"Representa el primer intento revolucionario de los excluidos en la nueva etapa de América Latina"

Chávez propone "una democracia participativa" y "poder popular"

Chávez rechaza ser un populista con petróleo como afirman sus adversarios y sueña con pasar a la historia como un revolucionario que marcó a su época en Venezuela y América Latina, emulando a los libertadores de las colonias españolas.

«Yo soy un revolucionario, no soy un populista», dijo Chávez recientemente ante la prensa extranjera, rechazando cualquier similitud con caudillos clientelistas que le precedieron en Venezuela y otros países de América Latina.

Su modelo es Fidel Castro, quien desafió durante 50 años a Estados Unidos e implantó un régimen comunista en Cuba.

Chávez sigue siendo un militar en el alma y admira también a Juan Domingo Perón, que hizo irrumpir a la clase obrera en la política argentina, y al egipcio Gamal Abdel Nasser, que recuperó el canal de Suez y enfrentó a Israel.

Chávez «representa el primer intento revolucionario de los excluidos en la nueva etapa de América Latina», afirmó a la AFP Alberto Garrido, historiador del chavismo.

No es un demócrata en el sentido tradicional del término, porque cuestiona a la «democracia formal», la representativa, y elogia la «democracia cubana», mientras propone una «democracia participativa» y el «poder popular».

Pero se sometió a tres elecciones que ganó ampliamente, cuando fue elegido por primera vez en 1998, en 2000 cuando fue relegitimado con la nueva Constitución y en 2004, cuando derrotó a la oposición en un referendo revocatorio.

Chávez concentra un poder enorme: además de jefe de Estado es comandante en jefe de la Fuerza Armada Nacional; la reserva militar y la guardia territorial dependen directamente de él; es líder indiscutido de los partidos que lo apoyan; y gobernadores, alcaldes y diputados le deben su elección.

Sus partidarios controlan íntegramente la Asamblea Nacional después del boicot opositor a las legislativas de hace un año y dominan el Tribunal Supremo de Justicia.

Con su carisma y poder de comunicación cautivó al público desde la primera vez que apareció en televisión, la noche del 4 de febrero de 1992, cuando prisionero tras su fracasado golpe militar asumió la responsabilidad de lo ocurrido y se reservó el futuro con un premonitorio «por ahora».

En su maratónico programa dominical «Aló presidente», de un promedio de 7 horas de duración, comunica la estrategia de su «revolución», anuncia los planes, promociona las realizaciones del gobierno y hasta reprende a funcionarios y destituye a ministros.

Dedicado en tiempo completo a su tarea, Chávez demostró en sus 8 años en el poder ser un osado estratega.

En la lucha por el control de la estatal petrolera enfrenta y derrota un paro de dos meses (diciembre 2002-febrero 2003) que paraliza la producción de crudo y desbarata la economía.

Con la ayuda de Fidel Castro monta las misiones sociales en 2003, que le permiten derrotar en 2004 el referendo revocatorio convocado por la oposición.

Sostiene que «la revolución conquistó a PDVSA (la estatal petrolera) y a la Fuerza Armada Nacional» y advierte a quienes no les gusta lo que está haciendo el gobierno que se vayan, incluso «que se vayan a Miami».

A la oposición la califica de «contrarrevolucionaria» y a su contrincante, el socialdemócrata Manuel Rosales, de «candidato del imperialismo».

Pero Chávez también es pragmático.

Su peor enemigo, Estados Unidos, puede ser su principal socio comercial; las grandes petroleras extranjeras pueden compartir con PDVSA los jugosos negocios que ofrecen las mayores reservas energéticas del continente.*

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