El ex capitán fue el detonante y habría sido arrestado por un general

El poderoso Montesinos

Lima, ANSA

Montesinos, abogado y ex capitán del ejército de 54 años de edad, se erigió desde 1990 en el prominente asesor de Inteligencia de Fujimori y el estratega de las políticas que el régimen implementó para, según se afirma, garantizar una larga permanencia de hasta 30 años en el poder. A última hora trascendió que habría sido arrestado por un general del Ejército.

Este personaje cayó en desgracia luego que militares opuestos a su línea entregaron hace algunos días una serie de videos que el propio Montesinos ordenó grabar y que luego se convirtieron en el arma que terminó liquidándolo.

El video del escándalo muestra a Montesinos en momentos en que entrega miles de dólares al congresista oficialista, Alberto Kouri, para que asuma posiciones en defensa del régimen de Fujimori.

Desde que Fujimori llegó al poder en elecciones limpias, Montesinos asumió un rol protagónico y de enorme poder e influencia en las principales decisiones del mandatario.

Montesinos fue el autor intelectual y hasta ejecutor del autogolpe de Estado que Fujimori perpetró el 5 de abril de 1992, cuando disolvió el congreso, intervino el poder judicial, los partidos políticos y otras instituciones claves en la administración pública.

Expulsado en 1976 de las filas del Ejército por medida disciplinaria, Montesinos ha tenido una vida signada por hechos casi siempre ilegales, controvertidos y encubiertos.

La historia personal y profesional de Montesinos se hizo más notoria cuando defendió como abogado a conocidos mafiosos y narcotraficantes, de los que se alejó en su defensa a fines de la década de los 80.

Montesinos, con el aval político de Fujimori, se encargó de organizar la estructura de un enorme poder en las filas del alto mando militar, donde sus compañeros de promoción ocupan altos cargos en el Ejército. Hoy, cuando Fujimori anuncia el fin del poderoso Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), que en la práctica dirigía Montesinos, éste pierde el mecanismo que durante casi una década le dio el poder necesario para controlar a la clase política, a un sector de la prensa y a empresarios en dificultades.

Montesinos, según afirma el congresista Fernando Olivera, se convirtió en la pieza clave y determinante del «régimen gansteril y del chantaje» que, en su opinión, dirige el presidente Fujimori.

Montesinos, según todo parece indicar, organizó un archivo de al menos 350.000 fichas de muchas personalidades políticas, se intervinieron teléfonos y hasta se hicieron grabaciones de video de escenas sexuales escabrosas de políticos, diplomáticos extranjeros, periodistas, entre muchos de los que fueron blanco de los agentes operativos del SIN.

«Siniestro», es la palabra que muchos congresistas de la oposición utilizan para nombrar a Montesinos, quien hasta el momento no es hallado desde que Fujimori anunciara nuevas elecciones y su decisión de dejar el poder, probablemente en los próximos siete meses.

Montesinos, según lo supo ANSA de fuentes castrenses, también perdió en las últimas horas el apoyo de varios generales que se suponía fieles y leales a su propósito político.

Montesinos Torres es considerado, además, un colaborador de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos, y pieza clave para desentrañar una misteriosa vinculación con el denunciado tráfico de armas de 10.000 fusiles que fueron a parar a manos de la guerrilla colombiana.

Ahora empieza a tomar cuerpo la versión de que el propio Montesinos fue el mentor del tráfico de armas y que hizo la denuncia luego que un sector castrense lo amenazara con revelar otros entretelones de oscuros negocios con sectores al margen de la ley.

Aún está fresca en la memoria de los peruanos la denuncia que en su momento hiciera el famoso narcotraficante «Vaticano», quien señaló a Montesinos de haberle pedido miles de dólares a cambio de su liberación.

Fujimori ha anunciado la desactivación del SIN de Montesinos, pero muchos analistas ya se preguntan qué tan fácil puede resultar desmontar un poderoso engranaje de Inteligencia, intriga, crimen y hasta delación instaurado en los confines del poder que Montesinos administró a vista y paciencia del oficialismo.

El SIN dirigido por Vladimiro Montesinos Torres está conformado desde hace más de ocho años por una fuerza operativa de al menos 3.500 agentes de Inteligencia, reclutados de las filas de las fuerzas armadas y la policía nacional.

Su capacidad operativa trasciende las fronteras peruanas debido a su influencia en operaciones de Inteligencia con fines antidrogas en Bolivia, Colombia y México, según los partes secretos que administra su afinado «gabinete de operaciones» internacionales.

Pero el mayor cuestionamiento al SIN proviene de los propios peruanos, que consideran que este organismo ha logrado «dominar» el poder político y militar, al punto de que el presidente Fujimori es considerado un «rehén» de sus mentores.

Montesinos tenía tanto poder político y militar que muchos generales de división y almirantes lo saludan militarmente con especial reverencia siendo él un capitán retirado del ejército.

Casi siempre ocupa lugares preferenciales en estrados oficiales.

Hermético para unos y siniestro para otros, lo cierto es que Montesinos se convertió en una pieza clave para la supervivencia del gobierno de Fujimori, acosado en los últimos tiempos debido a su cuestionado tercer mandato.

A pesar de que el presidente Fujimori invitó a Montesinos a salir a la luz pública para aclarar los cuestionamientos, éste nunca lo hizo y más bien potenció su poder a través de sobornos, prebendas y hasta de posibles crímenes de opositores.

Montesinos nunca logró responder a severos cuestionamientos que van desde un probable enriquecimiento ilícito, defensa en el pasado de algunos narcotraficantes y hasta de violar los derechos humanos en operaciones ejecutadas por su personal de Inteligencia, así como órdenes de tortura contra los propios agentes de Inteligencia.

El hasta ayer «incontrolable» poder político y militar de Montesinos parece haber llegado a su fin y sólo se espera que militares o jueces civiles decidan su captura en las próximas horas, aunque muchos analistas locales consideran que no será nada fácil derrotar al hombre que durante una década dirigió gran parte de los destinos del Perú.

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