El talón de Aquiles de Milton
Milton Friedman fue para Marx lo que Marx fue para Adam Smith. Falta ahora que el próximo pensador del socialismo internacional regenere las ideas socialistas. Es la vieja teoría del péndulo.
Pero esto sería atacar al «enemigo» por el flanco equivocado. Lo que es más, el socialismo no precisa ni preocuparse del poderoso conglomerado de empresarios y tecnócratas que conforman el ejército Friedman moderno. Porque, como cualquier otro semi-dios, tiene un talón de Aquiles.
Hasta hoy, las huestes de izquierda se encontraron bajo una situación de «negación» con respecto al trabajo de uno de los más destacados pensadores de la economía de mercado, de la segunda mitad del siglo XX.
Las razones son muy claras. Milton Friedman es considerado el ideólogo económico de los golpistas pinochetistas de las décadas del 70 y del 80. También proporcionó la plataforma teórica que apuntaló el ataque que la primera ministra británica Margaret Thatcher, lanzó en contra del socialismo sindicalista de su propio país, primero, y después, del mundo.
Nadie debe dudar que entre 1980 y el 2000 el viejo socialismo estuvo en franco retroceso y hasta desapareció en algunos países. La Unión Soviética no existe más y la China comunista es una nación capitalista a ultranza. ¿Qué perspectiva tienen entonces los trabajadores y los sindicalistas del futuro? Con el nombre de Friedman revoloteándole entre los labios, la Dama de Hierro inglesa destruyó los hasta ese entonces inexpugnables bastiones sindicales británicos, que habían dominado la vida laboral del país, casi desde la publicación del Manifiesto Comunista de Carlos Marx en 1848. El primer movimiento trabajador británico unido se había fundado en 1866. El poder sindical inglés alcanzó su apogeo durante la década del 70, cuando el país no sólo era gobernado desde el número 10 de la calle Downing (oficina de los primeros ministros) sino también desde las oficinas regionales de la Trade Union Congress inglesa, una de las organizaciones sindicales de mayor poder en el mundo capitalista. En esos tiempos se vivía el fragor de la Guerra Fría internacional en toda su potencia. Era también el tiempo de la lucha de clases. Pero como filósofo y pensador social Milton Friedman no podría ni atarle los zapatos a Carlitos Marx. ¿Cuál es el problema, entonces?
Es que Milton Friedman nunca fue un pensador social. Fue un técnico económico. El americano fue una especie de mecánico sagaz que sabía cómo hacer funcionar el motor a explosión de un coche cualquiera. Si el automóvil pisaba a alguien al salir del garaje, no era de su incumbencia.
Milton Friedman supo utilizar las herramientas bastante sencillas del motor capitalista para hacerlo funcionar en forma más eficiente. La experiencia es importante porque hoy la economía de mercado reina sin oposición en la faz de la tierra como doctrina económica en un 90% de su superficie. Hasta Vietnam es capitalista. No estudiar esta realidad es negar lo innegable. No vamos a hablar aquí de la influencia de los «Chicago Boys» porque es archiconocida y porque no es necesario. Es mezclar zapallos con manzanas, como decían en la escuela. Por un lado están los zapallos, por el otro las manzanas. Sin ningún doble sentido, por supuesto.
El nuevo siglo XXI será testigo de una regeneración de las fuerzas socialistas, pero con una doctrina cambiada. Representará el reconocimiento de que hay herramientas monetarias incontestables e independientes del pensamiento social prevalente. Marx fue un pensador social. Donde fracasó su doctrina no fue en el análisis dialéctico de la historia, sino en su aplicación para una sociedad nueva. Como quien dice, Marx no fue un economista. Ni Friedman un socialista.
Lo que vaticina el siglo XXI es la separación de las dos disciplinas. Por un lado las necesidades económicas y por el otro la necesidad de justicia social en las naciones. Este es un concepto relativamente olvidado desde hace décadas, o es totalmente nuevo. Tal vez sea aquí mismo, donde usted lo leyó por primera vez.
Alguien tiene que pagar el pato cuando algo se rompe. El tema siempre fue ¿quién? El error del monetarismo friedmaniano fue pretender que una «enfermedad» cualquiera en una economía sólo podía curarse a través de un tratamiento de shock, a administrarse cuando del país sólo quedaban los escombros. La guerra económica se transforma en un «todo o nada» que precisa de gobiernos autoritarios o sanguinarios para aplicarse, según el caso inglés y chileno, respectivamente.
Tal vez no sea tan así. Aquellas medidas se aplicaron durante el apogeo de la Guerra Fría, como decíamos. Había otra agenda involucrada. El mundo hoy es distinto. Tal vez sea posible que los sindicatos se enteren de las necesidades de las naciones para revitalizarse monetaria y económicamente. Tal vez sea posible que los empresarios se hagan más socialistas y entiendan que los tiempos del autoritarismo político están en el pasado. ¿Y la lucha de clases? Deja de existir desde el momento que se garantice la movilidad social no sólo horizontalmente, sino también verticalmente.
La próxima guerra económica tendrá que librarse bajo otros parámetros: los derechos humanos, el calentamiento global acelerado, el medio ambiente. Tal vez sea esa la nueva doctrina socialista del siglo XXI. Milton Friedman, muerto el 16 de noviembre de 2006, quedará como una figura histórica extremista de un pasado lejano al cual nadie querrá volver. Ahí esta el talón de Aquiles de Milton Friedman. *
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