Milosevic, el oficialista

Belgrado, ANSA

De «constructor de la paz» a criminal de guerra requerido por el Tribunal Internacional de La Haya, de presidente elegido por el pueblo a autócrata que manipula leyes y Constitución a su exclusivo beneficio: son algunas de las contradicciones de la carrera política del presidente yugoslavo Slobodan Milosevic, alias «Slobo», último líder comunista en el poder en Europa.

Nacido en 1941 en Pozarevac (este de Serbia), hijo de un pope ortodoxo y de una maestra –que se suicidaron– Milosevic entra muy joven en el aparato comunista.

Tras algunas experiencias en el sector bancario, que lo llevan durante algunos años a Estados Unidos, se dedica en la década del 80, luego de la muerte del líder Josip Broz Tito, a la carrera política.

A la misma es empujado sobre todo por la ambiciosa esposa Mirjana Markovic, conocida en la escuela y desde entonces compañera inseparable, que sueña desde hace tiempo –recuerda el escritor Slavoljub Djukic– ver en los negocios la foto de su «Slobo» en lugar de la de Tito.

En 1987 Milosevic, sagaz retórico dotado de carisma, es ya jefe de la Liga Comunista serbia, tras haber desplazado al ex padrino político Iván Stambolic, misteriosamente desaparecido en estos días.

En 1989 el intuitivo «Slobo» se da cuenta de los vientos de cambio que recorren el Este europeo, y tras abandonar la retóricas titoísta de unidad y hermandad, asume la bandera del nacionalismo y de la supremacía serbia.

En 1990 transforma la Liga Comunista en Partido Socialista, sin modificar la esencia y abre formalmente al multipartidismo.

Entre 1991 y 1992 el proceso de disolución de Yugoslavia alcanza la cumbre, con los conflictos en Eslovenia, Croacia, Bosnia.

Milosevic, en el ínterin, elegido presidente serbio, no declara abiertamente la guerra pero utiliza las comunidades serbias de las repúblicas en conflicto para dar vía libre a las hostilidades.

Desde entonces su gestión asume cada vez más el carácter de una dictadura, con la aprobación de leyes autoritarias. Se formó en la vieja escuela comunista.

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