Alckmin a la carga, para lograr una segunda vuelta

A seis días de los comicios brasileños, el socialdemócrata Geraldo Alckmin se lanzó a la carga contra el presidente Luiz Inacio Lula da Silva, favorito a la reelección pero castigado por escándalos, para lograr una segunda vuelta electoral, la única esperanza de victoria.

A seis días de las elecciones en Brasil, la alianza que apoya a Alckmin, entre el Partido de Social Democracia Brasileña (PSDB) y el Partido del Frente Liberal (PFL, derecha), convocó este lunes en Sao Paulo a un acto «Por un Brasil Decente».

Alentado por la caída de popularidad de Lula tras la participación de su entorno en un supuesto complot político, Alckmin, según la prensa, lanzará munición contra el presidente y su izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), a los que ya ha acusado de estar vinculados a «organizaciones criminales».

Las encuestas continúan anticipando una victoria de Lula en la primera vuelta, pero con una sostenida erosión que podría hacerlo caer por debajo del 50% y obligarlo a disputar un balotaje con Alckmin, el 29 de octubre.

El último resultado divulgado el domingo atribuye a Lula 52% de votos válidos; el 21 de septiembre estaba en 54% y el 27 de agosto en 60%. Alckmin, por su lado, creció de 33% a 36%.

«Precisamos menos anuncios del gobierno, que está sirviendo a organizaciones criminales, pero el presidente debería sí dar las explicaciones que la sociedad aún espera sobre los escándalos de su gestión», afirmó Alckmin el domingo en el nordestino estado de Paraíba.

Se puede «engañar una vez, engañar dos veces, pero no se puede engañar todo el tiempo», afirmó.

El presidente Luiz Inacio Lula da Silva enfrenta un nuevo escándalo a pocos días de las elecciones del domingo, con las mismas armas que le sirvieron para sortear las denuncias de corrupción de 2005 y recuperar su condicion de candidato favorito.

Su estrategia combinó elementos en apariencia contradictorios: dijo que la justicia debía decidir la gravedad de los hechos, pero afirmó que éstos no eran tan graves como se suponía; se declaró «traicionado», pero atribuyó las denuncias a una «conspiración» de las «elites» y la prensa; se separó de colaboradores para demostrar que estaba dispuesto a «cortar en la propia carne», y al mismo tiempo se dijo convencido de que eran inocentes.

Y en todos los casos alegó que no estaba al tanto de lo que estaba ocurriendo, así como «un padre no puede saber todo lo que hacen sus hijos».

Todo eso le dio resultado, porque le permitió blindarse a la primera crisis y evitar un proceso de destitución que tanto la oposición como la Orden de Abogados de Brasil (OAB) estudiaron incoarle, y resurgir con ímpetu en las encuestas como candidato favorito, después de haber visto durante unos meses su reelección amenazada.

En el primer escándalo fue desplegando esa panoplia de argumentos y medidas a lo largo de tres meses, después de que un diputado aliado denunciara en junio que el oficialista Partido de los Trabajadores (PT, izquierda) había pagado sobornos de miles de dólares mensuales a decenas de diputados.

En el segundo escándalo, que estalló con la detención el 15 de septiembre de dos personas ligadas al PT con 800.000 dólares, presuntamente destinados a comprar documentos comprometedores sobre líderes opositores, hizo todo eso en el espacio de diez días. *

– EL ‘MENSALAO’ (pago mensual a congresistas) se convirtió en uno de los vocablos más populares de Brasil. Surgió en junio de 2005 cuando el diputado Roberto Jefferson, de un partido de derecha aliado de Lula, denunció que el oficialista Partido de los Trabajadores (PT, izquierda) había sobornado con fondos públicos a decenas de diputados para asegurarse su apoyo político.

Las denuncias provocaron la renuncia de José Dirceu, ministro jefe de gabinete de Lula, y de la plana mayor del PT.

El PT admitió haber creado una caja paralela para financiar campañas electorales, un delito menos grave que el de las ‘mensualidades’, porque no supone soborno ni desvío de fondos públicos; además, sería una práctica «sistemática» en Brasil, como dijo el propio Lula.

El procurador general de la República acusó en abril a 40 personas -ex ministros (incluyendo a Dirceu), diputados, políticos y empresarios- como miembros de una «banda» sospechosa de «evasión de divisas, evasión fiscal y lavado de dinero» que pretendía «garantizar la permanencia del PT en el poder».

El Consejo de Etica de la Cámara investigó a 19 diputados, pero sus colegas sólo aprobaron la destitución de tres (entre ellos Jefferson y Dirceu). Cuatro renunciaron antes del proceso. Once fueron absueltos. Uno todavía no fue juzgado.

El ‘mensalao’ trajo a primer plano cuestiones relacionadas con los manejos de fondos del PT antes de la llegada de Lula al poder; una de esas ramificaciones provocó en marzo la renuncia del ministro de Hacienda, Antonio Palocci, sospechoso de haber cobrado coimas de empresarios cuando era alcalde de Riberao Preto (estado de Sao Paulo), en 2001-2002, para financiar al PT.

– MAFIA DE LOS CHUPASANGRE (o de las ambulancias): en mayo de 2006 la Policía Federal desarticuló una red que fraguaba licitaciones de compra de ambulancias para municipios, previa negociación con parlamentarios que autorizaban la liberación de recursos y eran ‘retribuidos’ con la sobrefacturación. Los congresistas involucrados pertenecen a bancadas oficialistas y opositoras.

El esquema habría comenzado durante el gobierno del socialdemócrata Fernando Henrique Cardoso (1995-2003) y continuado en el de Lula. Una comisión parlamentaria aprobó en agosto un informe parcial que recomienda abrir proceso de destitución contra 69 diputados (de un total de 513) y 3 senadores (de un total de 81). La justicia, por su lado, investiga a 84 legisladores.

– ESCANDALO DE LA COMPRA DE DOCUMENTOS (o dosiergate): estalló el 15 de setiembre, cuando dos personas vinculadas al PT fueron detenidas con el equivalente de 800.000 dólares presuntamente destinados a comprar documentos que involucrarían en la ‘mafia de los chupasangre’ a los líderes socialdemócratas Geraldo Alckmin, principal adversario de Lula en las elecciones, y a José Serra, ministro de Salud de 1998 a 2002, y favorito para ganar la gobernación de Sao Paulo.

Ocho personas vinculadas al PT (incluidos los detenidos) fueron implicados en el asunto, entre ellos el presidente del partido, Ricardo Berzoini, que fue separado de la coordinación de la campaña electoral, y un asesor directo del mandatario, Freud Godoy, que renunció.

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