Diálogo con los clasificadores
LOS CABLES difundieron por el mundo, al sintetizar la primera intervención de Lula tras confirmarse la victoria electoral del domingo 29 de octubre y previo a la celebración en la Avenida Paulista, su concepto de que en la elección se había expresado la sabiduría del pueblo, y particularmente de los sectores antes excluidos; y que ese proceso de inclusión social, de conquista plena de la ciudadanía, constituía una lección de democracia, extendida y consolidada. No improvisaba opinión. Estaba reafirmando conceptos madurados, como lo prueba este antecedente precioso que vamos a rescatar para los lectores.
Una tarde para no olvidar
Era la tarde del miércoles 25 de octubre, en Brasilia, la capital. Transcurrían los últimos días de una ardorosa campaña electoral entre el primero y el segundo turno. Ubíquense ahora en el escenario. El presidente abrió el Palacio da Alvorada y habló con los recolectores de residuos, lo que nosotros llamamos también clasificadores y los brasileños denominan «catadores de papel e de latinhas» (latitas). La reunión marcó el anuncio de una línea de crédito a fondo perdido creada por el BNDES (Banco Nacional de Desarrollo) para equipar cooperativas de clasificadores, integradas por brasileñas y brasileños que viven en las calles luchando por la sobrevivencia con la recogida de papel, cartón, latas y botellas. Brasil está en primer lugar en el reciclaje de latas de aluminio, con un promedio del 96,2% del total consumido por el mercado. Por detrás de esta cifra hay entre 300 mil y un millón de ciudadanos de existencia mísera que tratan de integrarse a la sociedad recogiendo material reciclable por las calles. Es el pueblo de las calles, que generalmente carecen de techo, duermen bajo los puentes, reparten la noche con las ratas, como dijera Lula.
Allí nos enteramos que desde el primer año de su mandato, el presidente visita en Navidad a ese pueblo de la calle. Pero el 25 de octubre pasado fue diferente. Los recolectores fueron al Palacio, lo recorrieron, saludaron al presidente, intercambiaron intervenciones. El mandatario dijo: «La democracia brasileña y la conquista de la ciudadanía no sería completa si por aquí, por este Palacio, no pasaran otra gente distinta a lo que lo hace habitualmente, que realizan trabajos que a menudo son descalificados por ciertos sectores de la sociedad. Cuando escuchaba los discursos de los dos compañeros y así quiero llamarlos- me quedé pensando cuántas personas pasaron por este Palacio en la historia política de nuestro país, cuantos gobernantes, empresarios, banqueros. Pero no entraban personas como las que hoy están, ni aquí ni en muchos países del mundo».
Una historia con Mandela
En el discurso Lula tuvo un emocionado recuerdo para Nelson Mandela, una de las figuras cumbres de nuestra época, actor de primer plano en la victoriosa lucha del pueblo de Africa del Sur contra el apartheid.
Contó que cuando visitó a Mandela, que había sido llevado por su pueblo a la presidencia del país, llegó a las 8 de la mañana al Palacio de Gobierno, y se encontró con gran cantidad de hombres y mujeres que caminaban en torno al edificio y por los lugares circundantes. Miraban todo, cada detalle, incluso las paredes, en forma respetuosa, sin tocar nada. Le preguntó a Mandela por qué aquella gente observaba con tanta admiración el Palacio y mantenía esa actitud.
El presidente Mandela le contestó: «Lula, esa gente, durante décadas, no podía ni siquiera pasar por aquí enfrente. Que un negro circulara frente al Palacio de Gobierno en Africa del Sur, hasta entonces gobernada por los blancos, era considerado como un atentado a las buenas costumbres establecidas en aquella época. En consecuencia, las personas querían ver, querían mirar, ni siquiera querían tocar, sólo querían ver»
Lula trazó entonces un paralelo entre las dos circunstancias. «Lo que presenciamos hoy aquí señaló- más que el acto de firma de un decreto y de firma de convenios, es un acto de ciudadanía. Un gesto como éste posiblemente no sea debidamente aquilatado ahora, lleva tiempo hasta que la sociedad madure y comprenda su significado, que a veces es incluso mayor que la conquista en sí misma. ¿En qué momento de la historia un reciclador de papel podía utilizar la tribuna en un palacio gubernamental? ¿En qué momento de la historia un morador de calle podía hacer uso de la palabra en el Palacio Presidencial?»
Democracia
La respuesta quedó en el aire, pero la conclusión fue expuesta a texto expreso y tiene que ver con la afirmación de la democracia: «Por eso Brasil, poco a poco, va sedimentando prácticas y ejemplos que pueden contribuir a la conquista de la democracia en el mundo». *
Compartí tu opinión con toda la comunidad