Divididos por velo islámico
Straw confesó que le molesta hablar con alguien a quien no ve el rostro, pero su comentario provocó la cólera de líderes musulmanes.
El ‘niqab’, el velo que cubre el rostro salvo los ojos, «es la expresión visible de una diferencia» cultural, escribió Straw el jueves pasado en el diario local de su circunscripción, el Lancashire Evening Standard.
Llevar un velo «vuelve más difíciles la mejora de las relaciones entre las dos comunidades», añadió.
Straw recordó no obstante que Gran Bretaña «es un país de libertades» y afirmó que defiende «el derecho de toda mujer a llevar un velo en la cabeza». «Pero creo que las conversaciones serían más fáciles si el rostro no estuviese oculto por un velo», estimó.
Según Downing Street, Straw dio simplemente «su opinión personal» sobre el asunto. Cuatro ministros le criticaron el domingo, al considerar que el debate sobre el velo puede perjudicar las relaciones entre musulmanes y no musulmanes.
Las mujeres pueden vestirse como deseen y sus opciones deben ser respetadas, declararon el viceprimer ministro, John Prescott, el ministro de Irlanda del Norte, Peter Hain, la ministra de Salud, Patricia Hewitt y la ministra de Comunidades y Mujeres, Ruth Kelly.
Straw fue no obstante apoyado por otros dos ministros, el de Relaciones Inter-comunitarias, Phil Woolas, y la ministra de Asuntos Constitucionales, Harriet Harman.
Woolas sostuvo que el uso del velo «puede crear miedo y resentimiento entre los no musulmanes, y conducir a la discriminación».
El Consejo Musulmán de Gran Bretaña dijo en un principio comprender a Straw, pero informó luego que fue blanco de una avalancha de e-mails racistas.
«El problema no es el niqab», comentó Inayat Bunglawala, uno de sus responsables. «Algunas mujeres eligen llevarlo y otras no, es una opción personal (…) Puede herir a algunos hablar con alguien a quien sólo ven los ojos. Pero (lo que hizo Straw) no fue la mejor manera de plantear el problema», opinó.
Otros grupos que representan a los musulmanes acusaron al ex ministro de echar leña al fuego de las tensiones raciales y religiosas, que aumentan desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, y más aún desde los atentados del 7 de julio de 2005 en Londres.
La Comisión Islámica de los Derechos Humanos fue más lejos, y acusó a Straw de «desencadenar olas de xenofobia racista».
Un solo alto dirigente de la comunidad musulmana, el jefe del Parlamento musulmán de Gran Bretaña, Ghayasuddin Siddiqui, le dio la razón, y lamentó que se permita a «los musulmanes extremistas» establecer la posición de la mayoría de los seguidores del Islam.
Menos del 5% de las musulmanas que viven en Gran Bretaña llevan niqab. Decenas de miles visten simplemente el «hijab», que cubre los cabellos, incluido en las escuelas y en los empleos públicos.
La ley francesa de 2004 que prohibió llevar a la escuela símbolos religiosos «ostensibles», incluido todo tipo de velo, es percibida en general en Gran Bretaña como un obstáculo a la libertad religiosa. *
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