Rumores de golpe de Estado sacuden a la sociedad boliviana

Morales sortea con éxito una convulsionada semana

Las mayores presiones contra el gobierno de Morales provinieron de dos sectores con fuerte capacidad de convocatoria y presión: los transportistas, que amenazaron con una huelga de 48 horas, finalmente conjurada, y los mineros, que exigían asistencia para las víctimas de un enfrentamiento entre grupos mineros rivales que dejó un saldo de 16 muertos.

Las negociaciones y concesiones permitieron el jueves desactivar los dos conflictos, al tiempo que el presidente Morales recibía el respaldo de más de 20.000 personas en una concentración de apoyo a la democracia.

Allí el presidente mencionó los rumores de golpe de Estado que inquietaron a los bolivianos a comienzo de la semana, e hizo un llamado a los sectores sociales y en especial a la clase media para que den su apoyo a su proyecto político. El flamante embajador de Estados Unidos en Bolivia, Philip S. Goldberg, calificó de «falsa» la denuncia del presidente venezolano Hugo Chávez de que está en marcha, con respaldo de Washington, un golpe de Estado contra su par boliviano Evo Morales.

En el caso de los transportadores, agrupados en la Confederación Nacional de Choferes de Bolivia (CCHB), el conflicto más que resolverse se aplazó.

En el caso de los mineros, el gobierno zanjó en la disputa entre mineros privados (cooperativistas) y estatales (sindicalizados), que la semana pasada lucharon a muerte por el control del yacimiento de estaño de cerro Posokoni (300 km al sur de La Paz).

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