Lucha por el desarme del IRA

Trimble se juega su futuro por la paz en el Ulster

El jefe del nuevo gobierno semiautónomo de Irlanda del Norte sabrá en los próximos días si la apuesta histórica que hizo en diciembre –conceder cierta confianza al campo opuesto de los católicos republicanos– era la buena.

Trimble amenazó entonces con renunciar para convencer al Partido Unionista de Ulster (UUP), que dirige, que compartiera el poder con los católicos, favorables a una integración a Irlanda, sin esperar un inicio del desarme de su brazo armado, el IRA. Pero el Ejército Republicano Irlandés aún no comienza el desarme que Trimble esperaba a principios de este año.

Presionado por los ultras de su campo, el Premio Nobel de la Paz repitió el jueves ante el Parlamento británico que su puesto a la cabeza del gobierno peligraba. Su última oportunidad reposa en el ultimátum lanzado por Londres. El gobierno británico dio al IRA un último plazo de unos días para comenzar a entregar las armas. Si no lo hace, se suspenderán las instituciones norirlandesas.

La amenaza de Londres dio un respiro de unos días a Trimble, antiguo abogado de 55 años que tuvo que redactar para sus tropas una carta de renuncia posfechada que debía hacerse efectiva este viernes.

El jefe del UUP, que tenía que presentarse el viernes ante los caciques de su partido, «no es en este momento preciso un renunciante», indicó uno de sus ministros y aliado, Michael McGimpsey.

«A menos que las circunstancias cambien radicalmente, no veo la necesidad de que tenga que renunciar, teniendo en cuenta el compromiso asumido por (el ministro británico para Irlanda del Norte) Peter Mandelson», añadió McGimpsey. Pero la hora de la verdad llegará la próxima semana.

La peor solución para Trimble sería que el gobierno británico se contentara con una simple promesa verbal del IRA o de su brazo político, el Sinn Fein, que la base del movimiento protestante juzgaría demasiado vaga.

Una suspensión de las instituciones sería más favorable para Trimble. Le evitaría renunciar y le permitiría permanecer a la cabeza de un ejecutivo, aunque sea entre paréntesis.

Pero el proceso de paz, al que el líder protestante ha asociado su nombre, se vería amenazado.

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