El obrero López no aparece
Era hora que Kirchner en su último reclamo por el anciano albañil apuntara a sectores vinculados con la dictadura militar y que tras la inconstitucionalidad de las leyes de impunidad deberán enfrentar los procesos judiciales. «Hay algunos que no quieren que en la Argentina se castigue a los verdaderos culpables del genocidio», afirmó durante su discurso tras un acto en Casa de Gobierno. «Entonces pueden estar pensando que con este tipo de actitudes, si así fuere o así sucedió, pueden estar tratando de demostrar a todos los argentinos que lo que mejor conviene es la reconciliación con impunidad, como dicen algunos», reflexionó Kirchner.
Esto último puede ser leído como un dardo por elevación a sectores de la Iglesia y al espacio de centro-derecha que desearía que el Presidente sacara el asunto de las violaciones a los derechos humanos de su discurso. O que dejara que los jueces hagan lo suyo, sin que se busque réditos políticos. «Nosotros queremos reconciliación sin impunidad, esto es la diferencia central». E insistió en su tercera referencia a López en esta semana que los que forman parte de los gobiernos nacionales o provinciales «no tenemos derecho a tener miedo».
Ya que se menciona a la Iglesia, hubo estos días gestos entre el gobierno y los eclesiásticos, tendientes a bajar el volumen de los reproches. Están acotados en la provincia de Misiones donde un obispo jubilado encabeza la oposición en las elecciones de constituyentes del 29 próximo para impedir que se autorice en la carta magna la reelección del gobernador actual.
Sin pista alguna sí continúan las amenazas contra sectores vinculados o a las causas judiciales o a la defensa de los derechos humanos. El jueves hubo conmoción porqué ciudadanos de a pié vieron que una persona de edad era arrojada desde un vehículo y creyeron que era el hombre más buscado del país. Falsa alarma, era un anciano de facciones parecidas, de 82 años, al que lo asaltaron en una plaza y terminaron arrojándolo, con una cinta de embalar en la boca, desde un auto en Olivos.
Quedó flotando la duda si no se trato de un aviso mafioso de quienes tienen a López, si es que aún está con vida. El caso sigue siendo un enigma. En las primeras semanas, el 80% de los investigadores afirmaba que el testigo se fue por su propia voluntad, pero transcurridas más de tres semanas, esa mirada sobre las cosas fue perdiendo fuerza, ya que nadie se explica por qué el eventual acompañante de López, ante el impacto de la campaña nacional de difusión del caso, no se comunicó con la familia o con las autoridades.
Salvo inferencias, no hay elementos que consoliden la hipótesis del secuestro: no hay una sola llamada ni un indicio ni un testigo que se haya presentado, pese a los 200 mil pesos que se ofrecen como recompensa. Pero la idea de que López se haya ausentado por su propia decisión se desvanece. Y cunde el temor que jamás se sepa que pasó con el albañil, que es lo que piensan en organizaciones de derechos humanos que siguen manifestando por las calles reclamando aparición con vida. *
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