Nuevos reclamos por el albañil López, desaparecido hace un mes

Kirchner buscó despegarse de los desmanes de San Vicente

Pero ni Kirchner ni Solá señalaron con nombre y apellido a los responsables del aquelarre ni hicieron mención a la interna gremial que desató los líos, ni menos aún a los organizadores del traslado fúnebre, la CGT que tiene al camionero Hugo Moyano como su figura máxima ni a la reconstruida «62 Organizaciones», el brazo político del sindicalismo peronista y que quiere mayor poder en la actual administración.

El presidente tardó casi 24 horas para decir algo sobre lo ocurrido. Contó que la noche de los incidentes miraba por TV los incidentes en San Vicente, a 52 kilómetros al sur de esta Capital, y sintió un profundo dolor de cómo se trataban a los restos del general Perón, que lo ocurrido fue un «arrebato de infierno» que no se impondrá. Encontró en una frase histórica del viejo general «para un argentino no hay nada mejor que otro argentino», lo justo para enviar tanto un mensaje de calma a su frente interno como de alivio para la ciudadanía que recibió con estupor el regreso de la violencia y de bandas que, el gobernador Solá, reconoció son empleados públicos aunque «ñoquis», al servicio de la desestabilización que tanto pueden intervenir en actos de masas como en las canchas de fútbol.

Rodeado por gran parte de los intendentes del Gran Buenos Aires, campeones en eso de reclutar «patotas», el mensaje de los mandatarios sonó a escasamente autocrítico. Se sabe que a Kirchner no le agradaba ese acto necrofílico, pero nada hizo, y autoridad tiene para evitarlo. Dicen que iba a hablar, según el público que iba a ir a la quinta histórica. No fue cuando supo de las trifulcas con más de 60 heridos.

 

Un mes sin saberse  nada del testigo López

Solá fue enérgico con los violentos y aseguró que ellos no quedarán impunes. Ayer se entregó detenido el militante del sindicato de camioneros de Moyano escrachado urbi et orbi por la TV cuando descargaba un arma calibre 38 contra grupos del sindicato de albañiles de La Plata, que se dice responde aún al ex gobernador Eduardo Duhalde. En la Rosada sospechan que Duhalde no es ajeno a lo ocurrido y así lo dijeron algunos de los hombres cercanos al Presidente.

Para Solá lo ocurrido en San Vicente marca un límite y proclamó que no se permitirá a los vándalos, que estimó en unas 200 personas, rebanen la legalidad republicana.

De hecho, dentro de la generalidad condenatoria de lo que ocurrió en la voz del Presidente, ubicó los desmanes en lo que considera acciones para impedir que avancen sus políticas de crecimiento y hacer caer la desocupación y la indigencia. Pero no mencionó a la oposición que ayer casi unánimemente le reclamaron a Kirchner por lo sucedido, casi culpándolo por haberse aliado a los dirigentes que estuvieron en el vórtice la tormenta.

Kirchner ubicó también la «ausencia» del albañil Julio López, cuando ayer se cumplió un mes sin que se sepa nada de él, como parte de la campaña que quiere imponer la amnistía a los violadores a los derechos humanos y propugnan una «reconciliación con impunidad», dos objetivos de la derecha que aseguró no cederá.

El reclamo por López salió ayer nuevamente a las calles aunque con marchas más pequeñas de semanas atrás. Ni el gobierno bonaerense ni el juez que tiene el caso han avanzado un ápice. Al contrario, se conoció un comunicado de una sedicente «Alianza Anticomunista Argentina», la Triple A que fue famosa en los 70 bajo la mano de José López Rega, ministro de Juan Perón y de Isabel, su tercera mujer. Lo recibió como amenaza un ex desaparecido y en la carta se asegura que López «está muerto».

Es lo que igualmente suponen todos, excepto su familia que sigue guardando la esperanza que esté oculto, víctima de una profunda depresión. Para los analistas, esta hipótesis no resiste el menor análisis.

En tanto Hugo Moyano también quiso despegarse de lo ocurrido y al menos de palabra, dijo que no defenderán al pistolero que fue encontrado in fragante con un arma disparadora. «Si tiene que ir preso, irá», proclamó y prefirió poner de relieve que una multitud siguió pacíficamente a la cureña que llevaba a Perón a su nueva morada, tanto detrás del cortejo como a la vera de los caminos que iban a San Vicente sin que ocurriera desmán alguno.

«Era una fiesta», proclamó pero alguien impulsó el descalabro. Es una página abierta, la del aquelarre, que tendrá secuelas políticas incluso dentro de la CGT y el caso López, un baldón para la democracia que impacta también sobre el gobierno bonaerense. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje