La fractura entre Londres y Washington

El gobierno de Gran Bretaña -principal aliado de Estados Unidos en Irak y Afganistán- empieza a tomar distancia de la política exterior de la administración de George Bush.

Este alejamiento se debe a que la estrategia estadounidense para Medio Oriente, particularmente en el conflicto palestino-israelí, ha empeorado los problemas en la región y empieza a tener costos en Inglaterra para el primer ministro, Tony Blair.

Dentro de la residencia oficial de Blair, en el número 10 de Downing Street, así como en los pasillos del Foreign Office (la cancillería británica), funcionarios gubernamentales admiten que el mandatario se siente «cada vez más decepcionado» de Bush. Los motivos, dicen, son varios.

El más reciente tiene que ver con al posición de Estados Unidos en la guerra de Líbano al bloquear durante varios días una resolución de cese al fuego, sin tomar en cuenta la destrucción de la infraestructura en este país ni los muertos de la población civil.

Las diferencias llegaron a tal punto que Blair aplaudió, en privado, unas declaraciones hechas el martes 15 por John Prescott, viceprimer ministro de Gran Bretaña, quien calificó como «pura basura» las políticas de Washington hacia esa región y describió a Bush como un «cowboy con sombrero Stetson». El funcionario hizo estos señalamientos durante una reunión con un grupo de seis parlamentarios laboristas realizada en su oficina londinense del Whitehall.

Entre los asistentes se encontraba Harry Cohen, diputado por la circunscripción londinense de Leyton y Wanstead, poblada por una mayoría musulmana opuesta a la política exterior del Blair.

Según Cohen, «en el contexto de la llamada Hoja de Ruta» (plan de paz para Medio Oriente), Prescott señaló que la política exterior de Bush «lo único que ha logrado es crear más violencia y deterioro en la región». El diputado recordó que Prescott trabajó con Al Gore durante las negociaciones para aprobar el Protocolo de Kyoto en 1997.

Consultados por Proceso, consejeros de Blair comentan que diplomáticos de Londres y el propio primer ministro han tratado en varias ocasiones de persuadir a funcionarios de la Casa Blanca y al presidente Bush para que tomen en serio el conflicto palestino-israelí, fuente de otras tensiones en la región, incluida la reciente guerra en Líbano. Propusieron incluso un programa para retirar a los colonos judíos de los llamados Territorios Palestinos ocupados. Pero, señalan, Washington insiste en que su prioridad es la lucha a toda costa contra el llamado «terrorismo internacional» y las redes de Al Qaeda en Medio Oriente.

Según dichos consejeros, Blair considera que Bush «no hizo lo suficiente» para reavivar la Hoja de Ruta. Y desde la isla de Barbados, donde el primer ministro se encontraba la semana pasada de vacaciones, ordenó a la cancillería y a sus colaboradores cercanos que enviaran «señales de desagrado» por la política de Estados Unidos hacia la región.

A mediados de este mes, Michael Levy, enviado especial de Blair, se reunió en Tel Aviv con el primer ministro israelí, Ehud Olmert. Su misión consistía en convencerlo de «reavivar» la Hoja de Ruta y reiniciar así negociaciones de paz con los palestinos. «Ahora no. Después de esta difícil guerra, los israelíes simplemente no están listos para dialogar con los palestinos», habría dicho el primer ministro israelí, según la cadena de televisión Sky News. De acuerdo con fuentes cercanas a Downing Street, Blair se enfureció, pues detrás de esa negativa advirtió el apoyo implícito de Estados Unidos a la política israelí. Las mismas fuentes señalan que Blair no se dará por vencido: tiene la determinación de reavivar las negociaciones entre israelíes y palestinos, lo cual le permitirá posicionarse como «mediados» en ese conflicto histórico.

Por su parte, analistas políticos y editoriales y varios periódicos británicos consideran que a Blair le conviene tomar distancia de Estados Unidos. Explican que ante la caída de popularidad del primer ministro y de su partido -el laborista-, esta postura le permitiría recuperar a buena parte del electorado que se opone al alineamiento de Londres con Washington, similar al que mantuvo durante la década de los ochenta la primera ministra Margaret Thatcher con el gobierno de Ronald Reagan.

Una reciente encuesta publicada por la revista política The Spectator revela que 80% de los británicos considera que Blair debe distanciarse de las políticas de Bush en su «guerra contra el terrorismo».

De acuerdo con este sondeo, realizado por la consultora You Gob, 86% de los británicos quiere que Blair «vaya por su cuenta o se acerque más a Europa». Sólo 8% cree que Gran Bretaña y Estados Unidos están ganando la batalla contra el fundamentalismo musulmán.

Otra encuesta, publicada el martes 22 pro el periódico The Guardian revela que 75% de los británicos cree que la política exterior de Blair, especialmente en Medio oriente, ha convertido a Gran Bretaña en blanco directo de atentados terroristas.

También muestra una caída de popularidad para el Partido Laborista: cayó a 31%, su nivel más bajo en los últimos 19 años. En contraste, los conservadores se beneficiaron de la postura crítica que su líder, David Cameron, asumió sobre los ataques de Israel a Líbano. El apoyo popular de los conservadores aumentó a 40%.

De acuerdo con estas cifras, si en este momento hubiera elecciones el Partido Conservador ganaría los comicios con una mayoría de 10 asientos en el Parlamento.

El diputado laborista Paul Flynn declara: «es obvio que la decisión de Blair de aliarse con el presidente Bush ha profundizado las diferencias y preocupaciones en nuestras mezquitas locales e incrementa el peligro de que ocurran atentados aquí».

Y agrega: «Es alentador que la población británica en su conjunto comparta esta posición -de rechazo-; debemos preguntarnos seriamente por qué estamos aliándonos con Bush». *

* En acuerdo con la revista mexicana Proceso.

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