Se debilita el objetivo del bonaerense Felipe Solá por un tercer mandato

El No de Misiones frenó festejos

Es un objetivo que antes de las fallidas elecciones constituyentes en la provincia de Misiones estaba lejos de cualquier análisis, pero obligó al Presidente a pedirle a su aliado el gobernador de Jujuy, Eduardo Fellner, que deje de maniobrar para ir también a una constituyente que le permita ser reelecto indefinidamente. Si el silencio de Kirchner pudo interpretarse como un acto de soberbia, la petición al jujeño indica que en la intimidad ha hecho una lectura correcta de la debacle oficialista y procedió en consecuencia.

Es un paso pragmático y que tiene un sentido preventivo: no sea que otro Misiones en Jujuy aglutinara a la desperdigada oposición y se nacionalizara. Kirchner no quiere que estos ruidos más los que le generan dentro de la CGT pongan en peligro el crecimiento económico y sumen a los empresarios, que ganan plata como jamás, a la oposición.

Nada trepó inopinadamente. Fue Kirchner quien alentó a gobernadores y alcaldes «exitosos» a que pugnen por quedarse porque la experiencia acumulada en el ejercicio de gestión era inestimable. Si ese aliento pudo ser leído como un globo de ensayo para el orden nacional, ahora quedará más que nunca en el campo de las especulaciones.

Con todo, aún hoy Kirchner niega que vaya a buscar otro mandato legal en octubre próximo. Pero los hechos lo llevarán a una definición más temprano que tarde, pese a que esa ambigüedad desorienta a sus potenciales rivales, sea Roberto Lavagna o Mauricio Macri y los estira sus propias decisiones de sí serán o no pretendientes al empleo más importante.

El kirchnerismo bien pudo temer que en Jujuy se repitiera lo de Misiones. Incluso el obispo de Humahuaca, Pedro Olmedo, religioso con genética combativa, asomaba en convertirse en articulador de la oposición. Iban a ir a esa provincia el emergente social de las derechas, Juan Carlos Blumberg y el rabino Sergio Bergman, un ortodoxo en lo religioso pero que lidera una corriente «progre» entre las capas acomodadas judías, para liderar actos en contra de la reforma constitucional jujeña. Desde la Iglesia o fuera de los partidos, hay interesados en frenar a Kirchner.

 

Solá, el aliado de Kirchner más fuerte, en problemas

Ahora los ojos se dirigen a la provincia de Buenos Aires donde su gobernador, Felipe Solá, un aliado fuerte del Presidente, quiere que se lea bien la carta constitucional provincial para ver si puede o no presentarse para un tercer mandato. Solá abrió el paraguas y habló con partidos de la oposición, un gesto infrecuente en todo el kirchnerismo. Pero igual le pidieron que se baje de sus intenciones. Kirchner ahora no puede alentarlo y tiene que pensar a quien respaldará para gobernar esa gran provincia en 2007. Solá le evitaba tener que optar en una interna que puede no ser amable.

Las turbulencias políticas se acercan al Presidente. No es un tornado pero puede serlo la crisis en el seno de la CGT, donde su secretario general, Hugo Moyano, sorteó estos días por un pelito su desplazamiento como secuela de los líos ocurridos el 17 de octubre, ciando los restos de Juan Perón fueron trasladados a un Mausoleo en la quinta que en vida le perteneció, en San Vicente.

El posible relevo del camionero podía ser el gastronómico Luis Barrionuevo, un viejo enemigo del matrimonio Kirchner. Otros sindicalistas duchos en esto de esperar el momento más propicio para ajustarle cuentas a un Presidente que no los tiene en cuenta, no le dieron respaldo al gastronómico.

Tanto Moyano como Kirchner saben que tarde o temprano estallará el conflicto por el liderazgo de la CGT. Y que las diferencias internas puede derivar en choques de aparatos. Gobiernos y empresarios temen que el fraccionamiento sindical empuje a cada facción a mostrarse demasiado combativos cuando se discutan los nuevos convenios de trabajo. El viejo sindicalismo, que hoy representa mucho menos en afiliados reales que en el pasado, tiene el poder de firma que el gobierno le conservó al no facilitar la democratización del movimiento obrero.

La acumulación opositora sea por vía de la disidente Central de Trabajadores Argentinos (CTA) o por el heterogéneo espacio clasista es puntual en algunos sectores pero no es una amenaza para la «paz social». Pueden, sobre todos estos últimos, impulsar luchas, de hecho las pocas que están a la vista, tienen esa impronta pero están aisladas y a tiro incluso de represalias.

 

Una fisura en la CGT, base  social de apoyo a Kirchner

Como aliada para la estrategia antiinflacionaria, la CGT ya no será lo que fue y aquí el Presidente tiene un problema no sencillo de remontar. Los grandes capos con años de trajinar con todo tipo de gobiernos esperan verificar cuanto de verdad hay en el debilitamiento de Kirchner, como suponen en la oposición, y actuarán en consecuencia. Una corriente, los llamados «Gordos, ven con más cariño a Lavagna, pero el ex ministro de Economía tiene dificultades para construir su espacio. El radicalismo sigue enredado en sus disputas hacia donde marchar. Esta semana Eduardo Duhalde, que dijo que se retiraba de la prensa se encontrará con corresponsales extranjeros y es que algo dirá.

En sectores opositores retornó el temor que Kirchner anticipe las presidenciales para impedir el armado de un frente opositor, sea liderado por Lavagna o por Mauricio Macri.. Elisa Carrió cree que el Presidente se siente vulnerable y maniobrará con la fecha electoral. Lo deduce por el pedido al Parlamento suspendiendo una ley que obliga a elegir a los candidatos en internas abiertas, pero por ahora no hay datos certeros que esa anticipación vaya a ocurrir.

Donde habrá elecciones para renovar gobernados es en marzo en Entre Ríos. En gran parte la posición oficial provincial y nacional frente a los asambleístas de Gualeguaychú está motivada por ese dato político. Parece un objetivo demasiado pequeño para tanto perjuicio generado en las relaciones bilaterales aunque los réditos no parecen que serán los esperados: el activismo fundamentalista no está conforme con el gobierno porque cree que, con su diplomacia actual, no frenará la concreción de la pastera Botnia.

Lo concreto es que la política externa argentina está condicionada por el asambleismo que impuso la consigna «no a las papeleras» en lugar del «no a la contaminación» que daba lugar a una negociación seria. No hay solución a la vista y si temores que ocurran actos de violencia; no en vano en una asamblea se reclamó que «Uruguay sea declarado país agresor».

Es un problema para Kirchner que no puede dejar que los acontecimientos deriven en hechos irreparables. En algún momento, la política con la diplomacia deberá encontrar la manera de impedir una escalada. Pero tendrá su costo, irremediablemente. *

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