El mundo dividido

Escrito por: Paablo Behrens

Jueves 28 de septiembre de 2006 | 4:06
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Es obvio que los países líderes han fracasado en su intento de dirección mundial. Las debacles de Irak y Afganistán, así lo atestiguan. Darfur y Chechenia, igual. El Líbano resultó ser sólo la última y más obvia vergüenza de un mundo dividido.

Naciones que antes apoyaban, oficialmente al menos, los derechos humanos, hoy niegan o ponen en duda la validez del intento civilizador de la Convención de Ginebra y el pronunciamiento de la Naciones Unidas en contra de la tortura.

Pobreza mundial, hambrunas, descuido del medio ambiente y el potencial desastre de un calentamiento global acelerado, sólo agregan aderezo a un caldo de cultivo que está a punto de estallar.

Podría decirse entonces que el mundo está pronto para la nueva influencia civilizadora de Uruguay.

En los últimos 50 años de su historia, Uruguay no fue tomado en serio como país. Estuvo perdido en la penumbra. Sin ideas nuevas, ni reenfoques viables en la maquinaria estatal o privada. Nos convertimos en apenas un recuerdo de lo que habíamos sido y muy pocos se dieron cuenta.

Sus políticos, sus diplomáticos y sus formadores de opinión oficialistas, lo único que proponían eran burdas soluciones copiadas de otros sistemas, mientras que ignoraban la realidad nacional. Gracias a ellos, Uruguay había caído bajo la brutal influencia de juntas militares vecinas. Ese fue nuestro nivel intelectual máximo durante demasiado tiempo.

Uruguay tiene hoy una oportunidad histórica.

¿Qué tienen hoy para ofrecer otros pueblos? Veamos el caso de Europa. Sin duda que con la inclusión de 25 países en su estructura continental su potencial económico está asegurado. Europa del este le ha proporcionado a la Unión Europea no solo millones de trabajadores baratos, sino también mano de obra calificada y educada según los mejores estándares manuales y mentales de la Europa milenaria.

Es cierto, el futuro de Europa está asegurado. Algunos incluso hablan del traspaso del liderazgo mundial muy pronto, de Estados Unidos al pluralismo europeo. Pero por ahora es imposible para los retadores ofician de líderes mundiales. Mareas humanas se movilizan de un país a otro sembrando discordia e inseguridad económica. La competencia asiática globalizada se hace sentir, el hambre africano y el terrorismo islámico los tienen sitiados.

La división de entre “vieja y nueva Europa”, provoca alianzas políticas inusuales que la han debilitado. Por ejemplo, Polonia e Inglaterra marchan hombro con hombro con EEUU en Irak y Afganistán y amenazan con invadir Irán, mientras que Francia, España e Italia buscan una salida negociada a los diferendos mundiales.

Del otro lado del Atlántico norte, la cosa no aparece mucho mejor. Está categóricamente establecido y reconocido por las principales figuras pensantes de la izquierda y derecha en ambas márgenes del océano, que el gobierno Bush fracasó en su primer intento de dirigir al mundo. Y no va a tener una segunda oportunidad.

La doctrina neo-conservadora de Bush quedó empantanada en la primera batalla, no solo militarmente, sino moralmente. Lo que se pensó se había dejado abandonado en los rincones más oscuros de la historia negra mundial reciente, como las cárceles clandestinas, las desapariciones, los vuelos secretos, los escuadrones de la muerte y la tortura, hicieron su reaparición virulenta, justamente, en los países ocupados por la coalición de la guerra contra el terror. No es un buen comienzo para una nueva visión moralista.

El mundo entonces, por primera vez en cien años, está pronto para la madurez intelectual del pueblo uruguayo. Ese es nuestro reto. Debemos aceptarlo porque en la persecución de nuestra nueva moral, estará también nuestra propia salvación. ¿Porqué no? ¿Tenemos otra alternativa?

La historia reciente rioplatense y el tamaño de Uruguay como país nos colocan en posición inmejorable para convertirnos en la conciencia de América Latina. O por lo menos en su hipotálamo. La diplomacia uruguaya que desde hace décadas está inactiva, podría convertirse en un arma de inusual potencia comunicadora para la nueva empresa. Tenemos puntos de ventas en todas las capitales del mundo ya apostados: nuestras embajadas. Ahora, el único escollo es nuestra propia inteligencia.

Está claro que hay varios países latinos que buscan colocarse punteros, al acercarse la última curva continental. Obrador o Cárdenas en México, Lula en Brasil, Kirchner en Argentina, Chávez en Venezuela, Morales en Bolivia. Seguidos de cerca, fusta en mano, Alán García, Michelle Bachelet, Alvaro Uribe y otros.

En cuestión de líderes no estamos cortos. Ahora hacen falta ideas. ¿Estamos seguros que cualquiera de ellos tiene “la justa”? ¿O precisan de algún apoyo intelectual?

Aparte de nuevas necesidades económicas y una mejor distribución de la riqueza hay también otros estandartes que han quedado olvidados recientemente: erradicar corrupción, nepotismo, negligencia, mafias, militarismo, monopolios; además de fortalecer derechos humanos, medio ambiente, justicia, democracia real y mejor futbol (siempre viene bien). Es la hora de una conducta uruguaya verdadera. Las ideas pueden ser más fuertes que el dinero: no cuestan nada y se propagan rápido. Sólo tienen que ser válidas hoy y siempre. *

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