En Brasil discriminan a la población negra
Estas son las conclusiones del informe ‘Desigualdades Raciales en Brasil’ elaborado por la socióloga Rosana Heringer para la organización no gubernamental Zumbi dos Palmares, que lucha por derrumbar las barreras que levanta el color de la piel.
Los descendientes de los cuatro millones de africanos que llegaron durante tres siglos a Brasil representan el 45% de la población, es decir, cerca de 73 millones, pero su plaza en la sociedad está muy por detrás de la de los blancos.
«El hecho de que la población negra esté concentrada principalmente en las regiones más pobres del país indica su vulnerabilidad en lo que respecta a las condiciones de vida y el acceso a los servicios básicos», asegura el informe.
Desglosado por sectores como salud, educación, sanidad o riqueza, el informe dibuja un panorama muy diferente al que presentan los defensores de la ‘democracia racial’ brasileña.
Las diferencias empiezan en los primeros años de vida. Mientras que en 1996, 45,7 de cada mil menores brasileños no pasaban los cinco años, entre la población de color eran 76,1.
La educación tampoco favorece a los negros brasileños, que estudian dos años menos que sus compatriotas blancos, cuya media se eleva sólo a 5,3 años.
Esta desigualdad se arrastra al mercado laboral. En la región metropolitana de Sao Paulo, la mayor y más industrializada ciudad brasileña, la tasa de desempleo entre los hombres negros era del 20,9% en 1999, mientras que el 13,8% de los blancos estaba desocupado.
Sólo un 1,9% de los negros ocupados en Sao Paulo son empleadores, en comparación con el 7,2% de los blancos, mientras que más de la mitad de las mujeres de color –el 56,3%– trabajan como empleadas de hogar.
En las altas esferas del poder se marcan aún más las diferencias: sólo el 5,9% de los negros ocupan puestos directivos y planificación, frente al 21,4% de los blancos, y por si fuera poco, sus salarios son inferiores a los de sus colegas de origen europeo.
«Incluso cuando tienen la misma formación, negros y blancos reciben salarios diferentes», asegura el informe.
Para la autora del estudio, este hecho se debe a la ausencia, entre los negros, de redes personales que permitan mejor acceso a mejores oportunidades de trabajo.
«También puede ser atribuido a la subremuneración y a la subutilización de la mano de obra negra cualificada, como consecuencia de la discriminación racial».
Esta situación supone un obstáculo para la movilización social. «Los jóvenes pobres brasileños, en su mayoría negros, se encuentran ante escasas alternativas que les permitan algún tipo de movilidad social o simplemente la supervivencia».
Como consecuencia de ello, la probabilidad de que un negro dé con sus huesos en la cárcel es 5,4 veces mayor que un blanco y tres veces más que un mestizo, concluye el informe.
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