Una voz de ultratumba
Un equipo de investigadores dirigido por el juez Eric Halphen desembarcó en la sede de la sociedad Sunset Presse, que grabó en video el testimonio de Méry, donde éste sostiene que trabajó «solamente a las órdenes de Jacques Chirac» en sus funciones de recolector de dinero exigido a las empresas que buscaban contratos públicos.
Esas sumas millonarias iban a parar a los cofres del RPR (Reunión por la República), el partido del actual presidente, pero también a los partidos comunista y socialista, afirma Méry.
El influyente diario parisiense Le Monde publicó el texto del video con la confesión de Méry en dos partes el jueves y ayer viernes, desatando una tempestad política de proyecciones incalculables en este momento.
Jean-Claude Méry, que fue miembro del Comité central del RPR entre 1986 y 1989, describe –entre otras– una escena que tuvo lugar, el 5 de octubre de 1986 en la oficina de Michel Roussin en el palacio Matignon, sede del Primer Ministro de Francia. Roussin era jefe del gabinete del entonces primer ministro, Jacques Chirac, quien estaba presente en la oficina de Roussin cuando Méry entregó a éste una suma de cinco millones de francos en billetes provenientes de sus manejos con empresas que pagaban para tener contratos públicos de la Alcaldía de París, relata Méry.
Todos los citados en estas confesiones desmienten con energía, entre ellos, en primer lugar el propio Chirac personalmente el jueves en la televisión: «Estoy indignado por este procedimiento, indignado por la mentira, indignado por el exceso, debe haber límites para la calumnia».
El presidente sostuvo que estos elementos deben ser entregados a la justicia para que la verdad barra a la mentira.
Una opinión similar, pero con otra intención visible, fue emitida por el diputado socialista Arnaud Montebourg, quien considera que este documento video es extraordinario, que «la justicia deberá investigar de inmediato» y que Chirac «debe dar explicaciones como cualquier ciudadano, porque no hay inmunidad para un presidente que habría cometido hechos tan graves, ya que estamos en república y no en monarquía».
Toda la prensa, la radio y la televisión en Francia se ocupa del «affaire»: unos se indignan y rechazan las acusaciones, otros sostienen que no está bien haberlas publicado y, por último, los menos, denuncian y exigen sanciones contra lo que consideran corrupción.
Entre estos, el izquierdista partido de los Verdes (ecologistas): el diputado Noel Mamere afirmó que «el cerco se estrecha en torno a Chirac»; «ahora parece confirmado que cubrió todas las operaciones de falsos electores, empleos ficticios y mercados falsificados», por lo cual no puede «representar a los franceses sin explicar sus acciones de cuando era alcalde de París entre 1977 y 1995″.
El ultraconservador Philippe de Villiers, presidente del Movimiento por Francia, declaró que «Jacques Chirac, primer magistrado de Francia, debe anunciar que desde ahora se pone a disposición de la Justicia».
El ultraderechista Jean-Marie Le Pen afirmó que sólo se ve la parte visible del témpano de complicidades entre neogaullistas, socialistas y comunistas.
El partido comunista, acusado por Méry de recibir el dinero ilegal obtenido por la maquinaria neogaullista, calificó la acusación de «nauseabunda» mientras que el partido socialista, también acusado, sostuvo que hay que dejar actuar a la justicia.
Casi todos los dirigentes de la derecha parlamentaria han reaccionado defendiendo a Chirac con solidaridad.
Una solidaridad, comentan observadores, que les hizo falta en 1995 ya que, si se creen las confesiones de ultratumba de Jean-Claude Méry, fueron los derechistas enemigos de Chirac quienes abrieron «la caja de Pandora».
En efecto, Méry sostiene que fue perseguido por la justicia por sus manejos financieros por impulsión del gabinete del entonces primer ministro neogaullista y «amigo de 30 años» de Chirac, Edouard Balladur (entre 1993 y 1995).
Balladur, jefe de gobierno de cohabitación con el presidente socialista Francois Mitterrand, se rodeó de «estrellas» del RPR y combatió a Chirac para arrebatarle el liderazgo de la derecha al punto de presentarse contra él en la primera vuelta de la elección presidencial de 1995.
Méry cuenta cómo las sumas exigidas a las empresas que querían contratos públicos de la Alcaldía de París aumentaron, gracias a su gestión, de apenas varios ciento de miles de francos por año, a decenas de millones anuales.
«Vamos incluso a entendernos –afirma– con los socialistas, vamos a repartir el maná, cada vez que hay comida para todo el mundo se dará a todo el mundo».
«Voy a contratar a empresas comunistas» y voy a dar contratos a «empresas recomendadas por los socialistas», sostiene.
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