Un momento mágico para Brasil
CON EL 100% de los votos escrutados, Lula resulta ser el presidente más votado de toda la historia brasileña, superó en 5 millones y medio de votos su resultado en el segundo turno de 2002 (que ya había sido récord), y le ganó a Alckmin por 21,66% que se tradujeron en casi 21 millones de votos de ventaja.
Contundencia de las cifras
Lula obtuvo 60,83% y Alckmin 39,17%. En votos representan 58 millones y cuarto para Lula y 37 millones y medio para Alckmin. En el segundo turno de 2002 Lula había logrado 52.793.364, de ahí su crecimiento de cinco millones y medio de votos.
Comparemos ahora a los dos candidatos entre el primer y segundo turno actuales. Lula subió de 48,6% a 60,83% (es decir más de 12 puntos), mientras que Alckmin bajó de 41,6% a 39,17% (o sea que cayó dos y medio por ciento).
Otro aspecto importante de la segunda vuelta era la elección de 10 gobernadores, ya que los otros 17 fueron electos en el primer turno. El PT ganó en Pará (un estado grande, donde está instalada la Vale do Río Doce) con Ana Julia Carepa, poniendo fin a 12 años de hegemonía del PSDB. En el primer turno, había conservado Acre y Piauí, conquistado Bahía (cuarta circunscripción, contra la oligarquía de ACMagalhâes) y Sergipe, y perdido Mato Grosso do Sul. El Partido Socialista PSB, aliado del PT, ganó con 65% en Pernambuco con Eduardo Campos, nieto del legendario líder campesino Miguel Arraes, y en Río Grande do Norte con Wilma de Faría, habiendo vencido en Ceará en el primer turno.
Otros candidatos prevalecieron con el apoyo del PT. El caso más sonado es Río de Janeiro, en que Sergio Cabral, del PMDB, ganó con 68% frente a Denise Frossard, del PPS en coalición con el PSDB y el PFL. Del mismo modo ganó Roberto Requiâo (PMDB) en Paraná.
El PSDB en la primera vuelta había conservado los dos principales colegios electorales, Sâo Paulo y Minas Gerais, con José Serra y Aécio Neves, y había ganado en Alagoas y Roraima. Ahora le sumó la victoria en Río Grande do Sul, dondeYeda Crusius venció a Olivio Dutra por 53,94% a 46,06%, y en Paraíba en el nordeste, con Casio Cunha Lima. De siete gobernaciones quedó con seis. Su aliado electoral, el derechista PFL, perdió tres gobernaciones y solo conservó la del Distrito Federal, Brasilia. Roseana Sarney, que se presentó bajo esa sigla en Maranhâo, perdió frente a Jackson Lago, del PDT.
El PMDB, se aseguró 7 estados, ganando dos: Amazonas, Espirito Santo, Mato Grosso do Sul, Tocantins, Santa Catarina con Luiz Enrique y como vimos Paraná y Río de Janeiro. Buena parte de los gobernadores electos son considerados aliados de Lula, quien se refirió a ellos especialmente en su alocución, en el marco de una política de concertación y alianzas. Cuenta además el hecho de que tienen influencia entre quienes ocupan cargos legislativos electos en sus estados.
El Mercosur, una pasión
Revisten gran importancia los pronunciamientos del presidente, reelecto hasta 2010, sobre el Mercosur y la integración latinoamericana. Para Brasil, «el Mercosur es una pasión», afirmó. «Cuando ganamos las elecciones era considerado como algo extinguido y sólo se hablaba del ALCA. Ahora no se habla más del ALCA. Ya incluimos a Venezuela en el Mercosur, y México quiere entrar como socio. El Mercosur va a continuar fortaleciéndose».
En ese cuadro, destacó las relaciones con Argentina y los compromisos que ambos deben asumir con los países más pequeños del bloque. «Nunca hubo una relación tan fuerte entre Brasil y la Argentina. Los argentinos saben perfectamente que necesitan de nosotros y que nosotros necesitamos de ellos. De la misma forma tratamos con igualdad a Uruguay y Paraguay. Brasil y Argentina tienen responsabilidad de ayudar a los países más pobres».
Se refirió asimismo a la necesidad de extender esa alianza a todos los países del continente, para promover la integración latinoamericana.
Una victoria intelectual y moral
«La sabiduría del pueblo dijo el presidente – supo establecer la diferencia entre lo que era verdad y lo que no lo era». Aludía así a las denuncias de corrupción que pautaron la campaña. Con vistas al futuro inmediato bosquejó una amplia política de alianzas y acuerdos. «Vamos a tejer todas las alianzas necesarias para que podamos aprobar los grandes proyectos y reformas que Brasil precisa». Con ese fin se propone conversar con todos los partidos, con los de la oposición, con todos los gobernadores. Y el que no quiera conversar, que diga por qué se niega. Terminó el período de confrontación, «ahora los adversarios son las injusticias sociales». Reiteró su compromiso de gobernar para todo Brasil, pero en primer lugar para los sectores más necesitados y las regiones más empobrecidas. Esa política ya ha dado resultados, que el pueblo ha comprobado en la mesa, en el plato, en su bolsillo. Pero va a persistir. En estos cuatro años, Brasil ha sentado las bases para crecer mucho más. «Ya nos cansamos de ser una potencia emergente. Queremos crecer», dar un salto en calidad y elevar el país al rango de las naciones desarrolladas.
No hay exageración al decir que Brasil ha dado una lección de democracia al mundo (destacándose también la notable eficiencia de los mecanismos electorales, y la celeridad no imaginada en la difusión de los resultados). En varios sentidos Brasil aparece como expresión auténtica del nuevo curso democrático que se afianza en América Latina. *
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