Francia interroga al jefe del aparato militar etarra

ETA tras los pasos del Rey

Madrid, París, ANSA

El ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, intentó minimizar el episodio al afirmar que el dispositivo no era «mortífero» pero revelaba la voluntad de ETA de obtener un «efecto de propaganda» durante la visita al corazón del País Vasco de la pareja que encarna al Estado español.

Sin embargo, se destaca el hecho de que a medio kilómetro del lugar donde la pareja real se reunió ayer con el premier José María Aznar y su colega alemán Gerhard Schröeder, se hallaron ocho lanzagranadas cargados y listos para ser activados, y que el descubrimiento ocurrió apenas una hora antes del arribo de Juan Carlos y Sofía.

Más allá de si el episodio de Hernani fue una manifestación de fuerza o un nuevo plan para matar al rey, el episodio grafica que en la partida que libran el Estado español y ETA –como en el póker–, cada uno de los adversario redobla la apuesta.

En efecto, durante la última semana se sucedieron los golpes de efecto: el miércoles el juez Baltasar Garzón coordinó una megaredada y arrestó a 20 presuntos miembros del comando político de ETA, el jueves la organización respondió con un atentado contra José Recalde, conocido exponente socialista vasco, el viernes se capturó al presunto jefe del grupo Gracia Arregui –Iñaki de Rentería– y hoy se descubren granadas muy cerca del rey.

Tampoco es la primera vez que Juan Carlos está en la mira de ETA. En el verano de 1995 la policía descubrió un plan para asesinar al rey durante sus vacaciones en Palma de Mallorca y se detuvo a dos etarras que lo estaban preparando.

El juez Garzón incriminó entonces a otro hombre como el «cerebro» del delito: Ignacio Gracia Arregui, el mismo que fue arrestado el viernes en el suroeste de Francia.

Y aunque algunos analistas sostienen que los últimos ataques de ETA parecen indicar un retroceso –disparos imprecisos con calibre equivocado, bombas preparadas apresuradamente– lo mismo puede decirse de la policía, en especial de la Ertzainza vasca, que descubrió el artefacto de Hernani a último momento y es criticada por la prensa por haber dispersado una manifestación anti-ETA en San Sebastián la noche del viernes.

El número uno

Ignacio Gracia Arregui, alias Iñaki de Rentería, al que la policía española considera número uno de la ETA, fue trasladado ayer por la mañana desde Bayona a la División Nacional Antiterrorista, en París, donde fue intensamente interrogado junto a su mujer francesa, Fabienne Tapia.

La pareja fue arrestada el viernes en la poblado de Bidart, en los Pirineos del Atlántico, en donde vivían con una hija de dos años, Ainoa, ahora confiada a la custodia a la abuela materna.

La detención fue posible gracias a la colaboración entre la Policía Judicial española y los servicios secretos franceses, que buscaban a Ignacio Gracia para hacerle cumplir una condena de cinco años por «asociación delictiva» dictada por un tribunal de París en 1997.

Pero el arresto de Gracia Arregui, un «duro» al que le es atribuida la autoría de los atentados de enero luego de una tregua de 14 meses, es una prueba de que París tiene los ojos bien abiertos sobre el potencial peligro que anida en el País Vasco también para Francia.

Lo que resulta significativo es que el arresto haya tenido lugar en estos días, luego de una gran redada a esa organización armada separatista, pues Bidart es una ciudad por demás conocida por los servicios antiterroristas: en 1992, año en que Iñaki habría tomado el comando de esa organización, las autoridades francesas arrestaron a toda la cúpula de ETA de ese entonces.

Desde entonces, Bidart está supervigilada, y es muy probable que antes de arrestar a Iñaki haya sido necesario «decapitar» a la ETA, para desactivar posibles represalias inmediatas.

Iñaki es el cuarto número uno arrestado en Francia en 18 años de colaboración entre España y Francia: meses atrás, el ex ministro del Interior Jean-Pierre Chevenement sostuvo que entre sus prioridades estaba la «limpieza» del País Vasco francés.

Empero, ya desde 1984 Francia autorizó la extradición de militantes de ETA, como hizo sólo pocos días atrás con Javier Arizcuren-Ruiz, alias «Kantauri», considerado el organizador del fallido atentado contra el rey Juan Carlos en agosto de 1995, del cual Iñaki habría sido el mandante.

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