Una religiosa italiana de 72 años fue asesinada ayer en la capital de Somalia
El crimen de la misionera constituye un «acto horrible», comentó el domingo el director de la sala de prensa del Vaticano, padre Lombardi, que expresó su deseo de que se trate de un caso «aislado».
La cancillería italiana, por su parte, confirmó el asesinato, pero no dio a conocer su identidad.
Otras dos religiosas permanecen en la capital somalí.
El crimen se produjo cuando dos atacantes ingresaron al hospital SOS en el distrito de Huriwa, en el sur de la capital, y efectuaron varios disparos con pistolas contra la religiosa y un guardia somalí antes de darse a la fuga, aprovechando la confusión, indicaron fuentes los testigos.
«Entraron en el recinto, dispararon a la religiosa y huyeron», explicó a la AFP el médico Abdimalik Mohammed Khalif. «No sabemos quiénes eran», agregó.
El guardia murió en forma instantánea, mientras que la monja falleció poco después, mientras era operada, precisaron fuentes del hospital.
La religiosa, de 70 años, vivía desde hacía mucho tiempo en Somalia, ex colonia italiana. Fue sorprendida por los asesinos cuando se dirigía a pie con el guardia de un edificio a otro del hospital, donde dictaba clases a estudiantes de medicina.
La misionera era una de las colaboradoras extranjeras más antiguas de la Iglesia Católica en Somalia, indicaron las fuentes.
Por el momento se ignoran los motivos de la doble agresión. Pero el crimen de la religiosa coincide con la ola de protestas e indignación que estalló en el mundo musulmán por los comentarios del papa Benedicto XVI sobre el Islam y la violencia, formulados el martes en la Universidad de Ratisbona, Alemania.
El Sumo Pontífice afirmó el domingo que estaba «sumamente afligido» y explicó que sus referencias el Islam «no expresaban de ninguna manera (su) pensamiento personal».
Uno de los asesinos pudo ser detenido, afirmó un dirigente del hospital, citando a un responsable local de los llamados tribunales islámicos, milicia fundamentalista musulmana que controla la capital desde junio último.
El sábado, un jefe religioso de la capital somalí vinculado al movimiento de los tribunales islámicos había lanzado un llamamiento a los musulmanes para que se «vengaran» de Benedicto XVI.
El domingo, sin embargo, una autoridad religiosa deploró el asesinato de la misionera: «Condenamos el crimen de la religiosa. Es un tacto de barbarie contrario a las enseñanzas del Islam», declaró el jeque Muktar Robow, subjefe de seguridad del Consejo Islámico Supremo de Somalia (SICS, en sus siglas en inglés).
Después de proclamar su esperanza de poder capturar al segundo asesino, dijo ignorar si el crimen estaba relacionado con los recientes comentarios del Papa sobre el Islam.
Los islamistas desean imponer la sharia (ley islámica) y restablecer el orden en los territorios bajo su control en Somalia.
Ese país del Cuerno de Africa tiene una población de 10 millones de habitantes, en su mayor parte musulmanes moderados.
Además de la capital, las milicias de los tribunales islámicos controlan varias regiones del sur y una parte del centro de Somalia, cerca de la frontera con Etiopía.
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