Benedicto XVI jubiló a obispo enfrentado con el presidente argentino

Tensa relación con la Iglesia

El portavoz del arzobispo Jorge Bergoglio dijo que «un Presidente debe ser consciente de que es presidente de todos los argentinos, que es su responsabilidad mayor». También advirtió que se vive con «una sensación de inseguridad» importante.

Los roces se avivaron la semana pasada cuando el Presidente viajó a Misiones a alentar la cruzada de su gobernador Carlos Rovira, que impulsa una reforma de la carta magna provincial para obtener la posibilidad de una reelección indefinida. En esas horas, Kirchner intercambió pullas con dos obispos de Misiones donde los tiempos de la dictadura estuvieron en las lenguas y, se sabe, Kirchner es crítico con lo hecho entonces por la jerarquía eclesiástica. Uno de los obispos le replicó: «El Presidente no tiene pergaminos de lucha por los derechos humanos» en esos días.

En esa provincia se enfrenta a la reelección sine die una coalición que lidera el obispo de Iguazú, Joaquín Piña, un jesuita con antigua lucha contra Alfredo Stroessner cuando ejerció su sacerdocio en Paraguay, de donde debió exiliarse. Piña tiene el aval del arzobispo de Buenos Aires. El Papa Benedicto XVI resolvió jubilar al obispo Piña. Este último estaba en condiciones de pasar a la clase pasiva, mas no parece fortuito que desde Roma se haya apurado el trámite, a guisa de mensaje que el Vaticano no desea agrietar sus relaciones con el gobierno argentino.

Todavía no están cerradas las cicatrices que dejó la sanción de Kirchner contra el vicario castrense, el obispo Antonio Basseoto, por haber maldecido al ministro de Salud, Ginés González García, que propicia medidas anticonceptivas que los religiosos (y el Vaticano) suponen como una avanzada a favor de legalizar algunas formas de aborto.

Bergoglio, con una relación casi inexistente con Kirchner, bajó línea a favor de hacer que la Iglesia participe activamente en política cuando hay lo que considera vacíos en la contención de «excesos» institucionales que adjudican al Presidente.

Ayer el arzobispo conferenció con líderes del radicalismo, un partido laico, donde se abordaron precisamente asuntos de calidad institucional que desvelan a la oposición. Los de la UCR leyeron con satisfacción un mensaje reciente del cardenal donde reclamó al gobierno «no sembrar la discordia».

Benedicto XVI designó en reemplazo de Piña al sacerdote cordobés Marcelo Martorell, un ex colaborador directo del cardenal Raúl Primatesta, el religioso más comprometido con la dictadura. ¿Puede leerse esta designación como un mensaje a Kirchner, quien viene criticando duramente a la Iglesia por su complicidad con los tiempos del terror? Hay otra lectura posible: el apuro de Roma de proceder al reemplazo de Piña, no avala a Bergoglio, pero tampoco el discurso del Presidente. Nada es fácil en este mundo.

Los misioneros elegirán convencionales el 29 de este mes y Rovira ya no deberá enfrentarse con un obispo en funciones que contaba, de alguna manera, con el amparo de la Iglesia.

De cualquier modo, la postura de su sucesor sobre el proyecto de reelección indefinida parece ir en la misma línea que la de Piña. Consultado sobre si coincidía en las palabras de su antecesor acerca de que el proyecto de Rovira era «de dictadura» fue contundente: «Por supuesto». *

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