Una frágil unión nacional libanesa
El líder de Hezbolá, Hassan Nasralá, criticó sin piedad el martes al gobierno libanés, un día después de la visita del primer ministro británico, Tony Blair a Beirut, donde fue recibido a gritos de «Â¡asesino!»
«El primer error cometido por el primer ministro (Fuad Siniora) y las fuerzas políticas que le apoyan fue comportarse de manera inmoral e inhumana con las personas que fueron asesinadas, heridas o desplazadas» durante la guerra al recibir a Blair, criticó Nasralá en una entrevista con la televisión Al Jazira.
Según el emblemático líder de esta milicia, que vive en la clandestinidad, hay un intento de «humillar, hacer daño, apuñalar y provocar» a Hezbolá y a su base popular.
«Si Blair fue invitado a Líbano, sería un desastre nacional. Si pidió venir, algo que dudo, y su solicitud fue aceptada, sería una humillación nacional y un comportamiento irresponsable», denunció Nasralá.
Las peticiones de dimisión del gobierno también se escuchan entre los escombros de los suburbios al sur de Beirut, donde los responsables del Partido de Dios exigieron el fin del gobierno de Siniora.
«El gobierno debe irse porque está apoyado por una mayoría ficticia que ha usurpado el poder», pidió el diputado de Hezbolá, Ali Ammar.
La precaria unión nacional libanesa mostrada durante los 34 días de enfrentamientos entre Hezbolá e Israel se ha hecho añicos completamente un mes después de que se decretara el alto el fuego.
Por primera vez desde que entró en vigor esta tregua, el partido chiíta acusó a los dirigentes políticos de bailar al son que marca Israel y de haber planeado el «asesinato de la resistencia del Hezbolá en colaboración con Estados Unidos y el Estado hebreo».
«Son gajes de la democracia pero sigue habiendo mucha gente que me apoya. No estoy en absoluto preocupado», zanjó Siniora el martes.
Paralelamente, líderes libaneses anti-sirios acusaron a Hezbolá de ser una marioneta en manos de Teherán y Damasco. «Hezbolá no puede monopolizar la opinión pública. Hay que prepararse para bajar a la calle», declaró el líder druso Walid Yumblat.
Por su parte, la prensa progubernamental acusó a Hezbolá de llevar a cabo una campaña contra la Fuerza Interina de la ONU en Líbano (FINUL), encargada de garantizar la paz y la estabilidad en el sur del país.
Hezbolá contempla con especial recelo el despliegue de barcos de Marinas extranjeras, encargados de controlar las aguas territoriales libanesas e impedir el tráfico de armas destinado a la milicia chiíta.
Cuando se cumplen 30 días del alto el fuego, la pregunta de quién ha ganado la guerra divide cada día más a los libaneses. Aunque Hezbolá sigue autoproclamando su victoria, la incomodidad de sus líderes aumenta al ver que el sur de Líbano queda, en cierta forma, bajo la tutela de la ONU.
«Líbano parece entrar en una fase de confrontación política interna que se adivina casi tan intensa como los enfrentamientos con Israel», previó el diario L’Orient Le Jour.
Mientras tanto, las fuerzas de paz extranjeras van llegando al país para incorporarse a la FINUL.
Días después de la llegada de las tropas italianas, que rozarán los 2.500 soldados, una gran parte del dispositivo militar francés, que llegará a 2.000 militares, desembarcó el martes en el puerto de Beirut. *
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