Lula obtuvo un resultado comparable al de 2002, pero su electorado cambió

El presidente Luiz Inacio Lula da Silva fue reelecto este domingo con una votación similar a la que obtuvo en 2002, pero la distribución de su electorado cambió y resultó menor en las zonas más ricas e industrializadas de Brasil, y más alta en las zonas pobres del norte y noreste.

Lula obtuvo el domingo 58.294.228 de votos, es decir 60,83% de los sufragios válidos, contra Geraldo Alckmin, del Partido de la Social Democracia (PSDB). En la segunda vuelta de 2002, contra José Serra, también miembro del PSDB, había recibido 57.793.364 de votos, es decir 61,27%. Una diferencia de sólo 500.000 votos (sobre un total de 126 millones de electores) en cuatro años.

Pero la distribución geográfica del voto fue menos contrastada en 2002.

Aquel año Lula ganó en 26 de los 27 estados de Brasil. Esta vez perdió en el estado de Sao Paulo, el más poblado y rico del país, en los tres estados de la región industrial del sur, así como en los dos estados de Mato Grosso, centro de la industria agroalimentaria.

En el estado de Sao Paulo, feudo histórico de Lula y que representa el 22% del electorado, el presidente obtuvo 47,7% de los votos, contra 55,4% en 2002.

En el estado de Rio Grande do Sul, cuya capital es Porto Alegre, otro bastión histórico del Partido de los Trabajadores (PT), Lula recibió menos del 45% de los sufragios, mientras que en 2002 obtuvo más de 55%.

El voto por Lula migró masivamente hacia el nordeste pobre. Lula ya había obtenido un respaldo mayoritario en 2002, con el 61,3% del total. El domingo recibió 77% de los votos válidos.

La misma tendencia puede apreciarse a la hora de las elecciones a gobernador en 27 estados de Brasil.

A pesar de la derrota de Alckmin a nivel nacional, el PSDB gobernará seis estados, que representan el 51% del PIB brasileño, contra 8% del PIB en el caso de los cinco estados que gobernará el PT.

Esos resultados confirman la importancia electoral que adquirieron los programas de ayuda social diseñados por el gobierno de Lula en favor de las poblaciones más pobres, particularmente el programa Plan Familia, que beneficia a más de 11 millones de familias, es decir a cerca de 40 millones de personas.

Por el contrario, el débil crecimiento económico que experimentó Brasil (2,2% en promedio durante los cuatro años), así como la pérdida de competitividad debibo al fuerte alza de la moneda brasileña frente al dólar, provocó cierta erosión de su popularidad en las zonas industriales. Los escándalos de corrupción también le hicieron perder a Lula una parte de su electorado de las clases medias. *

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