El nazismo al acecho

El presidente Thomas Klestil encomendó la formación de gobierno a una coalición del Partido Popular (OVP, conservador socialcristiano, de derecha, integrante del Partido Popular Europeo en el Parlamento de Estrasburgo) y el Partido Liberal, o Alianza Liberal (FPO, de extrema derecha). El nuevo gabinete tomó posesión ayer, en medio de protestas de sectores democráticos.

Ambos partidos reúnen 104 bancas (52 cada uno) en el Consejo Nacional (Parlamento) de 183 escaños, renovado el pasado 3 de octubre. Los socialistas del SPO liderados por el anterior primer ministro Viktor Klima, tras la peor votación de posguerra quedaron reducidos a 65 escaños (que se suman a los 14 de los Verdes, die Grünen) y por primera vez están fuera del gobierno que vienen ejerciendo desde hace 30 años.

El conservador OVP está dirigido por Wolfgang Schuessel, que pasó a ser primer ministro, y al mismo pertenece el presidente Klestil, electo en mayo de 1992 cuando Kurt Waldeheim, ex secretario general de la ONU, renunció a presentarse a la reelección al revelarse su pasada connivencia con el nazismo.

Un camaleón admirador de las SS

Haider lidera un partido nazi puro y duro, por más que realice actualmente una campaña sistemática para camuflar los aspectos más repulsivos de su ideología. Lo que le ha valido el calificativo de camaleón político. Si para Enrique IV París bien valía una misa, Heider se muestra dispuesto a renegar (de palabra) de sus afirmaciones directamente fascistas con tal de llegar a adueñarse del poder en Viena, según un plan meticulosamente trazado.

El plan consiste en capturar ahora para su partido el estratégico ministerio de Finanzas y Asuntos Sociales, mientras él sigue desempeñando la gobernación de la meridional provincia de Carintia, base de su progresión electoral. En una segunda etapa aspirará directamente al cargo de primer ministro.

La base del plan consiste en tapar el origen del Partido Liberal FPO. Este se fundó en 1956 con militantes pronazis y luchaba por la rehabilitación de los ex nazis. Friedrich Peter, líder del movimiento hasta 1978, integró la división Totenkopf (Cabeza de Muerto), la más sanguinaria de las Waffen SS.

Haider tomó por asalto el liderazgo en 1986. Pero no para cambiar la orientación sino para proseguir en la línea de los elogios a Hitler (por la forma en que había abordado el problema de la desocupación, en particular) y a las SS. A punto tal que, habiendo sido electo gobernador de Carintia en 1991, fue cesado en junio de ese año por su prédica en favor del Tercer Reich.

Pero siguió en el mismo trillo. Las sucesivas elecciones en la década de los 90 fueron mostrando un continuo ascenso del FPO (salvo una pequeña muesca en 1995), correlativo a un descenso de los socialistas, mientras los conservadores perdían posiciones pero seguían en su papel de partido bisagra. En las municipales de noviembre de 1991 el FPO, que había comenzado con el 5% de votos, alcanzó 22.6% y pasó a ser el segundo partido en Viena detrás de los socialistas. En 1994, en las regionales de marzo y las legislativas de octubre, el FPO superó el 23%, mientras los socialistas caían 7% y los conservadores 4%, quedando en 285. E FPO empató con los socialistas en las elecciones al Parlamento Europeo de junio de 1996, y en las provinciales de octubre ganó 7 bancas en la capital mientras el Partido Socialista perdía 10 cargos y la mayoría absoluta en la que otrora se llamaba Viena la roja, y también los conservadores resignaban posiciones.

El mismo método de Hitler

Esta progresión casi constante del FPO en la década se logró sobre la base de agitar los temas de los extranjeros y de la desocupación. Con una xenofobia desenfrenada, atribuyó a los extranjeros el aumento de la desocupación y de la criminalidad. En la última campaña electoral levantó la consigna de Inmigración Cero, y la mantiene hasta ahora.

O sea, siguió exactamente los pasos que jalonaron el acceso de Hitler al poder. Recuérdese la advertencia de Dimitrov sobre la prédica demagógica de los nazis dirigida a los desocupados.

El odio al extranjero: una anécdota

Respecto a la campaña xenófoba, vale el episodio que presencié a mediados de 1999 en la estación Süd Bahnhof de Viena.

En una cola para el cambio de moneda tenía detrás de mí una muchacha y un muchacho negros.

Llegó luego un austríaco, que no se colocó en la cola sino a mi lado, con intención manifiesta de pasar primero. Me opuse en actitud y en palabras, indicándole dónde estaba su lugar. Me miró con indiferencia despreciativa, y más aún a quienes estaban detrás de mí. Cambié, pero de inmediato ocupó la ventanilla el austríaco, mientras los dos negros esperaban con resignada paciencia.

Gran parte de la población austríaca, los mismos que ahora sostienen que «hay que darle una oportunidad a Haider, aunque sea breve» (lo mismo se decía respecto a Hitler previo al 31 de enero de 1933) no tienen inconveniente en que vengan los negros y los turcos a hacer el trabajo sucio percibiendo salarios miserables, pero se niegan a que tengan derecho alguno. El veneno racista está incrustado en esa sociedad. Haider explota también la repartija de los cargos de poder entre los socialistas y los conservadores (más allá de que éstos sean sus actuales socios), lo que se denomina la Proporz (reparto «proporcional»). Asimismo, las amenazas y sanciones por parte de la UE le sirven para exacerbar el nacionalismo de derecha.

La perra en celo

En las elecciones del pasado 24 de octubre en Suiza, la ultraderechista Unión Democracia de Centro (UDC) obtuvo la mayor votación, sobrepasando a socialistas, radicales y democristianos. En Francia, Le Pen mantiene posiciones en el sur y reúne alrededor del 15% del electorado. Algo similar ocurre en Italia con la neofascista Alianza Nacional de Gianfranco Fini, en Noruega con el Partido del Progreso de Carl Hagen (hoy segunda fuerza) y en Flandes con el Vlaams Blok de Filip Dewinter.

Hay que abrir bien los ojos. «Aunque el mundo se alzó y detuvo al bastardo, la perra que lo parió está otra vez en celo», advertía Brecht en «La resistible ascensión de Arturo Ui».

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