Una carrera de dos años por el sillón de la Casa Blanca
Hillary Clinton, reelegida este mes como senadora demócrata por Nueva York, es dos veces más popular que sus rivales para las elecciones de 2008, según una encuesta difundida.
Ante la pregunta de a quién es más probable que apoyen para la designación del candidato demócrata para los comicios previstos para dentro de dos años, el 33% de los encuestados contestó que prefiere a la esposa del ex presidente Clinton.
El sondeo, realizado entre el 17 y el 19 de noviembre por la empresa Opinion Research Corp., se verificó tras preguntar a 530 personas con derecho a voto que se declararon demócratas o independientes, pero que simpatizaban con esta agrupación política.
A Hillary le sigue el senador por Illinois, Barack Obama, con el 15%; el ex senador por Carolina del Norte John Edwards, con el 14%, y el ex vicepresidente Al Gore, con el 14%. John Kerry, el candidato demócrata en las elecciones del 2004, obtuvo el 7%.
Por debajo de Kerry se encuentran otros como el general retirado Wesley Clark; Joe Biden de Delaware; Bill Richardson de Nuevo México; Evan Bayh de Indiana, y Tom Vilsack, gobernador de Iowa, quien ha sido el primer demócrata en confirmar sus intenciones con un comité exploratorio.
El ex alcalde y el veterano de Vietnam
En el partido republicano, una encuesta de la CNN colocó al frente a «Rudy» Giuliani, alcalde de Nueva York cuando ocurrieron los ataques terroristas del 11 de setiembre de 2001, con un 29 por ciento, seguido de cerca por McCain, senador por Arizona y veterano de Vietnam, con un 27 por ciento.
La esperanzas de Giuliani recibieron un nuevo impulso cuando un sondeo de la WNMBC/Marist, divulgado el pasado 4 de octubre, lo colocó frente a Clinton en un duelo cabeza a cabeza con 49% contra un 42% para las presidenciales.
«Parece que los demócratas la apoyan a Clinton como su principal candidato presidencial, y parece que los republicanos sólo esperan que ella sea la candidata para votar en su contra», dijo Giuliani en agosto, entrevistado por el New York Daily News.
Pero antes de pensar en Clinton, Giuliani debería mirar a sus espaldas, ya que para llegar a noviembre de 2008 tendrá que doblegar primero a McCain, un político duro y sin pelos en la lengua. Es un experto en temas militares y tiene gran ascendencia entre las Fuerzas Armadas de su país.
El ex piloto militar McCain sabe lo que es estar frente a los medios desde 1973, cuando fue liberado después de pasar más de cinco años como prisionero de guerra en Vietnam. Y ya compitió por la nominación republicana en el año 2000, cuando lo venció George W. Bush.
Si resultara elegido, este hombre de 70 años, que debido a heridas de guerra y al confinamiento no puede elevar sus manos por sobre sus hombros, se convertiría en el presidente de más edad de la historia. El ya fallecido Ronald Reagan ostentaba ese título, ya que tomó el poder con 69 años en 1981.
Mitt Romney, gobernador de Massachusetts, fue el primero en largar con su comité exploratorio, pero tiene un problema: es mormón. Y su religión puede suponerle un obstáculo, sobre todo de cara a la gran comunidad de cristianos evangélicos que han servido de soporte al actual presidente Bush. Otros posibles candidatos son el líder de la mayoría republicana en el Senado, Bill Frist; el gobernador de Arkansas, Michel Huckabee, y el ex presidente de la Cámara de Representantes, New Gingrich. La secretaria de Estado Condoleezza, quien incluso ocupó el segundo puesto detrás de Giuliani y delante de McCain en una encuesta de WNMBC/Marist divulgada en setiembre, tiene posibilidades. Rice parece gozar con las especulaciones cuando da entrevistas, pero hasta ahora no ha dado señales sobre un interés para las internas.
Para el analista Frank Luntz, «en tiempos de una crisis auténtica como la del Partido Republicano, el liderazgo importa mucho más que cualquier asunto político específico», según dijo al diario The New York Times.
Inteligencia y corazón
«No tengo ni idea si ella se quiere postular como candidata a las elecciones de 2008, pero si decide hacerlo y gana los comicios sería una magnífica y maravillosa presidenta», dijo hace meses el ex presidente Clinton en Ciudad de México al término de una conferencia, al hablar de su esposa y los sondeos.
«No es porque sea su esposo, pero nunca he conocido a una persona con tanta capacidad de mente y corazón, y habilidad política para movilizar a la gente, administrar y tomar las mejores decisiones», enfatizó
Hillary tiene «una extraordinaria combinación de inteligencia y corazón, y goza de un alto perfil tanto entre los demócratas como entre los republicanos», sostuvo su esposo.
La ex primera dama descansaba cómoda y con una amplia ventaja de 28 puntos hasta que apareció Obama, hijo de padre keniano y madre blanca de Kansas, que anunció a fines de octubre que estaba pensando en zambullirse a la lucha presidencial.
Indeciso o no, lo cierto es que Obama, 45 años, se pasó las últimas semanas en viajes por todo el país, a cuyos rincones acudió en apoyo de candidatos demócratas al Congreso y de paso divulgó su segundo libro: «La Audacia de la Esperanza».
De todas formas tanto Clinton como Obama tienen que derrotar primero a la historia: ningún senador demócrata ha sido elegido presidente desde 1960. Sólo lo logró John F. Kennedy.
La ex primera dama cuenta ya con 32 personas a tiempo completo, además de 13 asesores y decenas de millones de dólares. Diez millones podrían ser dedicados a la carrera a la Casa Blanca, reveló la revista Time.
Según algunos analistas la dupla Hillary Clinton Bill Richardson resultaría la llave ganadora demócrata. Ella ha sabido transitar desde la izquierda hacia la derecha de su partido, insertándose y tomando temas que preocupan a unos y otros, en el justo centro. Tras de ella estaría, por lo demás, la inmensa red de contactos, fondos, carisma, el acento sureño, la moderación y el talento electoral del más exitoso político demócrata desde los tiempos de Roosevelt: Bill Clinton.
Richardon, un ex secretario de la administración demócrata y electo gobernador de Nuevo México, hispano por antonomasia a pesar de su nombre anglosajón, podría aportar un voto latino razonablemente cohesionado. Richardson podría hacer volver al viejo redil a los hispanos que en la pasada elección presidencial votaron al presidente Bush, pero que en las recientes legislativas le dieron la espalda. La pérdida de ese capital electoral llevó a Bush a designar como nuevo vocero de los republicanos al senador cubano-americano Mel Martínez.
«Si Hillary pierde no sería por ser mujer, sino porque el electorado no le quiere perdonar su pasado tan liberal, en un país que opta por el centro», opinó el experto Robert McCauley.
Dos largos años
Los demócratas, que tras prometer un cambio pusieron fin a doce años de hegemonía republicana, tienen ahora dos años por delante para demostrar su capacidad para gobernar.
Los expertos políticos y también los propios dirigentes saben que la elaboración de un programa de campaña que permita conquistar la Casa Blanca en 2008 tiene todas las posibilidades de dominar la dinámica del Congreso de mayoría demócrata.
El resultado: Bush y los demócratas «no tendrán ningún interés en cooperar en relación con los temas que pueden influir» en la elección presidencial, indicó Paul Light, profesor de la Universidad de Nueva York.
Con todos los ojos ahora puestos en la próxima campaña presidencial, la habilidad de los demócratas para crear una alternativa creíble frente a la presidencia de Bush será crucial para convencer
a los votantes de permitirles volver a la Casa Blanca.
Por el momento, los demócratas, quienes asumen en enero sus nuevas responsabilidades en el Congreso, tienen dos meses para prepararse y para operar desde una posición de fuerza.
Sin embargo, el problema es que los demócratas sólo hicieron campaña a través del país sobre la necesidad de hacer cambios.
«Ellos no tenían un plan detallado y ahora están teniendo que armar uno, y poseen una pequeña mayoría, por lo que no parece que ellos puedan ser muy audaces en lo que propongan», dijo el profesor Darrell West, de la Brown University.
Las prioridades
Por el momento, los nuevos líderes demócratas confirmaron solamente un puñado de prioridades que ellos planean impulsar: un incremento del salario mínimo, una nueva política energética menos favorable a las compañías petroleras y esfuerzos para combatir el efecto invernadero.
Bush ya ha indicado que está abierto a elevar el salario mínimo siempre que se adopten algunas medidas para proteger a las pequeñas empresas de los efectos del aumento.
Sin embargo, sus más ambiciosas propuestas corren el riesgo de enfrentar el veto presidencial o de caer víctimas de divisiones internas entre los propios demócratas, quienes mantienen posiciones políticas dispares sobre varios asuntos.
Además, su mayoría en el Senado será particularmente precaria: 51 demócratas versus 49 republicanos. Confían en la cooperación de legisladores con un pronunciado carácter independiente, como el ex demócrata Joseph Lieberman, reelegido con fuerte apoyo de electores republicanos, y de un ex funcionario del gobierno de Ronald Reagan, como Jim Webb.
Ejecutivo versus legislativo
Hasta ahora, Bush recurrió sólo una sola vez al veto, para oponerse al aumento del financiamiento federal a la investigación sobre células madre.
En cambio, su predecesor Clinton, en situación de convivencia política con un Congreso republicano durante seis de los ocho años de su presidencia, vetó 38 leyes. Y sin embargo, «fue más eficaz» durante los años que debió relacionarse con un Congreso republicano, estiman los analistas estadounidenses.
El propio Clinton se ha referido a la «tensión creativa» que marcó sus relaciones con el Congreso republicano, recordando que la gran ley de 1996, que reformó la seguridad social, fue promulgada después de dos vetos presidenciales.
La guerra en Irak seguirá estando en manos de Bush, pese al control que tendrá por parte del Congreso mayoritariamente demócrata.
«Como otros presidentes de convivencia lo hicieron antes de él, Bush estará siempre a la cabeza del país, pero deberá mostrarse más flexible y más abierto que ahora a los compromisos», subraya Jon Bond, un especialista de la Universidad A&M de Texas.
Además, todo el sistema político estadounidense, descentralizado y sin regla de disciplina en el voto, obligaría a los demócratas a la moderación. Sobre todo si su mayoría es estrecha, «el estado mayor demócrata (…) tendrá que hacer compromisos si quiere que la totalidad de los miembros del grupo sostenga su programa», subraya Bond.
Para el cientista político Larry Sabato, de la Universidad de Virginia, la mayoría de los demócratas debería ajustar «el foco, concéntrense sólo en unas pocas cosas y reconozcan que no serán capaces de conseguir hacer mucho hasta que no tengan un presidente demócrata». *
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