Las elecciones catalanas

Los resultados de los comicios para el Parlamento catalán, que a su vez debe emitir su veredicto para seleccionar al Presidente de la Generalitat, confirman la tónica anterior y detectan novedades significati-

vas. A nadie sorprende el triunfo de la coalición de centro-derecha formada por Convergencia (de inclinación liberal) y Unió (de tendencia democristiana).

Pero la novedad es haber conseguido esta vez no solamente el más alto número de escaños, sino también el mayor porcentaje de voto popular, doblete que se les escapó en las elecciones de 2003. Esta peculiaridad se debe a la distinta redistribución del voto popular en las cuatro circunscripciones. Cuando entonces los socialistas consiguieron el triunfo en el voto popular, les dio autoridad moral para retar a la ganadora CiU y privarla de la Generalitat.

Se confirma que las tres formaciones que siguen a la zaga de CiU suman suficientes escaños para reeditar el llamado tripartito que privó el poder a la coalición forjada hace años por el presidente Jordi Pujol. Pero el detalle negativo para el Partit del Socialistes de Catalunya (PSC), dirigido por el antiguo alcalde olímpico de Barcelona Pasqual Maragall, es que al parecer ha sido castigado por la abstención. Este lastre de la democracia ha aumentado en Catalunya un 6% sobre el nivel anterior. Esto indica que la estrategia de presentar a José Montilla, nacido en Andalucía, hasta ahora ministro de Zapatero, como candidato del PSC, no ha atraído el favor del sector.

Curiosamente también, los otros dos socios en el tripartito no parecen que hayan descendido ostensiblemente en los favores electorales, sino que han aguantado muy bien los efectos de la trifulcas causadas por la aprobación del nuevo estatuto de autonomía, al que se opuso Ezquerra Republicana (ERC) por no considerarlo suficientemente nacionalista. El tándem formado por Iniciativa (los restos reciclados de los comunistas de antaño) y los ecologistas ha reforzado su presencia en la política catalana, tan necesaria como la de ERC a la hora de los pactos.

Obsérvese también que si el panorama parlamentario catalán era ya lo suficientemente complicado con la actuación de cinco partidos funcionales, la aparición de un sector con posibilidad de crecer presenta un objeto de meditación sobretodo por lo que respecta de erosión del poder de alguna fuerza hasta ahora predominante. Ciutadans, de origen social e ideológico similar al PSC, ha basado su campaña en su desacuerdo por lo que consideran excesivo nacionalismo tanto de CiU, y muy especialmente de los socialistas catalanes. Pero están ideológicamente casi en las antípodas del Partido Popular.

No hay sorpresa con respecto a la confirmación del techo electoral (apenas el 10%) del derechista Partido Popular en Catalunya, no solamente porque las tesis sostenidas siguen siendo rechazadas por una abrumadora mayoría del rectorado catalán. Su papel marginal es tan extremo que el candidato de CiU (que comparte con el PPC el terreno socioeconómico) quiso certificar ante notario que nunca establecería una coalición con la que se considera una mera rama del partido anteriormente liderado por Aznar.

¿Qué pasa ahora? Depende de las condiciones que ERC imponga al PSC para reeditar la coalición de la anterior legislatura, y de esta forma unir sus votos a los de IV. Y depende también de la energía que ejerza el propio PSC para liderar una nueva configuración que solamente puede ser una continuación del anterior experimento tormentoso. Ante la notable pérdida tanto en votos como en escaños, los socialistas pueden retirarse de la puja. Solamente quedarían entonces dos alternativas: la adaptación a Catalunya de la solución alemana mediante una coalición formada por socialistas y CiU. O el gobierno en minoría de los ganadores matemáticos, dependientes entonces de pactos concretos en diversos temas legislativos.

¿Qué dice este panorama global en el contexto español y europeo? Evidentemente, que Catalunya no responde en absoluto al modelo abrumadoramente bipartidista del resto de España. Por otro lado, la necesidad de formar coaliciones se acerca más a la situación de algunos importantes países europeos que resuelven su variedad interna mediante pactos. Si este hecho constatable sirve para reafirmar la europeidad de Catalunya y lo aleja más de la tentación de las mayorías absolutas que solamente llevan a la arrogancia y la intransigencia, solamente habrá que esperar a demostrar si el modelo funciona, pero de momento no se puede rechazar la existencia de un amplio abanico de representatividad democrática. *

(*) Joaquín Roy es Catedrático Jean Monnet y Director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami. (COPYRIGHT IPS).

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje