El actual mandatario tiene prácticamente asegurada la reelección

Lula y Alckmin cerraron la campaña electoral con un último debate televisivo

Con un panorama que se presenta prácticamente definido, en el que las encuestadoras otorgan una ventaja a Lula que fluctúa entre los 22 y 26 puntos porcentuales, los candidatos anoche volvieron a enfrentarse y a solicitarle el apoyo al electorado brasileño.

El discurso del actual mandatario fue catalogado como «moderado» por los analistas locales, incluso apelando a la emoción del electorado; por su parte Alckmin reclamó la construcción de un «gobierno decente» en clara referencia a los escándalos de corrupción que rodearon al Partido de los Trabajadores. El socialdemócrata, por primera vez desde que se inició la campaña electoral, no utilizó el tono agresivo que lo caracterizó ni volvió a hacer referencias constantes a la corrupción que había denunciado anteriormente, ya que entendió que «no se puede perder más tiempo con malas noticias y escándalos», porque es imprescindible una administración de tono «decente» que vele por la «salud, la educación y la seguridad» de la ciudadanía norteña. Por su parte el actual presidente entendió que este último debate fue «más amplio» y contó con una «reflexión más profunda» que los anteriores, lo que llevó a dejar de manifiesto en forma «nítida y clara» las diferencias existentes entre los «proyectos» de ambos candidatos. En referencia a los escándalos de corrupción que sacudieron al gobierno el mandatario prometió que se dará «el castigo a los errores» acontecidos, «le duela a quien le duela», y además se hará lo necesario para «evitar que los mismos vuelvan a ocurrir». En caso de confirmarse la reelección, como marcan las encuestas, Lula tendrá como gran objetivo «unir a Brasil en un proyecto de desarrollo», más allá de clases económicas y sociales, ya que «la disputa electoral acaba el domingo»; cabe destacar que Alckmin es considerado el candidato de los ricos. «Las condiciones políticas son las más promisorias» para llevar a cabo una nueva presidencia, ya que las relaciones con todos los partidos, gobernadores y alcaldes pueden calificarse de «excelentes», explicó el mandatario.

Lula cumplía ayer 61 años y fue homenajeado por un grupo de niños que le acercó una torta conmemorativa con los colores de la bandera brasileña. El presidente dijo que la celebración será «con una victoria del pueblo, del país y de la democracia».*

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