El mundo en blanco y en negro
Recientemente el clérigo musulmán, jeque Taj el-Din Hamid Hilaly, mufti de la mezquita más grande en Australia, provocó un escándalo de gran repercusión pública, al explicar en estos términos porqué las mujeres debían usar el velo islámico (hijab) o quedarse en sus casas : «Si una coloca carne sin envolver en la calle, en un jardín, en un parque o en un patio y los gatos vienen y la comen. ¿ Esto se debe a los gatos o a que la carne no está cubierta. Por supuesto, la carne es el problema».
Después de que estas declaraciones llegaran a la prensa, la Asociación Musulmana Libanesa de Australia, dueña de la mezquita suspendió al clérigo durante tres meses. El influyente diario de Sidney «The Australian» editorializó sobre el tema censurando en términos inequívocos al mufti para quien las «mujeres son culpables de ser atacadas sexualmente si no se quedan en su casa o salen sin cubrirse con velos». El diario censuró al clérigo nacido en Egipto, por declaraciones previas de carácter antisemita, de negación del Holocausto y de justificación de los atentados contra las Torres Gemelas del ll de setiembre. Sin embargo, el diario rechaza la idea de la deportación del clérigo ya que éste logró obtener la ciudadana australiana, aunque sugiere que haría bien en irse a su país de nacimiento donde podría sentirse más a su gusto.
Otra historia de escándalo tiene su origen en París. Un ginecólogo que circulaba entre sus pacientes en un hospital junto a la cama de una parturienta que el día anterior dio a luz luego de una complicada operación de cesárea. Iba a examinarla cuando repentinamente fue insultado y atacado físicamente por el esposo. El presidente de la Asociación de Ginecólogos de Francia condenó el incidente y lo describió como un ataque al honor femenino. No fue un hecho aislado. En 2004 hubo 145 incidentes del mismo carácter en hospitales de Francia y en 2005 el número ascendió a 185. En 2006, cuando aún faltan dos meses para terminar el año, el número de incidentes de esta naturaleza ya llega a 200.
Este año, aún cuando los incidentes con jóvenes musulmanes en las ciudades francesas no alcanzaran la gravedad de los del año pasado, hubo casi 200 coches quemados, 6 policías heridos y en el incendio de un ómnibus en Marsella una joven sufrió quemaduras mortales. En junio de este año, según lo informó oportunamente el diario británico «The Guardian» un prestigioso instituto especializado en Washington realizó una encuesta en 13 países acerca de la actitudes recíprocas entre musulmanes y no musulmanes. El proyecto conocido para el nombre de Actitudes Globales Pew llegó a algunas conclusiones sorprendentes. Las más llamativas están relacionadas con Gran Bretaña. Mientras los británicos fueron los europeos que tuvieron mejor concepto de los musulmanes ya que un 63% se manifestó en términos favorables, los musulmanes británicos se revelaron como los más anti-occidentales de Europa. Una mayoría dijo que los ciudadanos europeos suelen ser arrogantes, egoístas, codiciosos e inmorales. Más de la mitad dijo que los europeos son violentos. Mientras que la gran mayoría de los musulmanes europeos dijo que los occidentales respetaban a las mujeres, menos de la mitad de los musulmanes británicos, concordó con este punto de vista. Otra conclusión inesperada de la encuesta fue que sólo el 32% de los musulmanes británicos expresó una opinión favorable acerca de los judíos en comparación con un 71% de los musulmanes franceses. El estudio Pew asimismo llegó a la conclusión de que los musulmanes británicos suelen ser más proclives a las teorías conspiratorias que los hermanos de fe del continente. Sólo el 17% está convencido de que fueron árabes los que perpetraron los atentados del ll de setiembre en comparación con el 48% en Francia.
A diferencia del resto de Europa, la mayoría de los británicos expresó comprensión a los musulmanes ofendidos por las caricaturas del profeta Mahoma publicadas en Dinamarca. Al mismo tiempo la mayoría de los británicos dijo que los estallidos de violencia fueron el resultado de la intolerancia musulmana por la libertad de expresión occidental. Sólo el 9% de los musulmanes británicos estuvo de acuerdo. Casi las tres cuartas partes culpó por la controversia a la falta de respeto por el Islam en Occidente.
Las tres noticias señaladas corroboran la existencia de un problema cada vez grave : la inadaptación de las cada vez más numerosas minorías musulmanas a los valores de los países occidentales a los que llegaron para quedarse. Todos los logros del iluminismo y la Revolución Islámica corren peligro. Las actitudes permisivas han demostrado ser inoperantes sino contraproducentes. El caso de Holanda es notorio. La tolerancia con la intolerancia sólo ha agravado las tensiones. La única defensa posible es la exigencia terminante y sin concesiones de respeto de los valores de la democracia, lo que entre otras cosas implica la prohibición de la difusión de toda doctrina de odio, aún cuando sea presentada como prédica religiosa.
Los reclamos contra las presiones musulmanas a la libertad de expresión suelen tener una respuesta típica de autovictimización : eso es islamofobia, intolerancia contra una religión pacífica. Lo que está en juego no es la confrontación de la libertad y el dogmatismo religioso y de la democracia contra la teocracia, sino un mero prejuicio contra una minoría incomprendida.
Lamentablemente la falacia del argumento se evidencia por un hecho incontrovertible. Es el Islam (y lamentablemente todo el Islam) quien divide el mundo en blanco y negro. Su premisa básica es la división del mundo en fieles e infieles, y eso en su doctrina rígida es un dogma incuestionable. *
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