Roberto Lavagna en carrera
Aunque Lavagna todavía no dijo si será pretendiente, el haber difundido su propuesta se parece mucho al lanzamiento de su candidatura; el documento comienza diciendo que «el objetivo central de gobierno para el período 2007-2011 habrá de ser…». ¿Hay diferencias entre lo que hizo como ministro de Eduardo Duhalde y de Kirchner? A primera vista, muy poco. Su prioridad sería saldar «la deuda social», que proyecta combatir con «más seguridad, más empleo, calidad institucional, educación, ciencia y una mejor distribución de los ingresos». Al igual que Kirchner, propone un tipo de cambio alto, dice que se deben incentivar las inversiones nacionales y extranjeras, quiere una política impositiva con menos IVA, mayor generosidad para pagar créditos, sobre todo, en los créditos hipotecarios. Crítico de las medidas actuales de cierto control de precios, o influir desde el Estado para frenar su alza, Lavagna propone una política de precios libres, quiere atender los reclamos de los inversores en los servicios públicos al reclamar actualizar algunas tarifas. Entiende que las clases bajas, que usan garrafas, subsidian el consumo de las clases más altas. Cada afirmación tiene un contraste obvio. Al gobierno de Kirchner, Lavagna le adjudica, en este último año, una gestión «con soluciones coyunturales, individuales, contradictorias y no sostenibles». Y aunque no lo dice en el texto, es crítico de la política exterior, especialmente con Venezuela. El ex ministro, si pudiera, sacaría a Hugo Chávez del Mercosur. Tampoco comparte con Kirchner su política con Uruguay, alrededor de las pasteras de Fray Bentos. Lavagna ya había presentado su propuesta para las áreas de educación, acción social y empleo en un acto que realizó hace un tiempo en la Sociedad Rural. Ahora habló de economía e hizo decir que «todo lo que aparece en la solicitada es innegociable. Si el programa quedó escrito con detalles es para que no se preste a ninguna confusión y para consolidar la propuesta. Que quede claro que no es un punto de partida para negociar. No se puede ni atenuar». En cierto modo, el ex ministro quiere marcar entre qué parámetros puede moverse su propuesta de «centro-progresista». Por ahora no dice si veta nombres, como quisieran algunos de los suyos que, por caso, han visto con estupor la formación de «Peronismo de pie», que es un rejunte de ex duhaldistas y menemistas y que son entusiastas de ponerse detrás de Lavagna. El ex ministro quiere exhibirse como adversario de noventistas, es decir del menemismo, o de los setentistas, la generación de la lucha por el poder en los 70 y que ahora algunos de sus sobrevivientes revistan con Kirchner, que se mira también como «setentista».
Es una mirada bucólica. Lavagna ahora negocia por interpósitas personas con el centro-derechista de Mauricio Macri que es la remarke del menemismo, aunque lavándole la cara. El socio de Macri en PRO, el economista Ricardo López Murphy, cree que Lavagna es otra versión de Kirchner y por ahora se niega a acordar con él.
Y Lavagna, aunque lo respeta personalmente, lo quiere lejos de su proyecto. Tampoco quiere estar al lado de Juan Carlos Blumberg y su programa de derecha en materia de seguridad, que está casi al lado de Macri. Difícil. *
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