Opinión Internacional

La intromisión de la OTAN y la UE en Yugoslavia

a reunión de ministros de Relaciones Exteriores de la Unión Europea efectuada el martes 19 en Bruselas fue un punto alto en la campaña injerencista en Yugoslavia, amplificada en vastísima escala por los medios internacionales. Nunca la intromisión colectiva extranjera en las elecciones de un país soberano alcanzó los extremos de descaro de la que hoy culmina, aunque quizá no esté escrito el último capítulo.

Impúdico soborno

El comando de la UE posó para todos los canales desde la capital belga. El gran bombardeador de la OTAN, entonces su secretario general y ahora conductor de la política exterior comunitaria, ocupó el podio. Desde allí se les dijo a los yugoslavos que si triunfaba la oposición habría muchos dólares (más que alicaídos euros) para la reconstrucción del territorio que ellos mismos hicieron polvo, y que en tal caso también se levantarían las sanciones vigentes desde 1992, las restricciones en la importación de alimentos y petróleo «que afectan diariamente la vida de la población y paralizan el desarrollo del país», como refieren los cables. De paso se ponía en evidencia un hecho soterrado durante estos 8 años, a saber, las sanciones impuestass por EEUU y la Comunidad Europea contra Yugoslavia. En cambio, si gana Milosevic seguirán estrechando el cerco, lo mismo que hacen los yanquis contra Cuba y contra Irak. Es una política mundial, mantenida a lo largo de décadas.

Al otro día de la operación soborno, el comandante supremo de la OTAN, general George Robertson –sucesor del que ordenó el martilleo de los bombardeos durante 78 días– anunció también urbi et orbi que sus tropas, verdaderas tropas de ocupación en el corazón de Europa, estaban prontas para intervenir militarmente en Serbia así como en Montenegro –integrantes ambas de la actual República Federativa de Yugoslavia– si se daban tales o cuales circunstancias que ellos mismos se arrogaban el derecho de evaluar. En estas condiciones se efectúa hoy el primer turno electoral, en el que para alcanzar la presidencia se requiere más del 50% de los votos.

Bombardeadores en acción

Es la continuación de la política de los bombardeos por otros medios. Durante 11 semanas masacraron a la población civil, provocaron miles de muertes, redujeron poblaciones a escombros, destruyeros escuelas, viviendas, puentes, hospitales, fábricas, así como la embajada china, extendiendo la órbita de la provocación internacional.

Un año después alegaron que había sido un error, imputable a un par de agentes de la CIA. Después ocuparon militarmente Kosovo –que es parte inalienable de Serbia– y dieron luz verde a las bandas criminales de la UCK para que asumieran la represión en la provincia.

Cerraron por voluntad propia un importante centro minero, arrojando cientos de obreros a la desocupación. Su soldadesca violó una niña kosovar y paseó su prepotente impunidad por doquier. Los aparatos de inteligencia de la OTAN fueron atrapados con las manos en la masa en operativos terroristas. Agentes ingleses, canadienses y norteamericanos operaban cargados de explosivos en la frontera con Montenegro. Uno de ellos confesó que su misión era asesinar a Milosevic.

Simultáneamente Madeleine Albright complotaba con el presidente montenegrino contra el presidente de la R.F. de Yugoslavia, en forma notoria y pública. Es notable el desparpajo con que se actúa, como en territorio conquistado después de su arrasamiento.

Sucesores de los colonialistas

Cuando el canciller Hubert Védrine, en ejercicio de la presidencia de la UE, oficiaba de portavoz de la reunión de Bruselas, destinada exclusivamente a coaccionar a Yugoslavia, parecía la imagen rediviva de los encallecidos colonialistas franceses, que desde el siglo pasado sometieron a sangre y fuego la península indochina y el norte de Africa como parte de su botín en el reparto del mundo.

Parecía resucitado Guy Mollet, que llevó adelante la guerra de Argelia contra el frente nacional liberador. Ahora pretenden implantar el colonialismo en el centro de Europa. Proclaman que se debe sacar de en medio a Milosevic por cualquier método –incluso el asesinato– por estar formado «en la vieja escuela del comunismo» y permanecer como «el último líder comunista en el poder en Europa».

Democracia a la P-2

Los intervencionistas, como siempre, invocan la democracia. Pero los imperialistas norteamericanos que han dejado su huella sangrienta en toda la América Latina y caribeña, y parieron a los Pinochet y consortes– poco pueden alardear en este plano. Lo mismo sucede con la Unión Europea. Entre otras cosas, porque su política de elefante en el bazar le ha hecho un enorme favor al nazi consumado Jörg Haider, que marcha con paso de ganso hacia el sillón de primer ministro de Austria, el año entrante.

Acaba de verificarse otro episodio, que nos toca de cerca, revelador de la conducta de la UE en punto a democracia. Italia brindó su territorio como base principal para los bombardeos a Yugoslavia. Ahora un tribunal de Roma, en una decisión escandalosa, liberó a un multiasesino militar argentino, al ex mayor Jorge Olivera, impidió su extradición y le aseguró la impunidad en su país. La decisión se basó en seudodocumentos burdamente fraguados, como se demostró en Buenos Aires con pelos y señales mediante exhibición de los mismos. Este hecho, que ha despertado indignación en Argentina y el mundo, tiene una única explicación: allí está la mano de la logia P-2. El abogado de Olivera era el de Licio Gelli. A la logia pertenecía el general Suárez Mason, integrante conspicuo de la banda criminal de Videla y Emilio Massera.

Esta es la catadura de quienes pretenden llevar la democracia a Yugoslavia en la punta de las bayonetas.

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