El terrorismo y la guerra en Irak calientan las legislativas en EEUU

Bin Laden enfrenta a Bush y Clinton

Cinco años después de los ataques del 11 de setiembre, Osama bin Laden no pudo ser capturado, y estaría en algún lugar de la frontera entre Pakistán y Afganistán. Recientes rumores sobre su muerte fueron recibidos con escepticismo en Washington y Europa.

El informe de la comisión investigadora del 11 de setiembre, publicado en 2004, no deja en claro cuál de los dos presidentes hizo más por perseguir a Bin Laden.

En diciembre de 2000, durante la transición entre ambas presidencias, Bush y Clinton se encontraron para discutir cuestiones de seguridad.

Clinton afirma que en esa instancia le previno a Bush que Bin Laden era «la mayor amenaza» para Estados Unidos y que su «mayor decepción» era no haber podido capturarlo o matarlo, dice el informe.

Por su lado, Bush le dijo a la comisión investigadora que no se acuerda de que Clinton lo haya prevenido sobre Al Qaeda en esa reunión. Lawrence Wright, de la revista The New Yorker y autor de un libro sobre Al Qaeda previo al 11 de setiembre, condena a ambos presidentes, y afirma que fueron penalizados por la incapacidad de los servicios de inteligencia estadounidenses para proporcionar información sólida al respecto.

 

Informe responsabiliza a Clinton y Bush

«El terrorismo no fue motivo prioritario de preocupación y atención en materia de seguridad nacional para la Administración de Clinton y la Administración Bush previo a los ataque. El peligro terrorista representado por Bin Laden y Al Qaeda no fue un tema prioritario de política y debate público, los medios o el Congreso», indica el reporte final de la Comisión Nacional sobre los Ataques Terroristas.

El gobierno de Bush «no hizo nada» en los primeros meses de 2001, explicó a la cadena CNN. «No elaboró una política coherente» al respecto, agregó.

«Esa es la diferencia entre yo y los otros, incluyendo todos los derechistas que ahora me están atacando», dijo Clinton en la entrevista.

Los jerarcas del gobierno Bush «habían empezado a tratar de desarrollar un plan completo, un abordaje sistemático del tema Al Qaeda, pero el trabajo era lento», y hacia la fecha de los ataques «no tenían un borrador», dijo el demócrata.

Contrariamente a las afirmaciones de Clinton, según las cuales el gobierno de Bush «no tuvo ni una sola reunión sobre Bin Laden» durante los ocho meses después de su partida, en realidad sí hubo varias reuniones pero no de alto nivel, como reclamaba el jefe de la lucha anti-terrorista de la Casa Blanca, Richard Clarke, según el informe de la comisión.

El informe también desmiente a Rice, que asegura que el gobierno de Clinton no dejó «una estrategia para combatir a Al Qaeda».

Rice sí recibió un informe, el 25 de enero de 2001, sobre la estrategia para combatir a Al Qaeda, asegura la comisión.

Wright rechaza la afirmación de Clinton de que después del ataque al buque estadounidense «USS Cole» en octubre de 2000 en el puerto de Aden, reivindicado por Al Qaeda, tenía «planes» para ir a Afganistán, sacar a los talibanes del poder y buscar a Bin Laden.

Clinton había dado su acuerdo para matar a Bin Laden pero no había aprobado un plan específico al respecto, según Wright.

El informe de la comisión del 11 de setiembre no menciona planes para una invasión a Afganistán ni para una operación para sacar a los talibanes del poder, sino únicamente opciones más limitadas, que preveían usar misiles crucero y fuerzas especiales.

 

Hillary defiende a su esposo

La senadora por Nueva York, Hillary Clinton, salió en defensa de su esposo, y dijo que «demostró cabalmente que los demócratas no aceptarán esos ataques». Añadió que si el ex presidente «hubiera recibido un informe secreto titulado ´Bin Laden decidido a atacar dentro de Estados Unidos´ hubiera tomado la advertencia con más seriedad, que el actual presidente y su equipo de seguridad nacional».

Aludía a un informe secreto que recibió el gobierno de Bush en agosto del 2001, un mes antes de los ataques, en el cual se mencionaban planes concretos de la organización Al-Qaeda para lanzar atentados en territorio estadounidense. Cuando ese informe secreto fue discutido en la Casa Blanca, Rice era asesora de Seguridad Nacional.

«Lo que hicimos en los ocho meses» previos a los ataques del 11 de septiembre del 2001 «fue al menos tan agresivo como lo que el gobierno de Clinton hizo en los años previos», declaró Rice durante una reunión con ejecutivos y periodistas del The New York Post.

«La noción de que de alguna manera, durante ocho meses, el gobierno de Bush estuvo sentado sin hacer nada es rotundamente falsa», indicó. «Y creo que la comisión que investigó los ataques del 11 de septiembre entendió eso». Rice también aludió a la declaración de Clinton de que había «dejado una estrategia global para combatir el terrorismo» cuando abandonó la presidencia. «No nos dejó una estrategia global para combatir a Al-Qaeda», dijo.

Para el portavoz de la Casa Blanca, Tony Snow, los servicios de inteligencia estadounidenses se deterioraron durante el gobierno demócrata. Desde que asumió sus funciones, el presidente republicano Bush ha tratado de remontar esta situación, dijo. «Estados Unidos había reducido sus medios militares y de inteligencia» luego de 1993, declaró el funcionario.

La publicación el martes de algunas páginas de un documento de los servicios de inteligencia sobre Irak y el terrorismo, en las que se afirma que la guerra en Irak «está formando una nueva generación de terroristas» y que un retiro prematuro sólo envalentonará a los terroristas, también echó más leña al fuego y desencadenó duros enfrentamientos verbales entre demócratas y republicanos.

El Estimado Nacional de Inteligencia, que el gobierno hizo público tras la filtración a la prensa de algunas de sus partes, pronostica un aumento de los riesgos contra los intereses estadounidenses, tanto en lo interior como en el exterior.

 

Ceguera ideológica, dice Kerry

Especialistas de 16 agencias de espionaje estimaron que el conflicto iraquí favoreció el aumento del terrorismo contra Estados Unidos, lo que contradice la versión de la Casa Blanca.

«La verdad es clara», aseguró el ex candidato demócrata a la presidencial John Kerry: «la arrogancia de la administración, su incompetencia y su ceguera ideológica nos deja con más terroristas que quieren matar a estadounidenses en el mundo».

En opinión de Zbigniew Brzezinski, asesor de seguridad nacional del ex presidente Jimmy Carter entre 1977 y 1981, los partidarios de una línea dura en el gobierno de Bush «se beneficiaron del impacto emocional del 11 de setiembre para embarcar al país en una política aventurada, partidaria y destructiva».

La mayoría republicana no le fue a la zaga y trató a sus adversarios demócratas de «derrócratas» dispuestos a cualquier cosa con tal de «deformar la guerra contra el terrorismo».

Lo que está en juego en la guerra y en las elecciones es bastante, sostuvo Bush. «Cinco años después del 11 de setiembre, los demócratas no han ofrecido nada sino críticas, así como obstrucción y una interminable serie Franklin Delano Roosevelt y de Harry Truman, se ha convertido en «el partido de los oportunistas», acusó.

 

Influidos por la propaganda  enemiga, acusa Bush

El presidente Bush acusó a los críticos de la guerra en Irak, que esgrimen informes oficiales que concluyen que el conflicto nutrió las filas terroristas, de estar influidos por «la propaganda del enemigo».

Bush aprovechó un discurso pronunciado en Washington para responder a quienes usaron el informe para «argumentar que combatiendo a los terrori
stas, combatiéndolos en Irak, estamos haciendo que nuestra gente esté menos segura aquí».

«Este argumento está influido por la propaganda del enemigo en el sentido de que los terroristas nos atacan porque los estamos provocando», señaló. «No se crea al terrorismo por combatirlo», añadió.

«Irak no es la razón por la que los terroristas están en guerra contra nosotros. Están guerra porque odian todo lo que Estados Unidos significa», afirmó.

Con la aspiración de desplazar a los republicanos del control de ambas cámaras del Congreso, los sondeos indican que para el 68% de los demócratas el tema iraquí es muy importante rumbo a los comicios del 7 noviembre. Mientras, menos del 40% de los republicanos tiene esta percepción.

«La verdad es que la evaluación hecha por expertos de inteligencia dice que el próximo año 2007 será peor en Irak y, en público, tenemos al presidente y al Pentágono diciendo ‘No, las cosas van a mejorar'», aseguró el periodista Bob Woodward, quien participó en la investigación que descubrió el escándalo de Watergate que llevó a la dimisión del presidente Richard Nixon en 1974.

Un reciente informe coordinado durante dos años por Anne-Marie Slaughter y John Ikenberry, ambos de la Universidad de Princeton, sugiere que la política exterior tras el 11 de setiembre de 2001 ha sido demasiado simplista, e incluso contraproducente para afrontar los desafíos del siglo XXI.

La línea del gobierno debería depender menos del poder militar y más de mecanismos diplomáticos, según el estudio de 90 páginas divulgado este miércoles y realizado en el marco del Proyecto Princeton sobre Seguridad Nacional.

Washington también debería apelar menos al uso unilateral de la fuerza y más a la cooperación con otros estados democráticos, según el documento en el que trabajaron unos cuatrocientos expertos demócratas y republicanos.

Ninguna de las últimas elecciones legislativas de mitad de mandato provocó un debate tan agrio sobre seguridad nacional, afirma el politólogo John Mueller, profesor en la Universidad del estado de Ohio, al menos desde las elecciones de 1970, dominadas por la guerra de Vietnam, o las de 1962, tras la crisis de los misiles con Cuba en 1962.

Ayer, el Congreso entró en receso y los legisladores se sumaron de lleno a enfrentar las campañas para las elecciones de noviembre.

Los sondeos justifican la atención que los políticos dedican a la guerra en Irak y al terrorismo, habitualmente a la cabeza de las preocupaciones de los votantes: la situación en Irak era el tema más importante de la campaña para 27% de los estadounidenses, seguido por el terrorismo con un 19% y delante de la economía, según los últimos sondeos.

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