Los excluidos de la globalización
La globalización es un tema dominante en el discurso económico internacional. La mayoría de la gente podría ahora estar de acuerdo por lo menos en un aspecto de este fenómeno: la globalización no es tan global como podría parecer, ya que algunos países están más globalizados que otros. Dicho de otro modo, mientras la globalización ofrece enormes oportunidades para el crecimiento y el desarrollo, muchos países no están en una posición que les permita aprovecharlas.
La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad) está prediciendo para este año una tasa de crecimiento de alrededor del 6% para los países en desarrollo en general, lo que resulta bastante favorable. Gran parte de este crecimiento, por supuesto, continúa siendo conducido por Asia, pero también se espera que Africa se beneficie. Sin embargo, la perspectiva para los 50 países más pobres del mundo es más bien variada.
Aunque los Países Menos Desarrollados (PMD) como grupo están comportándose relativamente bien, su rendimiento económico varía grandemente de país a país; muchos de ellos están sufriendo estancamiento o disminución en el PBI real per cápita.
La parte de los PMD en las exportaciones mundiales era en 2004 sólo un 0,64%, frente a un 33,5% de los países en desarrollo en su conjunto.
Esta dramática disparidad tiene una causa fundamental: los países que no están obteniendo beneficios de la globalización simplemente carecen de la capacidad para hacerlo. Por capacidad entendemos la aptitud para producir bienes y servicios, los conocimientos necesarios para crear una base industrial amplia y la infraestructura que permite a los países comerciar y comunicarse.
Algunos ejemplos. En años recientes, la longitud de las carreteras por kilómetro cuadrado y per cápita en esos países fue de aproximadamente la mitad que en otras naciones en desarrollo. El número de líneas de teléfonos fijos y de teléfonos móviles cada 1.000 personas fue justo el 3% del de las naciones industrializadas. En los PMD hacen falta cinco trabajadores para producir lo que produce un trabajador en otros países en desarrollo y 94 para producir lo mismo que un trabajador en el mundo desarrollado.
El Ãndice de Comercio y Desarrollo de la Unctad ha demostrado que incluso en aquellos países en desarrollo que han abierto más sus mercados y recibido un significativo acceso al mercado de los países desarrollados no se ha registrado un impacto positivo en términos económicos. Y de hecho algunos han sostenido que la liberalización del comercio en algunos casos ha provocado la desaparición de las industrias nacionales e incluso mayor pobreza.
Un ejemplo clásico del impacto de los obstáculos al comercio que pueden ser eliminados es que en algunos países en desarrollo los costos implicados en el papeleo burocrático y el transporte significan entre un 3,5 y un 7% del valor de los bienes comerciados. A través de la automatización de los procedimientos aduaneros, de sistemas avanzados de localización para las cargas y de mejores enlaces dentro de la red de transportes esos costos pueden ser reducidos considerablemente a fin de ofrecer servicios a precios competitivos.
Obviamente, el desarrollo de la capacidad es en el fondo una responsabilidad de los gobiernos nacionales. La expansión de la capacidad productiva, así como su mejor utilización, debería estar en el centro de todas las políticas nacionales de desarrollo. Pero las buenas políticas domésticas por sí solas no son suficientes, es también necesario que la comunidad internacional se involucre de un modo coherente y coordinado.
En síntesis, la ayuda para el comercio juega un papel crítico en la construcción de capacidad para reducir la pobreza, crear empleos y generar un crecimiento sustentable. Ello requiere un amplio incremento en las inversiones productivas en tres áreas. En primer lugar, son necesarias inversiones para mejorar los recursos básicos de producción, desde los recursos naturales y humanos hasta el capital financiero y físico, incluyendo las infraestructuras. En segundo lugar, las inversiones deben ser dirigidas a fortalecer las capacidades empresariales y tecnológicas. Y en tercer lugar, deben establecerse fuertes enlaces en la producción.
El desarrollo de la capacidad productiva también requerirá que una mayor parte de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) sea asignada al sector productivo. Las inversiones en el sector social son por cierto importantes, pero no suficientes hasta ahora. La AOD en el sector productivo ha caído durante el último decenio de un 48% a un 24%. Es asimismo crucial que lo que la ODA asigne a este sector sea complementado por inversiones directas domésticas y externas. Sólo la inversión en el sector productivo creará empleo, incrementará los ingresos familiares y reducirá la pobreza durante un largo período. *
(*) Supachai Panitchpakdi, Secretario General de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad) y ex Director General de la Organización Mundial del Comercio.(Copyright IPS)
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