En pocas palabras

* Llegó el huracán «Gordon»

Miami, ANSA

El huracán «Gordon» ensombreció ayer casi por completo al estado norteamericano de Florida, provocando la alerta en toda la península ante el peligro de inundaciones y, en particular, de tornados que generalmente acompañan a los ciclones tropicales.

«Los que no se han preparado es mejor que lo hagan ahora», advirtió el Centro Norteamericano de Huracanes en Miami al vaticinar una precipitación pluvial de hasta 12 centímetros en las próximas horas.

El ciclón, con vientos máximos de 120 kilómetros por hora, poco antes de su ingreso a tierra firme, todavía era considerado como un huracán de categoría mínima.

Según las previsiones, el ojo de la tormenta tocará tierra al norte de las ciudades de Tampa y Saint Petersburg, en el Golfo de México. Las lluvias más severas se esperan en el centro de la península, incluyendo al centro turístico de Orlando.

* Más muertos en Colombia

Bogotá, AFP

Al menos 19 militares, siete guerrilleros de las FARC y un civil murieron ayer en combates registrados en el noroeste, el noreste y el centro de Colombia, informó el subcomandante del Ejército, general Néstor Ramírez.

Uno de los hechos más graves se registró en la localidad de Dabeiba (500 km al noroeste de Bogotá), donde 19 soldados murieron y 11 resultaron heridos en un feroz choque con rebeldes del quinto frente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC, marxistas), indicó el oficial. Según Ramírez, esos enfrentamientos se libraron en el marco de una ofensiva desplegada por tropas colombianas.

* «Yo soy un anciano»

Ciudad del Vaticano, ANSA

Cuarenta mil ancianos con sombreritos de colores sobre los cabellos blancos celebraron ayer con el papa Juan Pablo II su Jubileo y escucharon decir al pontífice, en la plaza San Pedro, que «la Iglesia y la sociedad tienen necesidad de ustedes».

«En un mundo como el actual, en el que a menudo se mistifican la fuerza y la potencia, ustedes –agregó– tienen la misión de ser testimonios de los valores que realmente cuentan, más allá de las apariencias, y que permenecen para siempre porque están escritos en el corazón de todo ser humano y garantizados por la palabra de Dios». Karol Wojtyla, de 80 años, comienza su Carta a los ancianos, escrita en noviembre pasado, con la frase «También yo soy anciano».

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