A 50 días de los comicios, Bush y Gore en reñido final
G. Gramaglia – Washington, ANSA
Las encuestas coinciden en que el demócrata Al Gore y el republicano George W. Bush disputarán un reñido final cabeza a cabeza a 50 días de que se celebren las elecciones en Estados Unidos y mientras la atención se trasladó temporariamente a las Olimpíadas de Sidney.
Igualmente los analistas discuten el ajustado liderazgo que parece mantener Gore sobre Bush y sostienen que el republicano podría igualmente ser consagrado presidente si gana en la mayoría de los estados de la Unión, de acuerdo al sistema eleccionario estadounidense.
El hecho –afirman– no sería inédito en la historia del país, si se tiene en cuenta que pesan los votos de los Estados y no de la gente. Los indefinidos Florida, California, Ohio y Missouri son al parecer los que decidirán el resultado de los comicios.
A 50 días exactos de la votación del 7 de noviembre, la campaña proselitista pasó a un segundo plano opacada por las Olimpíadas, que serán las protagonistas por dos semanas, aun si en Estados Unidos –por huso horario y preferencias televisivas– los Juegos se ven poco y tarde.
La temporaria distracción servirá, tal vez, para disolver el veneno de los últimos días, en los que hubo polémicas sobre financiamientos demócratas y presuntos mensajes subliminales republicanos e intercambio de acusaciones.
También el candidato republicano a la vicepresidencia, Dick Cheney, soporta un fuego cruzado de críticas.
Los debates televisivos –uno entre Gore y Bush, otro entre los candidatos a vice– se harán después de las Olimpíadas, en la primera mitad de octubre.
Bush, que imaginó fórmulas alternativas, finalmente decidió aceptar el paquete propuesto, reconociendo que Gore «es un gran especialista en debates». Pero –añadió– «los americanos quieren un gran líder».
Siempre relegado en las encuestas hasta la Convención demócrata, Gore parece haber logrado finalmente hacerse apreciar como persona. Ahora le gusta a las mujeres, lo que explica el salto adelante en las encuestas que no sólo son fruto del «efecto convención» y el gran salto por sobre Bush.
Además, Gore eligió un vicepresidente –el senador Joseph Lieberman–, judío y moralista, que lo ayuda a redimirse de las sombras éticas que deja su sociedad con Bill Clinton y no le crea el embarazo que Cheney, con su intento de evitar la guerra de Vietnam, causa a Bush.
El nuevo Gore, más afable y un poco más desenvuelto, indujo –escribe el New York Times– a Bush a cambiar de estrategia: no discutir la personalidad del antagonista, sino desafiarlo en los temas de la campaña.
El desafío se da sobre todo en terrenos tradicionalmente demócratas como la asistencia médica, la educación, la ecología, además de los recortes a las tasas, que son un caballito de batalla republicano.
En 18 estados cruciales, Bush comenzó a difundir spots en los que confronta tema por tema los programas de su rival: «debemos apuntar sobre las preocupaciones de los electores», explican los estrategas de la campaña.
Bush capta al sur, los blancos, los hombres; Gore al noreste, los negros y las mujeres. Incierta es la elección de los jóvenes, los ancianos, el centro y el oeste del país.
Si Gore supo transformarse en alguien capaz de gustar a todos, Bush –que encabezó toda la carrera electoral hasta ahora– debe evitar el riesgo de una hemorragia de confianza. Ya hubo señales de alarma en ese sentido: por ejemplo, su plan para reducir a vasta escala las tasas pierde terreno aún entre los republicanos, según analizó el viernes el Washington Post.
En tanto, se intensifican los rumores sobre quiénes ocuparán los sitios clave de la administración pos-Clinton. Si gana Gore, el nuevo secretario de Estado será casi seguramente Richard Holbrooke, negociador en Bosnia y actualmente embajador de Estados Unidos en la ONU.
Si triunfa Bush, el encargo será para Colin Powell, el general negro ex jefe del estado mayor de las fuerzas armadas norteamericanas.
De política externa se habla muy poco en la campaña, pero autorizados diplomáticos europeos advirtieron ya contra la lectura simplista en las posiciones internacionales de Gore y Bush.
Las fuentes recuerdan que Bush «el tejano», es en realidad nativo de New England, mandó a una hija a estudiar a Europa y tiene a su alrededor consejeros sensibles a las preocupaciones europeas.
En cambio, Gore proviene de Tennessee y es quien mejor representa la tradición del sur aislacionista y tiene un equipo aparentemente menos atento a las razones europeas.
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