Cuatro bofetadas a la Casa Blanca

Dicen los portavoces de Al Qaeda que no cesarán en sus designios criminales hasta que destruyan la Casa Blanca. Este plan aparentemente fue frustrado el 11 de setiembre de 2001 cuando el cuarto avión del múltiple atentado terminó estrellándose en un prado de Pensilvania, en lugar de hacer añicos la residencia presidencial.

De momento, a los agentes de Bin Laden se les ha adelantado una sarta de cuatro bofetadas sonoras propinadas a Bush tras la elección. Apenas se ha recuperado destituyendo a Rumsfeld y prometiendo (¿solicitando?) cooperación con Nancy Pelosi, una dama de armas tomar, al mando del Congreso.

La primera torta, naturalmente, fue el resultado de la elección, apenas suavizado por la mínima mayoría que los demócratas recibieron en el Senado. El doblete la convierte en espectacular y novedosa, ya que es la primera vez en décadas que los demócratas controlan ambas cámaras.

El segundo revés, simbólico pero importante por lo repetitivo de la tozudez de todas las administraciones norteamericanas, es el voto prácticamente unánime (con la excepción de Israel y unas islitas de la Micronesia) de la Asamblea General de las Naciones Unidas en contra del embargo de los Estados Unidos contra Cuba. Curiosamente también, se evidencia una vez más que el fin del régimen castrista puede deberse a causas biológicas, sobreviviendo casi cinco décadas de errática política de acoso y derribo, que le ha dado a Castro una perfecta excusa para justificar las limitaciones del sistema impuesto en 1960.

En el contexto (es inminente la retirada del controvertido embajador John Bolton) de este voto, ya nadie se acordaba del notable apoyo que Washington había recibido apenas semanas antes al frenar la ambición de Chávez de conseguir un puesto en el Consejo de Seguridad. Significativamente el premio se lo llevó finalmente Panamá, liderado por el hijo de Omar Torrijos, antaño objeto de la fobia de Washington.

Ronald Reagan desde la tumba recordará su campaña en los 70 («no hay un Canal de Panamá, sino un canal norteamericano en Panamá») para resistirse a los planes de devolución del canal a sus dueños legítimos. Se dudaba entonces de la capacidad de los panameños para administrar el invento de Teddy Roosevelt («Yo tomé Panamá», es el título de una pieza teatral). Ahora el canal deberá ampliarse y ya llueven ofertas de financiamiento.

La tercera bofetada a Bush se produjo en Nicaragua, el país más pobre de América Latina después de Haití. Sin recursos naturales ni masas amenazadoras de trasladarse al otro de la frontera (como es el arma perenne de México en tener en jaque a los Estados Unidos), Nicaragua consiguió acaparar la atención de Washington en el periodo anterior a la elección presidencial del 5 de noviembre que devolvió al poder a Daniel Ortega y sus reciclados y aparentemente escarmentados sandinistas.

Sorprende por la intensidad, aunque no por los principios de su estrategia, la energía con que la Casa Blanca atosigó el ambiente nicaragüense para impedir el triunfo de Ortega. Numerosos congresistas norteamericanos amenazaron con aprobar legislación para bloquear la salida de remesas familiares de trabajadores nicaragüenses en los Estados Unidos, con destino a sus familias en un país en el que una mayoría sobrevive con un par de dólares al día. El secretario de Comercio Carlos Gutiérrez, el embajador de los Estados Unidos Paul Trivelli, y el coronel Oliver North (artífice del escándalo «Irán-Contra») hicieron campaña explícita contra Ortega y a favor de sus opositores. Es un caso excepcional en tiempos recientes, que sería inconcebible en Brasil, Argentina, México, y por supuesto en cualquier país europeo.

Hablando de Europa, la cuarta bofetada la recibió Bush al tener que prescindir de Rumsfeld, el inventor de la «Nueva Europa». Nada nuevo, se trataba de una moderna versión de la estrategia romana del «divide y vencerás», con la que esperaba doblegar la resistencia europea a la aventura en Irak.

Aunque no se ha dicho explícitamente, la cachetada adicional de la Unión Europea ha sido también en la misma semana fatal, la advertencia contundente a Turquía para que decida si reforma su sistema legal claramente y abre sus puertos a los buques chipriotas, y reconoce de una vez por todas la existencia del mismo Chipre.

La táctica de Bush y Rumsfeld de insistir en el ingreso de Turquía en la UE, de cualquier manera y sin condiciones, bajo la conveniencia de insertarla en la estrategia de seguridad en la zona y recompensarla por los servicios prestados a la OTAN, se ha venido abajo estrepitosamente, precisamente por la lamentable performance norteamericana en Irak, precisamente la razón más importante de la bofetada a Bush en las elecciones. *

(*) Joaquín Roy es Catedrático ‘Jean Monnet’ y Director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami Exclusivo de IPS.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje