Choques a balazos y palos entre el peronismo ortodoxo

Graves incidentes al dejar a Perón en su nueva morada

Luchas por el control de la ceremonia, donde quedaban de lado sus organizadores originales, la CGT y las «62 Organizaciones», el brazo político del gremialismo justicialista con el peronismo que domina la localidad de San Vicente, derivó en un aquelarre. Más tarde, la trifulca enfrentó a militantes de los más grandes gremios y algunos analistas suponen que chocaron las huestes de Hugo Moyano, secretario de la CGT con sus enemigos internos.

Comenzaron los líos con el cierre de los portones de la quinta de 19 hectáreas, siguió con una pequeña balacera sobre todo en las afueras de los paredones del predio y palazos a troche y moche con piedrazos que dejaron un elevado saldo de heridos, incluso criaturas. Lo que debió ser una fiesta, revivieron los peores vicios del peronismo. Retornó a la memoria, la masacre de Ezeiza del 20 de junio de 1973, cuando la derecha peronista atacó columnas de Montoneros y otros sectores, el día que regresó definitivamente a la Argentina Juan Perón. No fue lo mismo ayer, porque además, no constituyó una pelea ideológica sino de poder mediático.

Antes el curso de estos graves hechos, Néstor Kirchner que iba a participar de la ceremonia, aunque no iba a hablar, decidió no ir a San Vicente al igual que el gobernador bonaerense Felipe Solá.

La cureña que traslado el féretro de Perón, cubierta por la bandera, entró a la quinta entre piedras que iban de un lugar a otro. Escena tragicómica: los oradores que hablaron sin que casi nadie los escuchara aunque a Moyano le tiraron piedras y otro, Antonio Cafiero proclamaba «todos unidos triunfaremos». El hospital zonal desbordó de heridos, y caía la tarde y los incidentes no cesaban. Más de 12 horas duró la travesía desde Chacarita al Mausoleo de San Vicente, y miles de personas en ese trayecto saludaban con emoción el paso del tres veces presidente de los argentinos que falleció el 1º de julio de 1974.

La fecha de ayer, 17 de octubre, es la de mayor gloria del Movimiento Justicialista, porque fue en ese día de 1945, cuando una movilización de masas, apoyada por un sector del Ejército y de la policía, lo rescató de la prisión donde sus enemigos lo habían confinado en la isla de Martín García, y pasó a convertirse en el hombre más influyente de su época y algo más.

La idea del mausoleo le pertenece a Eduardo Duhalde, también ex presidente y ex hombre de peso de fuste en el justicialismo hoy enfrentado con Kirchner.

Pero fueron las «62 organizaciones peronistas» junto al líder de la CGT oficialmente reconocida, Hugo Moyano, los que motorizaron el traslado. Es un movimiento del ala ortodoxa, que va del centro-derecha a la derecha, para equilibrar la creciente influencia en vetas del gobierno de sectores progresistas. Por algo se oyeron las viejas consignas «ni yanquis ni marxistas, peronistas».

 

El papel que quiere jugar  la ortodoxia sindical

La colocación del cadáver en el Mausoleo fue precedido por una estación en el edificio de la CGT, al que el finado le dio la impronta de conciliación de clases que mantuvo con inexorable coherencia, tanto con gobiernos peronistas, como en la oposición.

Los sindicalistas que le hicieran coro a Carlos Menem se sumaron al cortejo junto a otras variantes de colores semejantes del gremialismo peronista, Moyano en primer lugar. Las corrientes de centro-izquierda que están con Kirchner y que suponen que esa es la herencia a rescatar del peronismo, no tuvieron papel alguno, salvo presenciar la marcha a los costados de la larga caravana.

El cadáver de Perón fue escoltado por el Regimiento de Granaderos a Caballo, tuvo la fanfarria que corresponde y todos los honores del caso. No faltó nada de la vieja liturgia que se creía olvidada. Los bombos, redoblantes, las pancartas con el nombre de cada dirigente sindical con el subrayado de «Conducción» que es como liderazgo incompartido donde hoy es secretario del gremio. El regreso de las «62», es también un dato.

En otras épocas la rama política del gremialismo reclamaba un tercio de los cargos parlamentarios, nacionales, provinciales, comunales. Y hasta influía en cada candidatura de tono mayor. Kirchner en las elecciones de 2005 los desconoció olímpicamente y se verá sin los tiene en cuenta o no en las presidenciales y legislativas de 2007.

El del 1º de mayo de 1974, el anteúltimo discurso de Perón, lo dio desde el balcón de la Rosada protegido por un vidrio blindado. Ese día los Montoneros se fueron de Plaza de Mayo; eran tiempos donde derecha e izquierda dirimían a balazos sus diferencias.

Esta vez fue dentro de la propia burocracia sindical y un costo altísimo para el gobierno y para la política nacional. *

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