Analisis internacional

La palabra del Papa y los límites de la verdad

Hace mil años tanto Europa como el mundo Islámico eran terreno de intolerancia religiosa, primaba la visión que la propia religión era la «verdadera» y que era una obligación «moral» la conversión a punta de espada o la muerte de los «infieles». En un proceso histórico-social, occidente poco a poco atravesó un proceso de secularización, primero con la ilustración y posteriormente la Iglesia Católica con el proceso abierto por Juan XXIII y reafirmado por Paulo VI en la encíclica Nostra

Aetate, dejó la prédica de odio a un lado. Este proceso el Islam, al menos en su forma integrista, no lo atravesó; lejos de eso, hoy parece estar atravesando un proceso de franca involución; parece vivir un «retorno» a la época de las cruzadas, no sólo por el trato dispensado a la mujer, la falta de tolerancia hacia las minorías (sexuales, religiosa, políticas, etc.), por el hecho que allí se discrimina a judíos y cristianos con la imposición coercitiva de una situación de indefensión social y jurídica llamado eufemísticamente dhimmitud (Protección); sino también en relación a sus vínculos con el resto del orbe, su comportamiento colectivo trasunta una exigencia que todo el género humano debe respetar la Sharía, y si las cosas no se dan de acuerdo como ellos pretenden que sean, aún en territorios no dominados por ellos, amenazan permanentemente con el ejercicio de la violencia al resto de la humanidad.

El problema básico de lo que ocurría durante el medioevo y el absolutismo era la indiferenciación entre Sociedad Política y Sociedad Civil, básicamente la hegemonía de la religión por sobre la Sociedad Política, este proceso hoy permanece incólume en el mundo islámico. Y lo que finalmente prima es una fuerte tendencia a resolver los conflictos en forma violenta, la relación de los islamistas radicales con occidente no es más que la translación de la forma de resolución de los conflictos dentro del mundo islámico a las relaciones internacionales.

Ejemplos de esta tendencia a la resolución violenta nos sobran, ya ni siquiera hablamos de los grandes atentados de Nueva York, Londres, Madrid, Estambul, Riad, Amman, Sharm El-Sheij, Mombassa, Jerusalem, Tel Aviv, Jakarta, Bombay, etc.; sino que tenemos episodios de levantamientos de masas, de grandes protestas incendiarias (y que fatalmente culminan con el asesinato de occidentales o de miembros de minorías no islámicas dentro del mundo islámico), me refiero a los levantamientos en Francia (y otros lugares de Europa el año pasado, las protestas por las caricaturas danesas, el asesinato de Theo Van Gogh o los actuales levantamientos ante declaraciones del Papa Benedicto XVI.

Lo curioso es que la última explosión de violencia se desató cuando Benedicto XVI, citó al emperador Bizantino Manuel II paleólogo, en una clase magistral acerca de fe, razón y universidad, en la Universidad de Ratisbona, expresándose para destacar lo inadmisible del uso de la violencia por motivos religiosos. Entonces, la ira islámica encontró una excusa para desatarse en protestas violentas. Parece que las grandes masas en el mundo islámico no tuvieran más medios de expresión que la violencia, la destrucción y la pira. Tal vez se deba a que la creatividad tiene que ver con el Eros, la pulsión de vida; pero en el Islam hegemonizado por las posturas integristas, donde se hace culto de la muerte, el «martirologio» (la «Shuhadda»), prima el Tánatos, la pulsión destructora, de muerte.

Los islamistas han fijado un límite a la verdad, línea más allá de la cual expresarse con sinceridad implica arriesgarse a perder la propia vida. Los que se atrevieron a expresar su verdad, contraviniendo a los islamistas, fueron condenados a muerte (Salman Rushdie, Oriana Fallacci, Gustavo de Aristegui, los viñetistas daneses, etc.).

Los islamistas tienen un alto grado de conciencia para sí, ellos saben claramente cuales son sus objetivos y los medios con los que cuentan para lograrlo. Es por ello que cada vez que ocurre algo que los incomoda reaccionan con toda violencia.

No exigen de occidente igualdad en el trato, sino que al considerar al Islam moralmente superior, exigen respeto por el Islam y la Sharía en regiones del mundo donde aún no son hegemónicos, exigen el «respeto a sus costumbres» amparándose en la postmoderna idea del «Relativismo Cultural» sin aplicar el mismo concepto para respetar los derechos de las minorías no islámicas en sus dominios. Lo cual es un evidente indicador de que no existe una voluntad de convivencia sino de seguir a rajatabla los dictados de Allah en El Corán imponiendo la vigencia de la Sharía como ley absoluta universal, entonces allí donde encuentren resistencia a tal imposición, están obligados a llevar adelante la Yihad; de allí que cuando ocurre algo que ellos consideran como una blasfemia contra El Corán, El Islam, El Profeta Mahoma, etc. Reaccionen con suma violencia, es una cuestión de fe. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje