcia Kubitscheck, hija del ex presidente Juscelino Kubitscheck, a la que conocía porque su madre lavaba la ropa de la casa.

A ella se deben propuestas que hoy forman parte de la Constitución brasileña de 1988, como el permiso de maternidad de 120 días o el derecho de las presidiarias a tener a sus hijos durante el período de amamantamiento.

También ha ocupado las páginas de las revistas del corazón al casarse en terceras nupcias con el famoso actor negro Antonio Pitanga del brazo del líder histórico y actual presidente honorífico del PT, Luis Inacio Lula da Silva, amigo de la pareja.

Ahora ya no vive en la favela, pero no ha renegado de los suyos.

Cuando en 1988 una periodista le preguntó en París qué había sentido al ser recibida por el presidente François Mitterrand, le dijo: «Me sentí tan bien en aquella mansión como cuando subía el morro con una lata de agua en la cabeza».

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