La sombra del nazismo
El presidente austríaco Thomas Klestil pidió ayer a los países de la Unión Europea «dar una oportunidad» al nuevo gobierno conservador-extrema derecha austríaco.
En un discurso televisado, Klestil pidió a «todas la fuerzas políticas del país, a todos los austríacos y también a nuestros asociados en la UE que den una oportunidad al nuevo gobierno y le juzguen sobre su trabajo».
Klestil hizo prestar juramento ayer viernes al nuevo gobierno, compuesto por la mitad de ministros del partido de extrema derecha de Joerg Haider.
En el texto difundido con anterioridad por la presidencia, Klestil indica que advirtió al nuevo canciller, Wolfgang Schuessel, y a Haider de «las graves consecuencias en el interior y en el extranjero» si no respetan sus compromisos sobre los valores democráticos de Europa.
Pocas horas antes tomó juramento al nuevo gobierno del canciller Wolfgang Schuessel en una atmósfera glacial.
Miles de vieneses se congregaron ante la presidencia en una manifestación durante la cual varios policías resultaron heridos.
Los policías debieron usar garrotes para dispersar a los manifestantes que les tiraban proyectiles y petardos. Varios de ellos resultaron levemente heridos, indicó un oficial de la policía.
Fue necesario el envío de refuerzos policiales a las cercanías de la presidencia, donde el nuevo gobierno con ministros de extrema derecha prestó juramento.
Con banderas negras, silbando y abucheando, los manifestantes intentaron derribar las barreras que los mantenían a distancia de la sede de la presidencia. Algunos se subieron a los árboles.
«Abajo el racismo», proclamaban las banderolas, mientras otra había hallado «1938 razones contra Haider». Austria fue anexada por la Alemania nazi en 1938.
Joerg Haider ha efectuado declaraciones favorables al nazismo.
La mayoría de los manifestantes se declaró sorprendida de la rapidez con la que los conservadores concluyeron una alianza con la extrema derecha, explicando así el motivo por el que las manifestaciones se habían iniciado tan tarde.
Las anteriores manifestaciones del miércoles y el jueves concluyeron de forma pacífica.
Un responsable de la extrema derecha austríaca acusó el viernes a manifestantes «profesionales», algunos de los cuales «fueron pagados», de querer destabilizar al país.
Manifestantes profesionales de extrema izquierda alemanes y austríacos, organizados y algunos de los cuales han sido pagados quieren desestabilizar con un objetivo claro», acusó el secretario general del FPOE, Peter Westenthaler.
La nueva vicecanciller de extrema derecha, Suzanne Riess-Passer, se dijo «muy preocupada por las reacciones de la calle» y el nuevo ministro de Justicia, Michael Krueger, también de extrema derecha, previó que estas manifestaciones provocarán en la población «una fuerte solidaridad con nuestro gobierno».
El sector turístico, uno de los motores de la economía austríaca, se prepara para una caída de la actividad con la llegada al poder de la extrema derecha de Joerg Haider.
Los profesionales del turismo se muestran de acuerdo en un punto, tanto si acusan a los medios de comunicación como a los políticos: las noticias no son buenas.
«En tiempo normal, son los peligros, las catástrofes, los terremotos», los que dañan al turismo, explica Karl Seidlinger, director de la oficina de turismo de Viena, donde prestó juramento un nuevo gobierno de coalición con la extrema derecha.
«Cuando un país sufre continuamente comentarios negativos en el extranjero, como es el caso de Austria ante las democracias europeas, eso hace daño al mercado», añade el responsable.
«Es imposible determinar la amplitud» de ese impacto, señala sin embargo Seidlinger.
El turismo es más importante para la economía de Austria que para España o Grecia. Representa el 6,5% del Producto Interior Bruto (PIB), según el Instituto de Viena de Investigación Económica (WIFO).
Medio millón de austríacos viven del turismo, de una población de aproximadamente ocho millones de personas, según las cifras del sector.
En un discurso dirigido a la población. el presidente Klestil dijo anoche que está «turbado y preocupado» por el «turbulento debate político interno y externo» provocado por los acontecimientos. «La intención de los dos partidos de formar una coalición –agregó– debe ser aceptada en un Estado democrático fundado sobre la legalidad», argumentó el mandatario austríaco.
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