El segundo frente israelí
EL LÃBANO pasó a primer plano en la estrategia israelí, y en contra de la resolución 1701 adoptada el 14 de agosto por la ONU mantiene el bloqueo marítimo y aéreo del país (incluso está bloqueado el aeropuerto de Beirut) y buena parte de los 30 mil hombres que introdujo en el sur en vísperas de la tregua siguen concentrados en nueve puntos del territorio, mientras están llegando tropas de Francia e Italia para reforzar la Finul. Pero esto no significa que Israel descuide su otro frente: la guerra contra los palestinos. La semana pasada ha sido particularmente sangrienta.
Una prolongada incursión del ejército israelí en el barrio de Chujaiya, al este de la ciudad de Gaza, iniciada el 26 de agosto arrojó 19 muertos, y en un solo día segaron la vida de una decena de palestinos con disparos de ametralladoras pesadas de sus blindados. Hubo muertes en incursiones en otros puntos y falleció un jefe de la Yihad islámica, herido en Cisjordania, habiéndose registrado antes irrupciones mortales en campamentos de refugiados. Según comunicados oficiales, los militares israelíes han matado al menos 204 palestinos desde el 28 de junio, cuando lanzaron un ataque concentrado contra la franja de Gaza para ubicar al cabo Gilad Shalit, capturado. Se operó una sucesión de asesinatos colectivos y selectivos, como entre estos últimos los que ultimaron antes al jeque Yassin, jefe de Hamas, y luego a su sucesor Rantissi.
A esto se agrega el secuestro perpetrado impunemente por Israel de buena parte del gobierno palestino, cuyos miembros están recluidos en cárceles israelíes. Un operativo comando el 29 de junio en Cisjordania detuvo a 64 miembros del gobierno integrantes de Hamas, incluidos ocho ministros, 26 diputados y decenas de alcaldes, en un acto sin precedentes repudiado mundialmente, no obstante lo cual fue seguido por el secuestro («kidnapping») en agosto del presidente del parlamento palestino, del secretario general del mismo y del viceprimer ministro y ministro de Educación (véase mi nota del 29 de agosto, «Historia de tres secuestros»).
Según el diario Yediot Aharonot estarían en curso negociaciones, con mediación de Egipto, para entregar a Gilad Shalit a cambio de liberar a mujeres y niños palestinos encarcelados en Israel en número de cientos. El gobierno de Tel Aviv desmintió toda negociación. Fuentes próximas al mismo señalaron que en ningún caso sería liberado Marwan Barghuthi, líder reconocido del Fatah en Cisjordania.
En su gira por la región Kofi Annan reclamó el cese del bloqueo al Líbano, en momentos en que llegan los primeros contingentes de los 2000 soldados de Francia y de los 2450 de Italia.
En otras notas me referí a filmaciones de las terribles destrucciones en Beirut, que redujeron a polvo zonas enteras de la capital. Ahora voy a describir lo que vi días pasados por la TV francesa sobre la ocupación israelí que se mantiene en el sur del Líbano. En la población de Mayada volvieron a irrumpir los blindados israelíes, en un cuadro de destrucción total y viviendas arrasadas. Cerca de la histórica ciudad de Tiro, a 10 kms de la frontera, flota la bandera de Israel. «¿Qué hacen aquí? Deben irse», dicen libaneses interrogados. En otra localidad próxima los tanques israelíes pasaron sobre los campos, destruyendo los sembrados. En la zona no hay combatientes libaneses, hay sí cascos azules, pero éstos no pudieron evitar las depredaciones. Reservistas israelíes consultados expresan su cólera contra el gobierno por la desorganización imperante en las operaciones. Se afirma que 2/3 de los israelíes reclaman la renuncia de Ehud Olmert, y que éste nombró una Comisión investigadora que es una farsa, porque todos los integrantes son amigos suyos. (Cabe agregar que el propio primer ministro es acusado de delitos económicos, el general Halutz de haber vendido todos sus paquetes de acciones en vísperas de la ofensiva militar, el presidente Moshe Katzav de violación y el ministro de Justicia dimitió por denuncias de acoso sexual a una menor. Uno de los temas a debate es el uso de bombas de racimo, como veremos).
Otras tomas muestran las destrucciones en una escuela del Líbano, en medio de una zona bombardeada. Está en ruinas, no hay agua ni electricidad. Los soldados israelíes que la ocuparon dejaron todo revuelto, los bancos por el suelo, la ropa sucia tirada. Después muestran a un comandante israelí en los altos del Golán, frontera con Siria, diciendo que nunca se van a retirar de allí.
Lo que nos devuelve a la vida es, otra vez, la exhibición de la orquesta de Daniel Barenboim, ahora ejecutando la Oda a la Alegría en Berlín, antes de culminar su gira en la Scala de Milán. *
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