Unos 200 millones de republicanos y demócratas se disputan el control del Congreso

EEUU se pronuncia sobre la guerra en Irak

Las elecciones no serán un referéndum sobre Irak o sobre él presidente, dijo Bush, sino «un referéndum sobre dos cosas: ¿cuál partido tiene un plan para permitir a nuestra economía continuar creciendo, y cuál partido tiene un plan para proteger a los norteamericanos?».

Ante el riesgo que representa Irak para los republicanos, asegura que en las elecciones prevalecerá lo que está en juego a nivel local. El estratega político de Bush, Karl Rove, afirma que las encuestas nacionales desfavorables no reflejan la realidad local.

«Irak es el motor de esta elección más que ninguna otra cosa», opina Larry Sabato, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Virginia, un criterio compartido por Stephen Hess, experto de la Brookings Institution.

Pese a que la batalla electoral se desarrolla a nivel local, los sondeos confirman claramente que es el tema de Irak el que domina la disputa entre el Partido Republicano del presidente Bush y el opositor Partido Demócrata.

Según un sondeo del Centro Pew, los estadounidenses consideran a Irak como uno de los temas más importantes de estas elecciones y el 58% considera que el gobierno ha hecho un mal manejo de la situación en ese país.

El descontento se ha extendido a la «guerra contra el terrorismo» que lanzó Bush, quien se esfuerza después de mucho tiempo por vincular ambos campos, destaca Hess.

Irak ha contribuido al descenso del presidente en los sondeos sobre la cuestión terrorista, señala.

La Casa Blanca está cada vez bajo mayor presión para un cambio de rumbo en Irak, reclamado no sólo por los demócratas sino también por algunos republicanos, generales y almirantes.

Los influyentes senadores republicanos Chuck Hagel y John Warner pidieron una nueva estrategia, mientras un informe de inteligencia difundido recientemente mostró que la guerra en Irak ha alimentado el terrorismo.

De acuerdo con informes, la comisión especial sobre Irak, encargada de hacer propuestas, y presidida por el ex secretario de Estado republicano James Baker, se apresta a sugerir importantes cambios en la estrategia de Washington en Irak, que van desde un retiro de tropas por etapas a contactos con Irán y Siria.

La Casa Blanca hasta ahora ha descartado cambios en su política y prefiere hablar de «ajustes» tácticos mientras el mes de octubre fue el más cruento para el Ejército de Estados Unidos, que perdió 2.800 soldados desde que inició la invasión en marzo de 2003, según cifras del Pentágono.

Sin embargo, Hess y Sabato son cautelosos sobre el papel determinante de Irak en las legislativas. «El nombre de George W. Bush no estará en las boletas de votación», recordó Hess.

Irak ha debilitado la credibilidad de los republicanos sobre las cuestiones de seguridad, pero éstos ven un avance lento del asunto como para que pueda beneficiar a los demócratas, considera Sabato.

El Partido Demócrata debe convencer sobre su capacidad de manejar de manera diferente el conflicto en Irak, más allá de sus críticas. «La única cosa que los une» es su oposición a la política de Bush en ese país, estima Sabato. Por otro lado, su programa respecto a Irak es mucho más impreciso, agregó.

 

No habrá un cambio de 180 grados

De todas maneras, incluso si los demócratas predominan en las elecciones, Bush continuará dos años más en el poder. «El resto del mundo no debería esperar un cambio de 180 grados», señaló Hess.

Además de las parlamentarias de medio tiempo, 36 puestos de gobernador sobre 50 serán también renovados.

Actualmente el Partido Republicano tiene 230 de los 435 escaños de la Cámara, contra 201 asientos de los demócratas, más un independiente que generalmente vota con ellos. Tres asientos están vacantes, dos de ellos debido a la dimisión de republicanos.

En el Senado, los republicanos ocupan 55 de 100 bancas.

Teniendo en cuenta la ventaja enorme que el sistema concede a los legisladores salientes -el índice de reelección alcanzó el 98% en 2004-, particularmente en materia de financiamiento, sólo cerca del 10% de los asientos de representantes realmente está en juego. Y sólo una decena de los puestos en el Senado está verdaderamente en disputa.

Los republicanos se apoderaron de la Cámara en 1994, poniendo fin a 40 años de dominio demócrata, volcando 54 bancas en su favor.

Desde esa fecha, el Senado casi siempre ha estado dominado por los republicanos, salvo entre junio de 2001 y noviembre de 2002, cuando la defección de un parlamentario republicano que se volvió independiente les ofreció la mayoría a los demócratas.

El Senado es renovado por tercios cada dos años. Todos los asientos de la Cámara son votados de nuevo cada dos años.

Estas elecciones parlamentarias organizadas a la mitad de un mandato presidencial atraen tradicionalmente a menos electores que las elecciones presidenciales: el índice de participación fue sólo del 46 % en 2002, contra el 63,8% para la elección presidencial de 2004, según las cifras de la oficina del censo.

La empresa encuestadora Pew predijo no obstante una participación elevada para el 7 de noviembre, debido al nivel de interés suscitado por la campaña. Las elecciones de 1994, cuando los republicanos lograron el control legislativo, estuvieron marcadas por un índice de participación del 48,4%.

Según una encuesta publicada por el Pew Research Center, a nivel nacional como en las 40 circunscripciones más disputadas, los demócratas se benefician de una ventaja de 11 puntos, que está muy ligada a la percepción que se tiene de la guerra en Irak: 59% de los estadounidenses considera que la guerra va mal, y este tema está entre las principales preocupaciones del electorado.

Una encuesta New York Times/CBS dada a conocer esta semana indica que apenas el 29% de los votantes aprobaba la forma en que Bush está dirigiendo la guerra, igual al nivel mínimo que exhibía hace un año.

 

Rumbo a 2008

Los demócratas estadounidenses consideran una victoria en las elecciones legislativas del 7 de noviembre como un trampolín para las presidenciales de 2008, y rechazan la idea de que sería mejor permanecer como oposición para cuidar sus posibilidades para dentro de dos años.

«Lo que está en juego es simplemente muy grande», dice Michael Feldman, ex asesor del vicepresidente Al Gore, que podría intentar borrar dentro de dos años el fracaso que sufrió en 2000 contra George W. Bush.

El demócrata Chris Van Hollen adelantó el ambicioso programa de las 100 primeras horas de trabajo de una Cámara de representantes en la que los demócratas sean mayoría: ejecución de las recomendaciones de la comisión de investigación sobre los atentados del 11 de setiembre, recuperación del salario mínimo, anulación de beneficios fiscales al sector petrolero, ayuda financiera a los estudios superiores, y finalmente las reformas de los sistemas de jubilación y de seguro de enfermedad para las personas mayores.

«Un ciclón de categoría cinco» amenaza a la mayoría de Bush en la Cámara baja, aseguró el experto independiente Charlie Cook, porque «el partido republicano atraviesa indudablemente la peor situación de su historia después del escándalo de Watergate en 1974″, en referencia al escándalo de espionaje político que llevó a la caída del presidente Richard Nixon.

«Esto va a ser duro», concuerda el antiguo jefe de la mayoría Tom DeLay.

«Habrá una ola demócrata, al menos mediana, y puede ser una gran ola», estimó el politólogo Sabato. Su colega Cook aludió a «un huracán de categoría cinco» que sopla hacia el Congreso y estimó que es p
robable un cambio en la mayoría, debido a la guerra en Irak y a diversos escándalos surgidos en el tramo final de la campaña electoral. Las urnas darán el veredicto. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje