Cambio de régimen en EEUU

Los cada vez más desesperados políticos republicanos están tratando de tomar distancia del presidente George W. Bush y de su vicepresidente, Dick Cheney. El gobierno, por su parte, halla crecientemente difícil dar un sesgo positivo al fiasco en Irak, al resurgimiento del Talibán en Afganistán, a la torpeza burocrática de Washington en el desastre del huracán Katrina, a la política inmigratoria, a las batallas por las zonas de influencia entre la CIA, el FBI y ahora con la Comisión Informante sobre el 11 de setiembre, la subida vertiginosa de la deuda, a las revelaciones sobre la corrupción y el escándalo del diputado republicano Mark Foley.

Incluso nosotros, leales ciudadanos de Estados Unidos, estamos crecientemente desencantados con los demócratas, quienes se ven a menudo atrapados en la sordidez de Washington, del dinero sucio y de las manipulaciones para proteger a titulares de cargos oficiales. Nuestro duopolio de dos partidos políticos hace un simulacro de cooperación «bipartidaria» y llama hipócritamente a la unidad nacional.

Demasiados votantes ven sólo una colusión entre los poderosos intereses especiales corporativos y financieros y los legisladores con la industria de los grupos de presión en expansión para hacer tratos que dejan fuera a los ciudadanos comunes.

El rígidamente controlado duopolio partidario hace que se inviable un tercer partido a menos que sea conducido por millardarios como Ross Perot. Ambos partidos controlan los debates por televisión y los hacen converger en una estrecha serie de eslóganes que evitan la mayoría de las profundas crisis internas en Estados Unidos, como la de los déficit fiscal y comercial fuera de control, los vertiginosamente crecientes costos de la asistencia médicos con el 46% de la ciudadanía sin cobertura y más de 90.000 muertes anuales por errores médicos-, del defectuoso sistema escolar y del aumento sideral de los costos de la enseñanza universitaria.

Resulta entonces claro que son esenciales reformas profundas del sistema político estadounidense que vayan bien más allá de un cambio de régimen. Por ejemplo: La reforma del financiamiento de las campañas electorales para hacerlo transparente.

El retorno del requisito de que todos los medios autorizados para usar las ondas radiales públicas actúen de acuerdo con la Doctrina de la Imparcialidad y las disposiciones sobre derecho de respuesta de la Ley de Comunicaciones de 1934;

La revisión y estandarización de las elecciones a escala nacional, la abolición del Colegio Electoral, la obligación de que todos los supervisores y funcionarios electorales no estén afiliados a los partidos políticos, la exigencia de que todas las máquinas de votación sean transparentes para los votantes y proporcionen recibos de las papeletas de votación y hagan que votar sea más fácil u obligatorio, como en Australia;

La reforma del injusto y demasiado complejo código impositivo federal.

La reforma del sistema bancario para reducir el endeudamiento imprudente y requerir al Banco Central que use todas las herramientas a su disposición para enfriar la inflación sin acudir exclusivamente a la suba de las tasas de interés o de bajarlas para evitar recesiones.

El establecimiento de la atención sanitaria universal, que es estándar en todas las demás grandes democracias y que reduciría sustancialmente los costos.

La utilización de nuevos indicadores para medir el progreso ecológicamente sostenible y equitativo hacia el desarrollo humano.

Estas son algunas de las reformas sistémicas que el próximo régimen estadounidense debería abordar. Felizmente, un nuevo libro, El Plan: gracias ideas para Estados Unidos, de un poco conocido congresista demócrata, Rahm Emanuel, de Illinois, y de Bruce Reed, editor de «Blueprint» y presidente del Consejo Directivo Demócrata, ha puesto en evidencia el desafío existente.

El libro pide una verdadera reforma impositiva, un servicio civil general para la comunidad a cargo de todos los ciudadanos de entre 18 y 25 años, educación universitaria universal y pasos hacia un cuidado sanitario global solventado mediante un recorte de los actuales miles de millones de dólares de subsidios en beneficio de las corporaciones y de los gastos en despilfarradores sistemas armamentistas. También reclama restaurar un código impositivo justo, pasos hacia una economía menos dependiente de los combustibles fósiles y muchas otras reformas prácticas.

El Plan merece una amplia audiencia y cobertura por parte de los principales medios de comunicación. Si se concreta podría demostrar al resto del mundo que el discurso político en Estados Unidos no está clínicamente muerto y que más de la mitad de los norteamericanos están buscando un cambio de régimen. *

(*) Hazel Henderson, economista y escritora estadounidense, su último libro es Ethical Markets: Growing the Green Economy. (Exclusivo de IPS.)

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