La ultracorrupción fujimorista
por Niko Schvarz
Las denuncias en el Parlamento y las enardecidas manifestaciones de protesta que irrumpieron en las calles reclamaron la cabeza de Montesinos, la destitución de los legisladores corruptos y nuevas elecciones, ya que el segundo turno del 28 de mayo estuvo viciado de nulidad y Fujimori corrió sólo en su re-reelección.
Tránsfugas baratos
El 9 de abril, en las elecciones parlamentarias y primer turno de las presidenciales, el oficialismo bajó de 67 a 52 bancas en el Congreso unicameral de 120 miembros. Pero después fueron 12 legisladores más (64 en total) los que votaron por el dictador que se aferraba al sillón. Se sostuvo que esos 12 avotos habían sido comprados. Ahora se comprueba el «transfuguismo fujimorista», que sumó a posteriori otros tres parlamentarios, espigados entre todos en siete partidos.
Estos tránsfugas son baratos. Primero se habló de 100 mil dólares, luego se bajó la cotización a la mitad; ahora el video exhibe al honorable Alberto Kouri regateando entre 10 y 20 mil, para terminar partiendo la diferencia por la mitad. Un diario de EEUU cita a Montesinos procurando alinear a 70 legisladores junto a su patrón. Acorralado por la prensa, el atribulado parlamentario trucho alegó que Montesinos le había concedido un préstamo personal. Otros tránsfugas dicen que aceptaron dinero para realizar obras en su provincia…
El jefe de Inteligencia cayó en su propia trampa. Lo derrotaron en su propio juego. Pero además, su larga trayectoria de eminencia gris del gobierno lo vincula a torturas y asesinatos para mantener en pie al régimen, incluso contra integrantes de las fuerzas armadas que enfrentaban el poder omnímodo de la cúpula militar, a su vez controlada por la Gestapo de Montesinos. Este es algo más que el peón susceptible de ser sacrificado para salvar al rey Fujimori, encerrado en un mutismo estruendoso.
La putrefacción del aparato estatal
Cuando éste resolvió arrasar la Constitución y presentarse a una re-reelección que la Carta prohibía a texto expreso, el Tribunal Constitucional se pronunció en contra. El Congreso, entonces con mayoría absoluta del gobierno, destituyó a quienes votaron la resolución, y los restantes (que siguen en sus cargos) convalidaron la postulación.
Las trampas perpetradas por la Organización Electoral de Procesos Electorales (ONPE) en los dos turnos, 9 de abril y 28 de mayo, fueron gigantescas, reiteradas y en serie. Para el primer turno –y ello está documentadamente comprobado– el oficialismo falsificó más de un millón de firmas, siendo ejecutores del fraude los cabeza de lista del fujimorismo al Congreso.
Durante la elección, en mesas de 14 de las 24 provincias a la hoja sábana de votación se le había amputado el número 10 y último, que correspondía a Alejandro Toledo; el primer ministro Alberto Bustamentae dijo que era un error de imprenta. Personas que concurrían a sufragar se encontraban con que otros ya lo habían hecho en su lugar. Votaron los muertos y muchos militares, a pesar de la prohibición constitucional.
En el conteo del primer turno efectuado por ONPE y luego oficializado había 1.200.000 votos más que votantes; pero los votos fueron destruidos, quedaron sólo las actas falsificadas y sus resultados se proclamaron como verdad oficial.
A esta putrefacción del aparato estatal se suma ahora la comprobada corrupción imperante en el Congreso y, por encima de todo, una presidencia a todas luces ilegítima.
La suma de fraudes
Agréguese que toda la prensa opositora fue acallada, los canales trasmitían exclusivamente la versión oficial e ignoraban las manifestaciones contrarias, Baruch Ivcher fue despojado del Canal 2 y expulsado del país mientras la propaganda amarilla se cebaba en forma repulsiva contra los candidatos opositores.
En suma, como dicen diarios peruanos a la luz de los nuevos hechos: «Este no es un gobierno, es el hampa secuestrando un país», y sobre esta base reclaman nuevas elecciones generales.
Aparecen además otras esferas de corrupción tras la figura de Montesinos. Se recuerda que en 1996 el narcocapo peruano Demetrio Chávez afirmó que le pagaba 50 mil dólares por cada avión cargado de cocaína que salía fuera de fronteras. Militares retirados que participaron en la guerra entre Perú y Ecuador señalan a Montesinos en el contrabando de armas jordanas que transitaban por Perú rumbo a Colombia, como saltó recientemente. Algunas aves de rapiña siempre se llevan carne entre las uñas.
La inoperancia de la OEA
Una misión especial de la OEA, presidida por el ex canciller guatemalteco Eduardo Stein comprobó errores garrafales de la ONPE en el primer turno. Habló de «atrasos monumentales y silencios inexplicables» y previno que «algo siniestro está pasando».
Nadie le llevó el apunte. En vísperas del controvertido segundo turno, la misión negoció con la ONPE una serie de modificaciones.
El organismo peruano se le rió otra vez en la cara, ya que por sí y ante sí resolvió mantener las fraudulentas normas anteriores. La misión se retiró para no convalidar la farsa. Y no pasó nada.
Reinstalado Fujimori en el trono, volvió la misión interamericana, esta vez con su secretario general César Gaviria al frente. Fujimori dijo que sólo admitiría tratar el tema para el futuro, negándose a investigar las irregularidades anteriores. Gaviria se tragó los agravios, mantuvo su actitud condescendiente, y al tiempo se mandó mudar. Todo quedó igual. La OEA ha servido para cohonestar la intervención norteamericana en Guatemala en 1954, o para callar frente a sus invasiones a la Dominicana (1965), a Granada (1983) o a Panamá (1989). Para inducir algún cambio democrático, es inoperante al extremo.
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