Se desató la lucha por el poder en la oficialista CGT
Dice a quien quiera escuchar que a él nadie le impone tiempos, que no pierde la iniciativa, ya que de la debacle quiere sacar réditos la oposición que supone que con el traspié dominical dejó herido al gobierno federal y eso le da ínfulas para pergeñar planes de coincidencias para el año que viene, tiempo de renovación presidencial.
Pero al mismo tiempo, desde el oficialismo hacen trascender que en rigor al gobernador de Misiones, Kirchner le aconsejó que solo reformará la carta magna provincial para un solo mandato no para reelecciones indefinidas, que fueron la causa que permitió que se juntara la Biblia con el calefón para hacerle sentir al kirchnerismo misionero, por qué no al nacional además, el polvo de la derrota.
Fue ese el motivo que permitió al obispo emérito de Iguazú, Joaquín Piña, que se pudiera rodear de todos, de izquierda extraparlamentaria a derecha de linaje, todos juntos en el Frente Unidos por la Dignidad, que solo sirvió para el domingo pasado, que, en principio, es irrepetible en todo sentido.
Pero a Kirchner lo ocupan demasiados desaguisados últimamente. Como secuela del violento traslado del cadáver de Juan Perón al Mausoleo de la quinta de San Vicente en la provincia de Buenos Aires, hechos que han dado lugar a varios procesos judiciales, la oposición al máximo dirigente de la CGT y líder de los camioneros, Hugo Moyano, se le fue sobre sus barbas.
Moyano fue el artífice del traslado y los líos lo dejaron pegado a lo peor del peronismo violento. Uno de los suyos, «Madonna Quiroz», es el pistolero que escarcharon los canales de la TV. Como a la ocasión la pintan calva, el gastronómico Hugo Barrionuevo, un personaje de lo más turbio del gremialismo peronista, trata de juntar fuerzas para desplazar a Moyano. Tiene como aliados a los llamados «Gordos», es decir, los gremialistas que controlan sindicatos con nóminas de afiliaciones muy abultadas. En tiempos de Carlos Menem, fueron su base de sustentación sindical. Barrionuevo mismo se proclamaba «contra alcahuete de Menem», toda una definición.
El gastronómico, que es presidente del club Chacarita Juniors supone que si se hace del control, aunque fuera indirecto de la CGT, Kirchner lo bendecirá como pretendiente a gobernar la provincia de Catamarca. Una osadía; Barrionuevo es detestado en la Rosada. Nadie es un ángel en este campo. Moyano es un «pesado» que se pone contento cuando lo comparan con el norteamericano Jimmy Hoffa, ese mítico sindicalista del camión que fuera secuestrado en luchas intermafiosas y su cuerpo jamás apareció.
Para Kirchner es el malo conocido, que es peor que el bueno por conocer. Moyano tiene influencia sobre sindicatos clave y pudo mantener a raya a todos cuando las negociaciones colectivas de trabajo se mantuvieron dentro de las pautas salariales dictadas por el ministerio de economía. Para 2007, año electoral, Kirchner quiere mantener controlados tanto precios como salarios.
Es decir, la bronca con Moyano nada tiene que ver con la demanda democrática de Misiones. En los gremios, la posibilidad de buscar la reelección no es materia de discusión y los sindicalistas están muy acostumbrados a quedarse aferrados a sus sillones. Kirchner, al elegir a sus aliados sindicales, suspendió sine die toda posibilidad de avanzar en la democratización del movimiento sindical.
Pase lo que pase con la embestida desatada ahora para desalojarlo de la CGT al líder camionero, los tiempos de su hegemonía parecen haberse reducido luego de los hechos de violencia de San Vicente. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad