Argentina: la pelea electoral se parece a un vale todo
Nadie ha pedido su cabeza como legislador nacional, pero como dice ayer «Ãmbito Financiero» «la sensación es que perdió Alvarez, perdió la oposición, le dieron una estocada a Roberto Lavagna -que, obligado, salió con corrección a defenderlo-, quedaron todos preavisados de que no hay ley que se respete hoy si conviene hacer circular una ‘carpeta'».Dice más el director de ese diario, Julio Ramos: que «el gobierno avanzó en su camino a la hegemonía absoluta porque el miedo a esta nueva forma de ‘escrache’ se extiende a empresarios, periodistas, políticos».
El ex ministro Lavagna es «víctima» porque Alvarez es uno de los soportes del peronismo disidente junto con los radicales oficiales, con Raúl Alfonsín a la cabeza, de su potencial candidatura presidencial para 2007. Lavagna apenas balbuceó una queja por «la forma de hacer política» del gobierno, porque le atribuye la responsabilidad de blanquear el pasado de Alvarez. En el gobierno juran que ellos no difundieron el expediente de la vergüenza.
Eduardo Camaño, ex titular de la Cámara baja, amenazó con difundir «carpetas», no se sabe si de la SIDE u otro sitio, sobre figuras fuertes del actual gobierno que tuvieron cargos en el Estado, durante la dictadura.
Cuenta Julio Blank en «Clarín» que la reacción de Néstor Kirchner frente a esa amenaza fue: «Que muestren lo que quieran. Los voy a destruir. Los voy a arrastrar por la Plaza de Mayo».
Según fuentes cercanas a la Presidencia, Camaño, capo del peronismo disidente, es hoy el potencial destinatario de una próxima andanada extraída de los archivos de inteligencia o judiciales. «¿Se trata sólo del fruto de una calentura circunstancial del Presidente, o sería el nuevo capítulo de una política planificada para la destrucción de opositores?», pregunta Clarín.
Como lo escriben Ambito Financiero y Clarín, la difusión de los antecedentes de Alvarez lo demolieron políticamente y paralizaron a la oposición. Salpicaron al ex ministro de Economía y casi dejaron inmovilizados a los radicales que son socios de Alvarez en su patriada de enfrentar al kirchnerismo.
Sólo Camaño ensayó ese amago de contragolpe «que le hizo volar los pájaros al Presidente», Clarín dixit. La que puso el acelerador fue Elisa Carrió: denunció la «metodología difamadora» del Gobierno.
En las tiendas de Mauricio Macri, bien relacionado con Alvarez además, temen que caigan sobre sus habitantes datos con complicidades con la dictadura. Suponen bien, habida cuenta de los antecedentes de varios de sus miembros relevantes.
Nada es perfecto: como crecientemente el kirchnerismo es como la Biblia con el Calefón no todos pueden pasar la prueba de castidad que exige la Rosada. Así, el disparo político contra Alvarez instaló el miedo como insumo de la disputa de poder. ¿Es el efecto buscado por Kirchner?
Se quebró un «viejo código» de la política como corporación: no contar asuntos turbios del pasado. Si avanzan los «carpetazos» acaso brote la cultura del vale todo. Pero, ¿no sería sano abrir expedientes por casos de políticos, empresarios y periodistas que cobraron (o cobran aún) ilegalmente del fondo de reptiles de los servicios secretos? ¿Quién le pone el cascabel al gato? *
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