Disturbios callejeros de la extrema derecha empañan la celebración

Aniversario de sublevación húngara

Las ceremonias oficiales comenzaron cuando se izó la bandera nacional ante el Parlamento de la capital, mientras se escuchaba el himno de Hungría democrática.

Luego los invitados de honor, encabezados por el presidente húngaro, Laszlo Solyom, y el primer ministro, Ferenc Gyurcsany, colocaron uno tras otro una rosa blanca ante el monumento de mármol negro dedicado al levantamiento.

Más tarde se izaron las banderas de las 53 delegaciones presentes, y los delegados, entre los cuales había unos 20 jefes de Estado europeos, entraron al Parlamento para la adopción solemne de una «Declaración de la Libertad, 1956″.

Dicho texto, que narra los acontecimientos de fines de 1956, precisa que «Nacer libre es un regalo, pero vivir libre es una responsabilidad».

También recuerda el mensaje de la revolución de 1956, según el cual «la libertad es invencible y la humanidad nació para ser libre».

«Los héroes de 1956 (…) combatieron por todos los que en Europa y en el mundo vivían en una dictadura», declaró el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso.

Sus palabras fueron pronunciadas ante un hemiciclo medio vacío, ya que el principal partido opositor de derecha, el Fidesz, y su pequeño socio demócrata cristiano (KDNP), que desde hace más de un mes exigen la renuncia del primer ministro socialista, habían decidido boicotear los festejos.

Varios miles de manifestantes de derecha circulaban paralelamente en el centro de Budapest clamando ser «los verdaderos herederos de 1956, y no quienes asisten a las ceremonias oficiales». *

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