El fatídico 11 en Nueva York
LO QUE OCURRIÃ el miércoles 11 en Nueva York reviste extraordinaria importancia, pero ha sido silenciado a propósito por el gobierno norteamericano, porque demuestra que toda la retórica sobre el combate al terrorismo, base de la política externa e interna de Bush, es un vacuo palabrerío destinado a encubrir la agresión a otros países para apoderarse del petróleo, las torturas en los campos de concentración como Guantánamo y otros, así como las medidas represivas internas que cercenan los derechos de los ciudadanos al tiempo que el gobierno protege a terroristas patentados.
La avioneta misteriosa
Ese día una avioneta impactó un rascacielos en Manhattan, y la imagen de las llamas que salían de dos pisos superiores reprodujeron de inmediato, entre los aterrorizados neoyorkinos y en el mundo entero, el recuerdo de otro día 11 fatídico, el de setiembre de 2001 en las Torres Gemelas de la misma Nueva York Al día de hoy, no se conoce siquiera el nombre del piloto del aparato. Ni mucho menos qué andaba haciendo por los aires a esas horas. Todas las informaciones se centraron en lamentar la muerte del pitcher de un equipo de béisbol. Bush y el alcalde Blumberg salieron de inmediato a decir que no se trataba de un acto terrorista. Pero no explicaron cómo un aparato puede andar sobrevolando Nueva York sin el menor control y sin que se hubiera adoptado en el lapso siguiente ninguna medida de prevención. Es la demostración palmaria de que las proclamadas medidas antiterroristas, incluida la creación de un extendido aparato de espionaje, no ha servido para nada. Los grandes medios de difusión norteamericanos guardaron al respecto un sospechoso silencio, sin duda por sugerencia desde las alturas. La CNN también relegó el hecho en forma ostensible.
La última sesión del Senado norteamericano antes de entrar en receso, el viernes 29 de setiembre, fue muy significativa. Por presión del gobierno se votó la construcción del muro a lo largo de 1200 kilómetros de la frontera con México, que Bush promulgó de inmediato; se aprobó la creación de tribunales militares para juzgar a los presos de Guantánamo, a pesar de que la Corte Suprema juzgó que con esa iniciativa Bush se extralimita en sus poderes; y se autorizó el sistema de escuchas telefónicas y de revisión de correos electrónicos, entendido como potestad del presidente en la lucha antiterrorista. Estos hechos coincidieron con el aniversario del crimen de Barbados, que a 30 años de distancia está mostrando la complicidad del gobierno de Bush con un architerrorista de la calaña de Luis Posada Carriles.
El Bin Laden de Bush
Posada Carriles fue el organizador de la voladura del aparato de Cubana de Aviación que salió de Barbados en la última etapa hacia La Habana el 6 de octubre de 1976, provocando la muerte de sus 73 ocupantes, en su mayor parte un equipo de deportistas cubanos. Junto con él actuó el criminal Orlando Bosch, también coautor del atentado que segó la vida de Orlando Letelier en Washington, y que hoy se pasea libremente por Miami. En Cuba se recordó recientemente aquel episodio luctuoso por parte de familiares de las víctimas. En 1976, el jefe de la CIA era George Bush padre. Posada Carriles fue juzgado y encarcelado en Venezuela, de donde se escapó y continuó sus andanzas, en operativos tales como el asesinato de un turista italiano en un hotel de La Habana y en el complot para asesinar a Fidel Castro en la cumbre de Panamá. En los últimos meses anduvo por Centroamérica, luego por México de donde ingresó clandestinamente a EEUU. Por último lo detuvieron en Miami, le hicieron una parodia de juicio por delito de inmigración y lo trasladaron a Texas. Allí, este anticipo de Bin Laden permanece bajo la protección del gobierno de Bush. Este se niega a extraditarlo a Venezuela, que lo reclama para que termine de purgar sus crímenes.
Guantánamo y los muertos en Irak
La guerra de Irak es cada día más impopular en EEUU. Máxime desde que, según estudios de la Universidad John Hopkins, el número de muertos civiles excede los 650 mil. Son decenas cada día, y sin perspectiva de salir del atolladero. Bush dice que de ninguna manera se retirará, y al respecto se ha recordado la frase de un oficial yanki en la guerra de Vietnam, según el cual «hay que destruir al pueblo para salvarlo». Incluso Gran Bretaña critica a través de su canciller Margaret Beckett las condiciones imperantes en Guantánamo y el nuevo comandante de sus fuerzas en Irak reconoce que suscitan el rechazo de la población.
Toda la política «antiterrorista» de Bush está en jaque y el 5 de noviembre puede hacerle perder a los republicanos la mayoría del Congreso, por lo menos de la Cámara de Representantes.
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