Los demócratas esperan romper la hegemonía republicana
Le alcanzaría a los demócratas ganar 15 escaños de representantes para recuperar la mayoría por primera vez desde 1994. Ese año, durante el primer mandato del presidente demócrata Bill Clinton (1994-1998), el republicano Newt Gingrich puso fin a cuarenta años de supremacía demócrata en la Cámara de los Representantes al conquistar 54 asientos.
Los republicanos no han sido amenazados desde entonces por sus tradicionales rivales. Tenían sólo de 221 asientos contra 212 demócratas al final de las elecciones de 2000, pero actualmente cuentan con 231 asientos contra 201, la mayoría más holgada desde la Segunda Guerra Mundial.
En el Senado, que es renovado por tercios cada dos años y donde las mayorías no son generalmente tan duraderas como en la Cámara baja, los demócratas también esperan reconquistar la mayoría perdida en 1994, aunque es bastante improbable.
Hubo sin embargo un intermedio breve entre junio de 2001 y noviembre de 2002, en el que los demócratas tuvieron mayoría, gracias a la decisión de un senador republicano de tendencia ecologista, Jim Jeffords, de dejar su partido para volverse independiente y votar la mayoría de las veces con los demócratas.
La siguiente elección, en 2002, consolidó sin embargo la mayoría republicana (51 contra 48 demócratas y un independiente), que se confirmó en 2004 (55 contra 44 demócratas y un independiente).
Demócratas piden destituir a Rumsfeld
Los demócratas han hecho de los problemas en Irak, donde murieron alrededor de 2.600 estadounidenses, un tema central de la campaña y denuncian la pretensión oficial de poner en el mismo saco la guerra en Irak y la guerra contra el terrorismo. El costo de la guerra se acerca a los 300.000 millones de dólares, algo que ya preocupa los contribuyentes.
Los demócratas en el marco de su campaña- presentaron su segunda propuesta en dos semanas destinada a lograr la destitución del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, para sancionar su conducción de la guerra en Irak, aunque sin éxito por ahora.
«En cinco años podríamos creer que los republicanos que controlan la Casa Blanca y el Congreso tomaron las medidas necesarias para proteger a los estadounidenses, pero nos equivocaríamos», aseguró el jefe de los demócratas en el Senado, Harry Reid.
«Los electores demócratas se vuelven más entusiastas este año, lo que debe ser una ayuda a su partido político en las elecciones intermedias. En términos generales, los republicanos tienen mayores deseos de salir a votar. Pero, pienso que habrá diferencias este año, porque el público norteamericano tiene un creciente resentimiento por la guerra de Irak,» dijo Gerald M. Pomper, profesor de ciencias políticas de la Universidad Rutgers en el Washington Observer.
Irritados, molestos e intranquilos
Un 76% de los en encuestados dijo que está «enojado» con la situación del país. «Los votantes están molestos por la situación en Irak, intranquilos con la economía, irritados con el presidente Bush», consignó la estratega demócrata Donna Brazile.
Pero analistas como Stuart Rothenberg, uno de los más conocidos especialistas del país, advirtieron que el cambio no será tan fácil, sobre todo porque el Congreso tiene una tradición de reelección superior al 80%, por los cambios en el diseño de distritos electorales que favorecen al partido en el poder, y porque es factible que los republicanos ganen también bancas, que hoy están en manos demócratas.
Ohio y Pensilvania, dos grandes estados industriales tradicionalmente indecisos en las elecciones, podrían votar por los demócratas este año, lo que sacaría del Senado al representante de la derecha religiosa Rick Santorum.
Las elecciones serán particularmente reñidas en el rico estado de Connecticut, dónde la guerra en Irak es muy impopular, y en Indiana, afectada por la desaceleración económica.
En las elecciones de gobernadores, las más disputadas serán las de California, dónde el republicano Arnold Schwarzenegger quiere mantenerse en el cargo, y de Nueva York, dónde el popular demócrata Eliot Spitzer podría suceder al republicano George Pataki. En la Gran Manzana, los demócratas tienen a la ex primera dama y hoy senadora Hillary Clinton, que va por un nuevo período.
Desde Irak a las células madres
Algunos candidatos republicanos se distancian de la política gubernamental del presidente Bush, lo que marca la crisis que vive la Casa Blanca. Ese alejamiento ocurre en temas claves que van desde la guerra en Irak hasta las células madres.
Incluso centran sus campañas para alcanzar un escaño en el Senado, señalando los asuntos en los que discrepan con su presidente para marcar una clara distancia de él.
La legisladora Deborah Pryce, de un distrito de la región central de Ohio, retiró de su sitio en Internet una gráfica de ella junto a Bush.
En sus últimas comparecencias televisivas, Pryce insiste en resaltar en sus mensajes electorales que mantiene independencia en sus decisiones políticas, en relación con las actuales políticas gubernamentales.
Por su parte, Clay Shaw, quien representa a la Florida por los republicanos, criticó a su correligionario Bush ya que, sostiene, el gobierno federal mantiene estancados planes para reformar la seguridad social que puede beneficiar a gran número de jubilados.
La Casa Blanca y los grandes estados republicanos insisten sin embargo en los temas de seguridad, a pesar de la impopularidad de la guerra.
Se trata de «luchar y ganar la guerra contra el terrorismo», explicó el jefe de los republicanos en el Senado, Bill Frist.
«No es momento de adoptar el enfoque débil e indeciso propuesto por los parlamentarios demócratas», aseguró recientemente el líder de los republicanos en la Cámara baja, John Boehner.
«Los dirigentes del Partido Republicano temen que sus electores no quieran salir a votar por su partido en el día electoral debido al descontento provocado por la mala situación en la Guerra de Irak y los problemas de economía e inmigración de Estados Unidos,» sostuvo Bruce Buchanan, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Texas en Austin, en el Washington Observer.
Sin embargo, los sondeos indican que los estadounidenses ya no creen tan firmemente que la amenaza terrorista deba hacer olvidar los demás temas.
La economía, la principal preocupación de los electores según el sondeo de la CNN, se anuncia como otro tema importante en la campaña. Mientras que la mayoría oficialista alaba el crecimiento y la creación de empleo, la oposición demócrata señala el estancamiento de los salarios y la injusticia de una política fiscal muy favorable para los más ricos.
La inmigración, con el regreso de las manifestaciones de ilegales y la negativa de los republicanos más conservadores de aprobar la política de regularización defendida por el presidente Bush, podría pesar en el voto de algunos electores, estiman analistas.
Según una táctica de la derecha religiosa, el debate sobre el matrimonio homosexual podría beneficiar otra vez a algunos candidatos republicanos, pero los demócratas van a intentar sacar ventaja con la promoción de la investigación sobre células embrionarias, a la cual Bush impone limitaciones.
Si las predicciones de los expertos se hacen realidad, ningún partido estará en posición de imponer sus prioridades, pero el presidente Bush estará más debilitado que nunca, y la campaña presidencial para sucederle en 2008 se abrirá inmediatamente.
La agenda de Bush condicionada
«Las políticas de la Administración B
ush ya dejan de ser viables en muchos aspectos. Yo pronostico que si el Partido Demócrata puede controlar cualquiera de las dos cámaras del Congreso, podrá iniciar una investigación sobre la toma de decisiones políticas y las medidas políticas de la Casa Blanca. Por otro lado, la Casa Blanca hará todo lo posible para boicotear las interpelaciones del Congreso. De esta manera se iniciará la prueba de fuerza política entre los dos partidos» dijo Bert Rockman, profesor de ciencias políticas de la Universidad Purdue, al Washington Observer.
Si el Partido Demócrata triunfa, podrá derrumbar la agenda de Bush, dejando más débil a la Casa Blanca en la ejecución de su política hacia Irak y en las otras operaciones que lleva adelante, afirman los analistas.
El mayor beneficio será para Nancy Pelosi, líder del Partido Demócrata en la Cámara de Representantes, quien llegaría a ser presidenta del cuerpo. Las políticas de Bush como las de impuestos y de gastos financieros serán todas condicionadas por ella. Los cargos de presidente de las importantes comisiones de la Cámara de Representantes como las de Impuestos, Planificación de Seguridad Social, Seguros Médicos, Asignaciones, Control de Gastos Financieros y Servicios Militares serán todos desempeñados por demócratas. Incluso para cuestionar la política energética norteamericana, los problemas derivados de los ataques terroristas del 11 de Setiembre y la guerra de Irak, el Partido Demócrata, siendo mayoritario, también tendrá derecho a desarrollar investigaciones y convocar a audiencias .
Si el Partido Demócrata participa más en la toma de decisiones, la Casa Blanca sufrirá mayor presión para elaborar cuanto antes el cronograma para el retiro de las tropas de Irak.
El Partido Demócrata interferirá en los esfuerzos de Bush por crear su patrimonio político en base a su política de la guerra contra el terrorismo. La Casa Blanca también está consciente de esto, razón por la cual Bush permanece firmemente en el campo de la derecha, esperando ganar antes de las elecciones intermedias el apoyo de más electores conservadores, indican los analistas.
El presidente Bush seguirá teniendo bajo su control la política exterior de Estados Unidos, pero será condicionado en el legislativo, afirman expertos al hablar de un posible triunfo de la oposición. Si el Partido Demócrata puede dirigir el Congreso, las políticas de Bush en los próximos dos años estarán bajo la lupa, y es muy probable que el punto de partida sea la caída del secretario de Defensa Donald Rumsfeld. *
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