Medio Oriente: es hora para una acción vigorosa y concertada
La actual política estadounidense-israelí en Oriente Medio ha causado tan enormes daños y tan graves problemas tanto para Israel como para el Occidente en general que otras potencias deberían tener más confianza para criticarla y para emprender una acción vigorosa y concertada en la región.
Casi nadie está en desacuerdo en que las actuales tragedias tienen sus raíces en el período anterior al establecimiento del estado de Israel en 1948. Después de concluida la Primera Guerra Mundial, en lugar de la prometida independencia, los árabes recibieron nuevos gobernantes de Occidente, quienes exigieron que aquellos a quienes estaban oprimiendo se abstuvieran de toda violencia.
En Irán se recuerda cómo las potencias europeas buscaron repartirse el país entre ellas. En la década del 50 Estados Unidos infiltró la sociedad iraní para asegurarse el ascenso al poder de un gobierno complaciente con los intereses petroleros occidentales. Luego, durante la guerra Irán-Iraq de los 80, Estados Unidos ayudó a Saddam Hussein.
Pero los acontecimientos en Palestina de 1948 en adelante eclipsaron casi todos los demás hechos que podían tener efecto sobre el pensamiento de la región. Incluso antes de la creación del estado de Israel, terroristas judíos instigaron masacres de palestinos. Israel echó a 700.000 árabes de sus hogares y se rehusó a permitirles regresar, en clara violación de las condiciones establecidas por las Naciones Unidas para el establecimiento del nuevo estado.
La invasión de 1982 al Líbano causó muertes y destrucción en masa. La decisión de Israel de permanecer en el Líbano condujo al surgimiento del Hezbolá (Partido de Alá), que recibió ayuda de Irán para embarcarse en la resistencia armada. A su vez, esta resistencia originó nuevos ataques israelíes contra el Líbano en 1993 y 1996 que provocaron la muerte de numerosos libaneses y revigorizaron a Hezbolá. Las fuerzas de ocupación israelíes se retiraron de el Líbano en el 2000 después de sufrir considerables bajas. El resultado de las invasiones israelíes fue la creación de un más peligroso adversario.
En las elecciones celebradas este año una clara mayoría de palestinos votó por Hamas, lo que abrió nuevas posibilidades tanto para la estabilidad en los Territorios Ocupados como para las negociaciones de paz. Hamas ha indicado que reconocería a Israel si Israel reconoce el derecho de los palestinos a su propio estado de acuerdo con las resoluciones de la ONU. Pero Israel se rehusó a discutir esta propuesta.
Israel tenía en sus cárceles a miles de prisioneros palestinos cuando un solo soldado israelí fue capturado en una acción palestina. Ello fue usado como pretexto para un ataque armado contra Gaza que en seis semanas costó la vida a más de 200 palestinos y causó una indescriptible miseria.
No mucho después, Hezbolá llevó a cabo una operación contra un grupo de soldados israelíes. Este incidente no difirió de modo significativo de incidentes previos que han sido resueltos por medio de intercambio de prisioneros. Pero esta vez la respuesta de Israel fue un ataque al Líbano que eclipsó incluso el sufrimiento en Gaza.
Ese ataque atizó el odio contra Israel en los mundos árabe y musulmán y debilitó seriamente el respeto hacia Estados Unidos. Los terroristas en Iraq se sentirán mucho más fuertemente motivados para combatir contra quienes están cooperando con Estados Unidos. Los regímenes árabes que desean cooperar con Occidente se enfrentarán a una mayor oposición de parte de sus propios pueblos.
La situación de Israel se convertirá en crítica si este odio no es aplacado de algún modo antes de que el Occidente pierda la capacidad o el deseo de prevenir una catástrofe.
Resulta más claro que nunca que la paz en Oriente Medio es imposible sin la paz entre Israel y los palestinos. Los esfuerzos a favor de la paz no pueden fundarse en el supuesto de que los oprimidos deben primero renunciar a toda violencia. La historia muestra que los pueblos oprimidos a los que se priva de toda esperanza de una vida digna no renuncian a la violencia.
Los intentos de presionar al Líbano para que use la fuerza contra Hezbolá podrían ser contraproducentes. La transición hacia una única fuerza armada libanesa llevará tiempo. Algunos bien podrían temer que el Líbano quede indefenso si Hezbolá fuera desarmado antes de que el ejército libanés sea reorganizado. Y no se puede suponer con total confianza que la ONU tenga la capacidad suficiente para defender al Líbano después de la desalentadora experiencia con la Unifil, que no dio al país una verdadera protección. Y algunos también podrán recordar lo ocurrido en Bosnia, cuando la ONU fracasó en prevenir los asesinatos en masa de musulmanes, no muy diferentes de los que Ariel Sharon condujo en Beirut en 1982.
Es hora entonces para una acción vigorosa y concertada. *
(*) Kare Willoch, ex Primer Ministro y ex líder del partido conservador en Noruega.COPYRIGHT IPS.
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