La política exterior y doméstica de EEUU subordinada a la "guerra mundial contra el terrorismo"

Cinco años después del 9/11

Zbigniew Brzezinski, asesor de seguridad nacional del ex presidente Jimmy Carter entre 1977 y 1981, cree que los partidarios de una línea dura en el gobierno de Bush «se beneficiaron del impacto emocional del 11 de setiembre para embarcar al país en una política aventurera, partidaria y destructiva».

«La guerra contra el terrorismo, la islamofobia histérica, la exageración de la amenaza terrorista, Irak declarado como el frente central de la lucha antiterrorista y el abandono del rol de mediador de Estados Unidos en Medio Oriente dañaron los intereses estadounidenses», sostuvo.

«Hoy se conocen los resultados de la reciente tentativa de la Casa Blanca de explotar el terrorismo con fines políticos», editorializaba The New York Times. «Se terminó la época en que los estadounidenses tenían miedo del miedo mismo», afirmaba el diario.

Según el financista George Soros, «desgraciadamente, el público estadounidense aceptó de forma acrítica la metáfora de la guerra como la reacción ante el 9/11″.

Soros, un tenaz critico de la política gubernamental, sostiene que aún cuando está generalizado el reconocimiento de que el ataque contra Irak fue un error, la «guerra contra el terrorismo» sigue siendo el marco al que la política estadounidense debe ajustarse.

Recientemente, los demócratas presentaron un documento en el que descalifican a la Casa Blanca por la conducción de la seguridad norteamericana.

Estados Unidos «va a ganar la batalla» contra el terrorismo, aseguró el secretario de Seguridad Interna, Michael Chertoff, considerando que una «seguridad perfecta y absoluta» le costaría al país su modo de vida y su prosperidad.

Sin embargo, «si pudiéramos tener una seguridad perfecta y absoluta contra todas las amenazas, lo haríamos sólo pagando el precio astronómico de nuestra libertad y de nuestra prosperidad», estimó.

Titulado «Los neoconservadores: el récord de Defensa de Bush en números», el texto analiza los cinco años y medio del actual gobierno republicano en siete áreas claves de su política de seguridad.

El análisis critica la estrategia militar del Pentágono en Irak y sostiene que el país ahora es menos capaz de pelear y ganar la guerra contra el terror, pese a lo que argumente Bush.

Los demócratas han hecho de los problemas en Irak, donde murieron alrededor de 2.600 estadounidenses, un tema central de la campaña para las elecciones de medio tiempo y denuncian la pretensión oficial de poner en el mismo saco la guerra en Irak y la «guerra contra el terrorismo».

 

«La nación es menos segura»

Según el líder opositor Harry Reid bajo Bush y el Congreso republicano, «la nación es menos segura, enfrenta grandes amenazas y no está preparada para el mundo peligroso en que vivimos».

El mensaje de los demócratas gana apoyos. No solamente el 53% de los estadounidenses cree que haber iniciado la guerra en Irak fue un error, sino que 51% no ve ninguna relación entre esa guerra y la guerra contra el terrorismo, según una encuesta de opinión para The New York Times y la cadena CBS de televisión realizada a fines de agosto

La popularidad de Bush pasó, según Gallup, de cerca de 90%, un rércord desde Franklin D. Roosevelt (1933-1945), a 40%.

A cinco años del consenso de la sociedad estadounidense sobre la necesidad de protegerse de ataques como los del 11 de setiembre de 2001, el debate opone las medidas de seguridad a la protección de las libertades que han hecho de Estados Unidos un ejemplo de democracia.

Los atentados contra Washington y Nueva York habían instalado en el país el unánime acuerdo sobre el imperativo de evitar nuevos ataques terroristas.

Pero el debate surgió con las primeras fotos de los talibanes capturados vestidos de naranja en diminutas jaulas al aire libre en la base naval estadounidense de Guantánamo, en la isla de Cuba.

Cinco años después, cientos de detenidos en el marco de la guerra al terrorismo aún no fueron procesados y permanecen en Guantánamo o en prisiones secretas de la CIA, como lo reconoció el presidente Bush, todos centros donde fueron sometidos a interrogatorios interminables y donde las torturas parecen ser algo normal. Hoy el presidente pide tribunales especiales para los prisiones y el Pentágono le dice sus soldados que no se puede torturar y que deben respetar la Convención de Ginebra.

En Estados Unidos los servicios de inteligencia tienen un programa de escuchas telefónicas sin autorización de la Justicia, el Gobierno espía gran parte de las transacciones bancarias internacionales y la severidad de los servicios de inmigración golpean al ya perjudicado sector turístico.

El presidente George W. Bush fustiga a la prensa que revela tales medidas y repite que son indispensables para impedir que el fantasma de Al Qaeda dañe la seguridad de los ciudadanos estadounidenses.

 

«Nuestra única seguridad, está en el mundo de las ideas»

Varios senadores, incluidos algunos de los más influyentes de la mayoría republicana, han manifestado serias reservas al respecto, especialmente debido a los argumentos presentados por altos responsables militares y diplomáticos estadounidenses sobre las consecuencias que tales medidas podrían tener en la imagen del país.

«Debemos mantenernos como un país superior y diferente de nuestros enemigos», subrayó en julio John McCain, probable candidato del Partido Republicano en la próxima carrera por la Casa Blanca.

«Nuestra mejor seguridad, en definitiva nuestra única seguridad, está en el mundo de las ideas», aseguró en agosto Anthony Kennedy, un juez conservador de la Corte Suprema cuyo voto definió la decisión sobre los tribunales de Guantánamo.

Un estudio, elaborado por el independiente Centro de Investigaciones Pew para la Población y la Prensa, concluyó que los simpatizantes del gobernante Partido Republicano siguen siendo más partidarios de las ofensivas militares en el exterior que los del opositor Partido Demócrata y los independientes, los cuales creen que Estados Unidos ha perdido respeto en el mundo durante los últimos años.

La divulgación del estudio coincidió con la de una encuesta presentada por la cadena televisiva de noticias CNN, que reveló un creciente escepticismo sobre las afirmaciones de la administración Bush de que Estados Unidos está logrando progresos en Irak y de que la ocupación de ese país tiene que ver con una «guerra mundial contra el terrorismo».

Sólo uno de cuatro consultados en esta encuesta, elaborada entre el 30 de agosto y el 2 de setiembre, dijeron creer que Washington y sus aliados ganarían esa guerra, contra 13% que afirmaron que los insurgentes iraquíes estaban prevaleciendo, y 62% que sostuvieron que el conflicto estaba estancado.

A pesar de las repetidas y cada vez más frecuentes declaraciones de Bush de que la guerra en Irak se convirtió en el «frente central» de la «guerra contra el terrorismo», 53% de los consultados opinaron que se trataba de una «acción militar completamente separada» de la campaña internacional contra las redes terroristas. 45% de los encuestados dijeron creer que la forma más efectiva para reducir la amenaza de ataques terroristas en Estados Unidos era «disminuir» en vez de «incrementar» la presencia militar en el exterior.

El Centro Pew indicó que los resultados de la encuesta revelan un «cambio total» de la opinión pública respecto del primer aniversario de los atentados en Nueva York y Washington.

Por entonces, 48% de los consultados dijeron que las operaciones militares eran la mejor forma de protegerse ante futuros ataques, mientras que 29% sostenían que había que reducir esas intervenciones.

El aumento de lo que algunos califica
ron de sentimiento «aislacionista» se reflejó también en otra encuesta realizada por Pew y el Consejo de Relaciones Exteriores en noviembre de 2005. 42% de los consultados sostuvieron que Washington debía «preocuparse de sus propios asuntos y dejar a otros países que hagan lo mejor que puedan con los suyos», contra 30% que habían tomado esa posición en diciembre de 2002.

Demócratas e independientes responden por gran parte de estos cambios. En el verano boreal de 2002, por ejemplo, la mayoría favorecía un aumento de la presencia militar en el exterior.

Ahora apoyan la disminución de las operaciones en el exterior por un margen de tres a uno.

 

Las consecuencias de la caja de Pandora

Cinco años después «La coalición mundial nacida el 11 de setiembre está derrumbándose y necesita urgentemente ser consolidada», aseguró Julianne Smith del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales con sede en Washington.

Smith y otros expertos estiman que la decisión del gobierno estadounidense de ver su política exterior esencialmente a través del prisma de la guerra contra el terrorismo ha llevado a una serie de acciones precipitadas y agresivas.

«El resultado de esto no es solamente la inestabilidad y la violencia en Irak, sino también la radicalización de los grupos islámicos y el fortalecimiento de Irán», concluyó Julianne Smith.

«Con la guerra contra el terrorismo, la guerra en Irak y la invasión de Afganistán, el presidente y su gobierno se propusieron reformar todo Medio Oriente», señala Jon Wolfstahl, experto sobre Irán y la no proliferación nuclear del centro.

«Esto abrió una caja de Pandora y ahora vemos las consecuencias (…) el precio del petróleo en alza, la inestabilidad e Irán que se aferra a su programa nuclear más que nunca», afirmó el analista.

Hoy, a pocas semanas de la renovación del Congreso, los sondeos indican que los estadounidenses ya no creen tan firmemente que la amenaza terrorista deba hacer olvidar los demás temas. El resultado mostrará a quien le creen los votantes. *

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