La CIA y Contreras: los compadres se deschavan
Niko Schvarz
Al fin de cuentas, Contreras no era otra cosa que un clásico agente doble (lo mismo que en un rango inferior Michael Townley, también enjuiciado por el asesinato de Letelier). Dirigía la DINA, el sistema de espionaje y represión creado por Pinochet (gracias al cual afirmaba que en el país no se movía una hoja sin que él lo supiera) y al mismo tiempo trabajaba para la CIA. Y cobraba en los dos lados. En esta materia, no es el primero. Y tampoco el último, como veremos.
Bajo la tinta negra
Madeleine Albright aseguró en agosto en Santiago que Clinton cumpliría el compromiso de decodificar los documentos referidos a las operaciones encubiertas de la CIA en Chile. El día fijado (14 de setiembre) la Casa Blanca dio marcha atrás con sus pretextos fútiles, sin duda para preservar el buen nombre de por lo menos tres presidentes (Nixon, Ford y Reagan) y de Kissinger, asesor especial de seguridad y secretario de Estado en ese período.
En ese golpe de timón fue decisiva la participación del director de la CIA, George Tenet. Sin embargo, para no quedar en offside, la Agencia apeló al viejo método de quemar a su agente, que por otra parte estaba encarcelado en su país, cargándole el mochuelo de varios de los crímenes mayores. Contreras devolvió el cumplido. De esa suerte pudo conocerse algo de lo que estaba tachado con tinta negra en los documentos de la CIA, como en los palimpsestos medievales o en los balances de ciertos bancos.
Dichos documentos abarcan incluso el período anterior al golpe, marcado por el asesinato del comandante del ejército, general René Schneider, señal visible de la conspiración destinada a impedir que Allende asumiera la presidencia límpiamente ganada en las elecciones de setiembre de 1970.
El asesinato de dos generales
Por ahí comienzan las revelaciones. Contreras afirmó con todas las letras : «La Cía me pasa la cuenta»de las operaciones que ejecutó ella, y agrega que la Agencia organizó y pagó el asesinato del general Schneider. Este, militar de raigambre constitucionalista, fue víctima de un atentado en el período previo a la toma de posesión de Allende, y se debatió varios días entre la vida y la muerte. En su reemplazo fue designado el general Carlos Prats, copartícipe de sus convicciones democráticas, que desempeñó el cargo hasta 1972. Luego se le confió el Ministerio del Interior (y en esa condición asumió temporariamente la presidencia durante un viaje de Allende) y el Ministerio de Defensa en un breve período de 1973. Inmediatamente después del golpe de Estado se informó que Prats, al frente de destacamentos militares del sur, organizaba una marcha a Santiago para restablecer la legalidad, pero ello se desvaneció. Exiliado en setiembre de 1973 en Buenos Aires, se carteó con Perón y fue asesinado junto con su esposa el 30 de setiembre de 1974 mediante la voladura de su auto, método similar al empleado contra Letelier en Washington en setiembre de 1976.
Contreras asegura que también el asesinato del general Prats fue orquestado por la CIA en cuerpo y alma, y que él entregó 64 documentos que así lo demuestran.
Letelier y Leighton
Dichos documentos, según el ex jefe de la DINA, prueban asimismo la participación directa de la CIA en la urdimbre y la ejecución del asesinato del ex ministro chileno Orlando Letelier y su asistente Ronnie Moffit, 24 años atrás, así como en el atentado contra el líder democristiano Bernardo Leighton y su esposa en Roma. En todos los casos menciona con precisión las fechas y las circunstancias.
Podría decirse que esto no es novedad. Engrana perfectamente en las actividades terroristas sistemáticas de la Agencia, que dejó sus huellas marcadas en el asesinato del líder de la independencia congoleña Patricio Lumumba en enero de 1961 o del ex presidente boliviano Juan José Torres en Buenos Aires en junio de 1976.
Esto no excluye la participación de Contreras en determinados operativos de la CIA. El New York Times del 19 de setiembre informa que el ex jefe de la DINA estaba a sueldo de la estadounidense Agencia Central de Inteligencia cuando en 1976 ordenó y dirigió el atentado terrorista en Washington contra el ex canciller Orlando Letelier. Agregaba que Contreras, condenado y hoy encarcelado por ese atentado en su país y reclamado por Italia y Argentina por atentados dinamiteros en Roma y Buenos Aires, era empleado de la CIA desde la época del golpe de Pinochet, y ya era pagado por su cooperación antes de idear y ordenar el atentado en Washington.
Todo ello consta según el periódico en la parte de la documentación de la CIA que ha sido desclasificada.
La CIA y Montesinos
La barahúnda desencadenada en el Perú ha colocado en el centro de la escena a Vladimiro Montesinos en su calidad de jefe real del Sistema de Información Nacional (SIN). Toda la oposición reclama que sea inmediatamene destituido y sometido a la justicia. Sin embargo, no pasa nada. Fujimori ensaya una débil defensa de su asesor y dilata la promesa de desmantelar el SIN.
Quizá no sea ajeno a estos hechos el que –según salta ahora a primer plano– la CIA trataba en forma directa con Montesinos, intercambiaba informaciones regulares con el SIN e incluso tenía que ver con su financiación. Montesinos se ganó el mote de «Hoover peruano», en alusión al todopoderoso jefe del FBI, primo hermano de la CIA.
Un ex funcionario de la embajada de EEUU en Lima dijo: «Siempre que necesitábamos algo sobre alguien, él (Montesinos) estaba a una llamada telefónica de distancia. Es el (J. Edgar) Hoover del perú. Tiene carpetas sobre todo el mundo». Esto podría explicar el misterio inextricable que rodea a su persona: a una semana de los hechos, parece tragada por la tierra.
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